| Vicente Fox gobernó un país que vive la larga siesta de su alternancia política. A pesar de las convulsiones y los nubarrones de final de sexenio, para la revista The Economist "México da toda la impresión de estar dormido mientras el mundo cambia a su alrededor". Ahora que el sexenio llega a su fin, se fortalece la idea de que la mayor hazaña de Fox fue ganar la Presidencia y que no hizo nada más importante en sus seis años de gobierno. Una extraña mezcla de percepciones negativas e inercias del viejo régimen llegan puntuales a la cita de un conflictivo final de gobierno. Un país crispado es el signo sustantivo de estos tiempos. El balance es complicado. Se presume con orgullo las cifras de la estabilidad económica, las altas reservas, la baja inflación y la construcción de vivienda, pero los indicadores sociales no dejan de ser preocupantes: una pobreza que no disminuye, la distribución de la riqueza que no mejora, la migración a Estados Unidos más alta que nunca y un crecimiento de la economía muy por debajo de las necesidades del país. Muchos indicadores negativos se pueden criticar, como el gigantismo burocrático y sus enormes efectos en el presupuesto, junto con la pesada carga de las pensiones. Al mismo tiempo, se tendrá que señalar el retroceso como país en índices internacionales, como los de productividad y competitividad económica, en los que México ha empeorado; las mediciones de Transparencia Internacional también muestran malos lugares y estancamiento; el desarrollo de la inversión en ciencia y tecnología no mejoró y el desempeño de la educación básica queda en los últimos lugares de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). Las páginas de buen gobierno que ha escrito esta administración tienen su versión de la historia, sobre todo en dos asuntos que se presumen frecuentemente, la transparencia y la libertad de expresión. Pero la ruta del desencanto democrático que ha dejado el proceso electoral de 2006 desdibuja cualquier optimismo. Las nuevas instituciones fueron pocas, como el Instituto Federal de Acceso a la Información Pública (IFAI), que necesitará un largo trayecto para consolidarse. El problema de la libertad de expresión, entendida como libertad de prensa, se ha modificado; quizá ya no operan los mecanismos de control y compra del pasado, pero la profesión se ha vuelto muy peligrosa, sobre todo por la descomposición de la seguridad pública. Por otro lado, la relación del gobierno con los medios electrónicos no ha dejado una experiencia positiva, porque han privado los intereses de las grandes empresas y el Estado ha quedado subordinado a los grandes intereses con una regulación débil y reglas poco transparentes frente a los concesionarios. La relación con el Poder Legislativo ha sido conflictiva: dos viajes cancelados, varios presupuestos modificados, controversias constitucionales y una pesada carga de reclamos, hasta llegar al sexto Informe de Gobierno, que sólo pudo ser entregado a las puertas del Palacio Legislativo. La división de los poderes desarrolló un fuerte enfrentamiento entre Ejecutivo y Legislativo; se movió el centro de las decisiones hacia un gobierno dividido, pero fallaron las estrategias de negociación y los incentivos para cooperar entre gobierno y oposición. La administración foxista tuvo enfrente a dos legislaturas con distintas composiciones, pero ambas con resultados negativos, sobre todo si se contrastan las ofertas con los resultados. Una de las grandes discordias fue la reforma fiscal al IVA en alimentos y medicinas (dos veces rechazada); sin embargo, hay cálculos que indican que con el aumento de precios del petróleo se han tenido prácticamente el doble de recursos y los resultados no han significado esa palanca de desarrollo que anunció este gobierno. Sin duda, el cuadro más complicado de este gobierno se ubica en la parte política. En el absurdo esfuerzo de Fox por sacar de la jugada a López Obrador, primero con la operación del desafuero, una batalla ridícula, escudada en la legalidad, que representó una doble derrota, porque el Presidente tuvo que rectificar, y porque evidenció una acción completamente antidemocrática para un gobierno y un Presidente que llegaron con esa bandera al poder. Luego vino la campaña electoral de 2006, y prácticamente durante todo el proceso hubo un intervencionismo excesivo del Presidente. A tal grado que Fox presume de haber "ganado" dos elecciones. Los grandes proyectos del sexenio han terminado mal. Primero la reforma del Estado que simplemente quedó archivada; luego el aeropuerto en Texcoco, que se detuvo en agosto de 2002. El acuerdo migratorio que no prosperó por los ataques del 11 de septiembre, lo cual modificó la política exterior con Estados Unidos y dejó a México descolocado en el escenario. A lo que se pueden sumar las malas relaciones con Cuba y Venezuela. Las huellas y las marcas del sexenio quedan en imágenes de un presidente que tuvo altos niveles de aceptación, Fox ha sido popular. Sin embargo, este presidente deja muchos hilos sueltos. Desde los terribles efectos de narcotráfico que gana territorios y reproduce un clima de terror, de la frontera norte se ha extendido a Michoacán y Guerrero, pasando por el consumo interno de drogas que crece de forma impresionante, hasta las fuerzas del orden se ven rebasadas, corrompidas o simplemente aniquiladas. Una de las paradojas del foxismo es, sin duda, su reacomodo con las viejas estructuras del corporativismo; Víctor Flores y Elba Esther Gordillo pasarán como una herencia emblemática de aliados al siguiente gobierno, lo cual desdibuja por completo al panismo como una alternativa de gobierno frente al viejo PRI. El terrible caso de Oaxaca, conflicto que también se heredará al próximo gobierno, como un expediente de abandono e incapacidad. Quizá el pragmatismo gubernamental de estos tiempos sea: se pueden podrir los conflictos regionales, siempre y cuando no afecten a los mercados. El 1 de diciembre sintetizará los agravios de un largo enfrentamiento, los desencuentros y los fracasos de una política de cambio que no llegó. Simbólicamente, en este final del foxismo, la política quedará cercada por un operativo policiaco en San Lázaro. Investigador del CIESAS |