| Lo que hemos vivido en los últimos cuatro meses es una auténtica batalla campal de todos contra todos. El discurso se ha vuelto cada día más ofensivo y parece que el único objetivo de la clase política es destruirse mutuamente. En estos momentos, en que la única alternativa para resolver los problemas de crecimiento económico, empleo y pobreza es el diálogo, parece que al gobierno federal, a los partidos políticos, y a la mayoría de los legisladores, lo único que les interesa es continuar con el enfrentamiento y las descalificaciones, sin importar que éstos afecten al país, y en especial a la población más marginada. El presidente Fox está más preocupado por mejorar su imagen en las encuestas que por facilitarle el camino a Felipe Calderón. El PRI, que podría ser un factor clave para la gobernabilidad del país, sólo está preocupado por sacar raja política del conflicto. Los partidos pequeños están demostrando que su presencia no contribuye prácticamente en nada a los acuerdos políticos nacionales. El PRD está decidido a sabotear al próximo gobierno, sin importar lo que esto afecte a la población y al país. La dirigencia del PAN está más preocupada por garantizarse espacios en el futuro que por apoyar en forma incondicional al gobierno. Y el Congreso y los legisladores, que deberían ser un espacio independiente de diálogo y acuerdos, están secuestrados por los intereses de los partidos y el gobierno. La situación en Oaxaca, después de la necesaria intervención de la PFP, se ha complicado, y está fuera del alcance de los actuales gobiernos federal y local. La solución no se va a dar a través del uso de la fuerza y tiene que partir de una negociación política entre el nuevo gobierno federal y el PRI. La salida de Ulises Ruiz es indispensable para abrir espacio a un acuerdo político. El problema en Oaxaca es consecuencia de una inconformidad social legítima y debería estar más allá de la lucha partidista, no es ético convertirlo en botín de algún partido. López Obrador está decidido a sabotear el gobierno de Felipe Calderón y no le importa llevarse al país y al PRD entre las patas. Inventó un fraude electoral que no existió y ha querido construir un presidente, un gabinete y un gobierno alterno que la gran mayoría de los mexicanos rechazan. El PRD es la segunda fuerza nacional, y su responsabilidad ante la nación es impulsar una agenda propia, no sabotear al gobierno. Hacerse a un lado de las negociaciones con el gobierno, y apostar todo a un presidente "sombra" no sólo va a reducir sus posibilidades electorales, sino va a provocar un rechazo creciente entre la población al convertirse en el principal enemigo del desarrollo y la estabilidad nacional. No puede, el futuro de un partido, de la izquierda, y del país, estar supeditado a los intereses políticos de una persona. La toma de posesión de Felipe Calderón es un acto que puede afectar severamente la imagen de México. Felipe Calderón va a ser legítimo presidente de la República a partir del 1 de diciembre, hagan o no escándalo en su toma de posesión, pero un nuevo enfrentamiento en el Congreso frente a jefes de Estado de varios países va a afectar severamente la imagen de México a nivel internacional. Si nos preocupa el futuro del país y la pobreza que enfrenta la mayoría de la población no podemos apostarle al fracaso del nuevo gobierno. Debemos exigir un Estado con mayor compromiso social, pero la forma de lograrlo no es saboteando al gobierno. Aquellos que estamos comprometidos con México tenemos que dejar de lado a los radicales y sentarnos a dialogar y buscar acuerdos en beneficio del país y de los que menos tienen. demetriosodi@hotmail.com Analista político |