| El concepto "vacío de poder" ha vuelto a estar en boca de la política, a partir de los más recientes bombazos ocurridos en la ciudad de México y atizado por el conflicto oaxaqueño. Mariano Palacios, presidente nacional del PRI, asegura que hay un vacío de poder, y que Vicente Fox es el responsable directo de ello. La casa presidencial responde, a través de su vocero Rubén Aguilar, aclarándole a Palacios, y al país, que no hay vacío de poder en México, que existe plena gobernabilidad y paz en la nación, a excepción de algunos connatos aislados de fricción entre grupos o intereses. Creo que ambos están equivocados, porque no saben, a ciencia cierta, qué es un "vacío de poder". Palacios habla de algo para ofender al poder, mientras que la Presidencia lo defiende. Pero esa no es la discusión. La discusión gira en torno a un fenómeno mucho más profundo y complejo, no en torno a las esgrimas verbales de intereses políticos del día a día. El vacío de poder que padece México proviene de su orden constitucional y legal. ¿Nos hemos preguntado, o se han preguntado los legisladores federales, por qué los países establecen una transición rápida y ágil entre gobiernos entrantes y salientes? En Gran Bretaña es de días, al igual que en España, mientras que en Estados Unidos es de dos meses y medio, en Brasil es de un mes y medio, en Chile de un mes. En México la transición entre el gobierno saliente y el entrante es de cinco largos meses, tiempo suficiente para crear una revuelta, atestiguar el asesinato de varios dirigentes políticos, hacer crecer la guerra entre el Estado y el narco, o ver el nacimiento de grupos guerrilleros. El vacío de poder que vive México no proviene, estrictamente hablando, de la Presidencia o el PRI, sino de la idea de una larga transición entre gobiernos, donde unos no han dejado el poder, y otros no lo han asumido aún. Ese interregno periodo en el que los amarres políticos y sociales tienden a descomponerse, es el más visible ejemplo de un vacío de poder. Incluso, en ese contexto de interregno político, tanto el PRI como la Presidencia pueden ser plenos acompañantes en la descomposición política del país. Es curioso, por decir lo menos, escuchar al presidente nacional del PRI hablar de vacío de poder cuando su partido es el ejemplo más vivo del fenómeno en su propio interior. Como sabemos, el affaire oaxaqueño es un profundo conflicto interpriísta. La razón por la que Ulises Ruíz no renuncia es porque los priístas no se ponen de acuerdo en quién sería su sucesor. El PRI no tiene líder nacional y, hoy por hoy, está compuesto por múltiples fuerzas caciquiles locales. Hablar de un vacío de poder a nivel nacional, cuando en realidad es lo que se padece interiormente equivale a lo que los psicoanalistas llaman "identificación proyectiva" o lo que el pueblo conoce como "el burro hablando de orejas". Los grupos guerrilleros también actúan en este contexto. Es por ello que quienes descalifican a los bombazos como un "plan de derecha" contra AMLO lo hacen o carentes de toda información o simplemente lanzan una cortina de humo para encubrir las verdaderas razones de su quehacer político. Las bombas son reales, como los grupos que las lanzaron. Dentro del movimiento guerrillero mexicano existen múltiples interpretaciones de la realidad, y de su particular razón de ser. En el caso de Oaxaca se ha llegado al extremo de llevar a cabo ejecuciones entre ellos mismos, acusándose de traiciones, como fue el caso de los hermanos Cortés. Sus discrepancias son vivas y reales. Hoy debaten sí ha llegado el momento de actuar, el momento para la lucha armada abierta. Hay quienes alegan que aún están en fase de "acumulación de fuerzas" a nivel popular, y hay otros que alegan que las masas están sensibilizadas y hay que dar el ejemplo para demostrarle al pueblo que la toma violenta del poder en México es un objetivo alcanzable. El "efecto-demostración", dirían algunos. El EZLN, curiosamente, ha perdido mucha credibilidad en este debate intramuros de los grupos guerrilleros. Las bombas provienen de quienes opinan que es hora de actuar. No lo dicen así, pero ese es el mensaje de sus acciones. El vacío de poder crea el terreno fértil para todo esto. Pero es un vacío creado por el marco institucional del país. Es casi como sí quisiéramos hacernos daño deliberadamente. La larga transición es una agresión al país, y urge cambiar ese marco legal. Pero, al mismo tiempo, las fuerzas políticas tienen la obligación de asumir esta realidad, y actuar con responsabilidad y grandeza en tiempos notablemente difíciles. La moderación y la disposición a realizar pactos políticos serios es la llamada de atención en este preciso momento. ricardopascoe@hotmail.com Analista político |