| Entre los párrafos del dictamen del Senado sobre el gobernador Ulises Ruiz de Oaxaca se destaca: "Resulta insoslayable que existen condiciones graves de inestabilidad e ingobernabilidad en el estado de Oaxaca, que se ha trastocado seriamente el orden jurídico y la paz social. De tal situación son responsables, por un lado, el gobierno del estado. y, por la otra, los grupos y organizaciones populares inconformes" (Dictamen de la Comisión de Gobernación del Senado, martes 31 de octubre, 2006). En estos trances del siglo XXI se prolongan las tendencias del anarquismo mexicano del siglo XIX. El régimen de Porfirio Díaz, gracias a sus tempranos triunfos, actuó como filtro contra la transmisión directa que han hecho los poderosos que se aprovecharon de los más necesitados. Los de abajo no quieren a los de arriba (Liber Terán, revista Día Siete, EL UNIVERSAL, noviembre 5, 2006). Es interesante hacer notar que muchas ideas, por ejemplo sobre la eliminación de los capitalistas de la propiedad rural, sobre la distribución de la tierra agraria y sobre los desarrollos de los bancos agrarios, inspiraron a la primera organización poderosa que se desarrolló alrededor del Partido Liberal. Ricardo Flores Magón leyó a temprana edad a Kropotkin y recibió una fuerte influencia de él. Siendo estudiante en la ciudad de México, empezó abiertamente su línea política anarquista hacia 1906. "El Partido Liberal era realmente un grupo de resistencia revolucionaria contra Porfirio Díaz y no un grupo dedicado a las actividades normalmente atribuidas a los partidos políticos. El movimiento anarquista del siglo XX con sus antecedentes del siglo XIX. era un programa tradicional anarquista: derrocar y desmembrar el gobierno nacional, descentralizar el poder político, la organización colectiva de la economía urbana y el establecimiento de comunas agrarias. Fueron las organizaciones magonistas las que entraron en Cananea y ayudaron a dirigir la famosa y violenta huelga que produjo la caída del gobierno" (v. ps. 155 y 156, Los anarquistas mexicanos, 1860-1900, John M. Hart, Secretaría de Educación Pública, 1974). Nos encontramos, pues, frente a una repetición de los viejos problemas de la nación mexicana. El poder de los dineros, el acaparamiento de la propiedad de los medios de producción, el fomento artificial de las necesidades de la tecnología y la publicidad, siguen privando a las grandes mayorías nacionales de la seguridad por el porvenir. De una parte, pues, los partidos políticos, los políticos de los puestos públicos asociados y los capitalistas controlan la publicidad masiva y quieren imponerse a una nueva sociedad mexicana que crece en la inconformidad y en decisiones como las de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO). La Policía Federal Preventiva (PFP) es una fuerza sujeta a los excesos del poder de los gobiernos, en una especie de tradición que se ha heredado en el estilo político del partido en el poder. El "régimen del cambio" que agoniza en estos días ha mostrado incompetencia para desarrollar un programa que estimule al desarrollo de las comunidades. Otra vez oímos, pues, el grito de las mayorías desprotegidas: "Un pueblo unido jamás será vencido". La opinión pública no envuelta en las servidumbres del capitalismo y de la política puede observar que la APPO es solamente una manifestación avanzada que tiene raíces de varios siglos, porque esas mismas sociedades populares se han estado formando y trabajan en forma paralela en varios estados de la República. La Constitución y las leyes se convierten en una daga que cercena los cuellos de las grandes mayorías empobrecidas. El diálogo no es un mero esfuerzo demagógico, sino una vía que nos concilia en la reforma de las leyes y en la atención del desarrollo de la nación. jodeortiz@netra.net Escritor |