| No recuerdo ningún arranque sexenal tan difícil como el que va a enfrentar Felipe Calderón como presidente de la República a partir del próximo 1 de diciembre. Vicente Fox no cumplió con una de las principales responsabilidades del Presidente saliente: entregar el país en paz y en calma. México no está en calma, y cualquier problema, por pequeño que sea, parece que puede explotar en cualquier momento. Hace muchos años que no vivíamos una polarización política y social como la que estamos enfrentando. Hace mucho que no había tanto rencor en diversos grupos políticos y sociales. La apuesta de muchos de ellos es al fracaso del nuevo gobierno, sin importar lo que esto afecte a la gran mayoría de la población. López Obrador le apuesta al fracaso del nuevo gobierno, y va a aprovechar el descontento y cualquier error para buscar la desestabilización del país y hacerse de una legitimidad de la cual carece. Felipe Calderón se enfrentará a un Congreso dividido y a partidos de oposición más preocupados por recuperar su fuerza electoral que por llegar a acuerdos en beneficio del país. Las luchas al interior del PRI y PRD por el control del partido van a dificultar el diálogo y los acuerdos políticos. No va a ser fácil sacar adelante reformas legislativas, por lo que el nuevo gobierno tendrá que trabajar y lograr resultados básicamente con el marco jurídico existente. La crisis que estamos viviendo en este fin de sexenio no es económica, la crisis es fundamentalmente política por el enfrentamiento que se dio durante todo el proceso electoral, la tardía reacción del gobierno federal para atender los problemas políticos como el de Oaxaca y la posición extrema en que han caído diversos grupos políticos y sociales liderados por López Obrador y el PRD. El problema de Oaxaca está lejos de resolverse, y aun cuando la PFP recuperó el zócalo, la APPO sigue manteniendo control y provocando ingobernabilidad en la mayor parte de la ciudad. Lo más probable es que Felipe Calderón tenga que dedicar gran parte del tiempo de sus primeros días de gobierno a encontrar una solución de fondo al problema oaxaqueño y del magisterio. Hay que ser optimistas sobre el futuro, pero hay que tener claro que este inicio de sexenio es probablemente el más complicado de los últimos 50 años. Felipe Calderón va a necesitar del apoyo, más que la presión, de todos los sectores para poder superar con éxito los primeros meses de su gobierno. El PAN debe entender la difícil situación que enfrentamos, y en lugar de andar declarando que no van a ser rehenes del gobierno deberían respaldar con toda su fuerza política al nuevo presidente. El sector privado debe estar consciente de la compleja situación, y no debe presionar por reformas estructurales y cambios profundos que no son políticamente viables en los primeros meses del nuevo gobierno. Los cambios tienen que darse, pero van a ser posibles sólo cuando Felipe Calderón se consolide políticamente. Soy optimista sobre los resultados que se pueden dar en el próximo sexenio si todos ponemos nuestra parte; creo, hoy más que nunca, que la prudencia, el diálogo y la política, son los únicos instrumentos para salir adelante. El país tiene todo para iniciar una etapa de crecimiento económico y del empleo acelerado, tiene los recursos suficientes para erradicar en el mediano plazo la pobreza extrema que afecta a más de 20 millones de mexicanos. El inicio del gobierno va a ser problemático, pero con buen manejo político se puede brincar el difícil arranque sexenal. demetriosodi@hotmail.com Analista político |