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    EU hacia el centro
Jesús Reyes-Heroles G.G.
10 de noviembre de 2006

Las elecciones del martes 7 de noviembre en Estados Unidos de América (EU) constituyen uno de los eventos recientes más importantes que incidirán en el futuro del orden político internacional. Se trata de un cambio profundo y trascendente de la visión política del pueblo estadounidense y, por tanto, del gobierno del país más poderoso del mundo. La renovación toca sus principios, convicciones y posicionamiento en el nuevo contexto internacional.

Cambios con estos alcances no son frecuentes, por lo que marcan puntos de inflexión en la vida política y definen ciclos en la historia de las naciones.

El resultado de esta elección es particularmente relevante pues se da en el contexto de una grave división entre los estadounidenses. El triunfo de George W. Bush sobre Al Gore, en la elección de noviembre de 2000, dejó muy claro el gran peso de valores conservadores sobre el electorado estadounidense. Esto no debe sorprender, pues ha sido una constante en las visiones políticas de ese pueblo.

La elección presidencial de 2004 confirmó la vigencia plena de esos principios conservadores entre múltiples grupos de esa sociedad, acompañados de un "patrioterismo" muy arraigado, que fue alentado por la pifia en Irak, si bien todavía entonces contrarrestó las grandes dudas de los estadounidenses sobre esa injustificada e inefectiva intervención militar. La elección de ayer aclaró la situación de todo esto.

El electorado sancionó severamente a la administración del presidente Bush debido a diversas causas, entre las que destacan el conflicto en Irak, la naturaleza de la lucha contra el terrorismo y su afectación de derechos individuales, la falta de respuesta al devastador impacto del huracán Katrina, la inefectividad en el esfuerzo por reducir el déficit fiscal estadounidense, y diversos escándalos en torno a la administración Bush. El buen desempeño actual de la economía estadounidense y su impacto favorable sobre el elector, fue insuficiente para contrarrestar todos esos elementos de insatisfacción.

A pesar de lo anterior, sería erróneo interpretar el triunfo de los demócratas como un giro de la visión política dominante en ese país. La victoria respondió más a errores de los republicanos que a aciertos de los demócratas. Ganó una fuerza demócrata renovada, que se corrió hacia valores más conservadores, para obtener el voto. No se trata de un reflejo de una actitud más progresista. Por ejemplo, una propuesta para permitir a las autoridades locales otorgar licencias para que las tiendas de alimentos vendieran vino en Massachussets, fue rechazada. En ocho estados donde se presentaron propuestas para autorizar la figura de "sociedades de convivencia", ahora en discusión en el Distrito Federal, no fueron aceptadas. En Arizona se acaba de aprobar que los hijos de trabajadores indocumentados no reciban atención médica del Medicare durante el nacimiento y después.

El triunfo en California del gobernador Arnold Schwarzenegger, de visita en México, es un indicador claro de la reafirmación de valores conservadores en uno de los estados más progresistas de EU.

Con una perspectiva de mediano plazo, ¿qué significa esta ratificación de valores conservadores con una nueva cara? ¿En qué medida este nuevo espacio de "centro político" en EU sanará las heridas y rencores que el asunto Irak ha dejado entre la ciudadanía de ese país? Por último, ¿en qué grado este nuevo movimiento de centro se traducirá en un cambio perceptible de la política exterior de Estados Unidos hacia el resto del mundo, incluyendo México? El evidente rechazo al manejo de Irak no significa que los estadounidenses se sientan seguros en cuanto a la amenaza de futuros ataques terroristas. La oposición mayoritaria a la administración Bush en ese tema no significa que también se dé en materia de seguridad interior y migración.

¿Será posible que la administración Bush avance en la corrección de los desequilibrios gemelos (fiscal y externo) con un congreso controlado por los demócratas, como lo hizo la mancuerna Clinton-Rubin con un congreso republicano?

Las implicaciones de todo esto para la relación de EU con México están por definirse. Sería un error apresurarse a aventurarlas ahora. Como persona, ningún presidente estadounidense inició su mandato con una actitud tan positiva hacia México como lo hizo George W. Bush que, incluso, señaló la relación bilateral como la primera prioridad de la política exterior de Estados Unidos al inicio de su administración.

Quedan dos años para recuperar algo de esa buena disposición y, al mismo tiempo, compenetrarse de las implicaciones profundas del resultado electoral de esta semana. No es prudente anticipar lo que sucederá en la elección presidencial de 2008 en EU. En lo inmediato, lo que procede es recuperar atención e interés de los estadounidenses en los asuntos que son importantes para México, y formular aquí propuestas viables, capaces de evitar más desencuentros con EU en esta difícil coyuntura política en ambos países.

Es tiempo de retomar los aspectos fundamentales de la relación bilateral. Para Estados Unidos el objetivo estratégico de la relación con México es tener un vecino pacífico y estable, lo que sólo se logrará si México prospera con celeridad. Para México, el objetivo estratégico es reducir su vulnerabilidad respecto de EU, por medio de acelerar su desarrollo, con base en aprovechar las ventajas que representa la vecindad con la economía más poderosa del mundo. Los resultados de la elección estadounidense del martes no modifican esos objetivos estratégicos, ni el interés coincidente en acelerar el crecimiento y desarrollo de México. Sin embargo, sí cambian el peso relativo de los interlocutores en Estados Unidos y, a partir del primero de diciembre, también en México. Está en el interés de ambos países que se identifiquen y vinculen de inmediato.

jreyes@structura.com.mx

Economista

 
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PERFIL
 
Cofundador y presidente ejecutivo del Grupo de Economistas y Asociados (GEA), firma consultora dedicada al análisis político y económico. Entre su extensa carrera política se cuentan los siguientes cargos: embajador de México en Estados Unidos (1997-2000) y secretario de Energía durante el sexenio de Ernesto Zedillo, director general de Banobras (1994), jefe de asesores en la Secretaría de Relaciones Exteriores (1989-90) y director general de Planeación Hacendaria (1983-88). Es doctor en Economía por el Massachusetts Institute of Technology (MIT).
 
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