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    Una propuesta responsable
Manuel Camacho Solís
30 de octubre de 2006

Ante la situación que vive nuestro país, el Frente Amplio Progresista ha tomado la iniciativa. Sostiene una oposición firme. Consolida la unidad y los avances de la elección. Define una propuesta de transformación. Abre la posibilidad de un diálogo nacional en el Congreso. Decide comunicar su posición formalmente a todas las fuerzas políticas representadas en las cámaras federales. Ahora, los demás tienen la palabra. Se pueden abrir a un diálogo benéfico, o pueden cancelar una magnífica oportunidad para la democracia y la justicia.

La propuesta que se ha hecho es el resultado de un proceso de formación interna de consensos. Es la posición que tomó en cuenta al conjunto de las opiniones y posiciones políticas al interior del movimiento. Es una propuesta responsable. Las posiciones radicales aceptaron hacer un planteamiento político, a pesar de su lectura negativa sobre la disposición del régimen a detener la restauración autoritaria. Las posiciones moderadas aceptaron acompañar a la parte dura en sus posiciones y ceder en algunas de sus recomendaciones reformistas. Pero unos y otros desean que el desenlace de esta crisis política pueda reflejarse en más y mejor democracia y en resultados efectivos en favor de los más pobres.

No faltarán quienes digan que lo que se pide es demasiado. Que no hay necesidad de hacer concesiones a la izquierda. Que, finalmente, de eso se trataba la elección: de definir el rumbo del gobierno y que, en tanto "ganó" la derecha, y el PAN tiene la posibilidad de pactar con el PRI las reformas estructurales, sería un error conceder a la propuesta que ha formulado el Frente. Habrá también quienes consideren que no tiene sentido buscar negociar con una derecha que está apostando a formar una nueva hegemonía y a excluir a la izquierda.

Unos y otros se equivocan. Después de una elección donde AMLO ganó la mitad de los estados de la Republica, desconocer esa voluntad de cambio e inclusión social sería un grave error, incluso para quienes hagan los cálculos más conservadores. Si además están de por medio la toma de posesión y la gobernabilidad misma, cerrar los ojos ante el gesto político que significa presentar una propuesta responsable, sería tanto como apostar al eventual uso de la fuerza, con todas sus consecuencias.

La derecha no tiene todo el poder como para intentar una nueva hegemonía. Los giros en el ámbito internacional no le serán favorables. La situación económica previsible para los próximos tres años tampoco lo facilitaría. La conducción misma del Congreso, el calendario electoral, los conflictos regionales y las protestas sociales siguen y estarán presentes.

Situaciones similares, o incluso menos riesgosas, como la rebelión zapatista en 1994, o la crisis económica de 1994-1995, llevaron al régimen a posiciones de flexibilidad política que evitaron su agravamiento. Sería un grave error no reconocer la necesidad de abrir las puertas del diálogo ante la actual crisis política. Ningún gobierno puede darse el lujo de cerrarse a la interlocución posible; menos aún un Ejecutivo con sustentos apenas suficientes para sobrevivir.

La izquierda actúa con responsabilidad. Propone avanzar en la democracia. Recuperar el crecimiento. Establecer un sistema de seguridad social universal. Ampliar y mejorar la educación y la salud públicas. Sanear la justicia y establecer la austeridad. Dar prioridad a ciencia y a tecnología. Propone recuperar el Estado del dominio de los intereses y fortalecerlo para impulsar la economía y la justicia social en el contexto de la economía global. Habrá puntos con los que no se coincida, pero difícilmente se puede negar que se trata de una propuesta políticamente responsable.

Ahora está en manos de las demás fuerzas políticas decidir si: actúan con la misma responsabilidad, o se encierran en la política antigua de cancelar el diálogo y no ceder nada por el temor autoritario a lo que es diferente. No hay mucho que pensar. Más bien habría que reconocer que es ahora o que, más tarde, será más difícil y costoso. Es ahora o podría ser nunca.

Miembro de la Dirección Política del Frente Amplio Progresista

 
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PERFIL
 
Diputado federal por el Partido de la Revolución Democrática (PRD). Fue candidato presidencial en 2000 por el desaparecido Partido del Centro Democrático (fundado por él mismo). En 1994 fue nombrado comisionado para la Paz y la Reconciliación en Chiapas. Durante el sexenio de Carlos Salinas, fungió como secretario de Relaciones Exteriores de diciembre de 1993 a enero de 1994. Asimismo, se desempeñó como jefe del Departamento del Distrito Federal.
 
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