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    Mancuerna México-Canadá
EDITORIAL DE EL UNIVERSAL
25 de octubre de 2006

La decimacuarta Reunión Interparlamentaria México-Canadá, celebrada esta semana en Ottawa, culminó con una declaración conjunta en contra de la autorización para que se construya un muro parcial en la frontera entre Estados Unidos y nuestro país, destinado a evitar los cruces de trabajadores indocumentados.

La declaración tiene mucho sentido porque Canadá ha podido regular el ingreso de trabajadores temporales mexicanos y mantiene con México intereses comunes en asuntos regionales, hemisféricos y mundiales. El primer ministro Stephen Harper dijo que México es "uno de los mejores amigos y socios de Canadá".

La condena del muro es mayoritaria, y comprende desde el Vaticano hasta la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, pues además de evocar a otras barreras -China, Berlín, Gaza- no se le considera mayor valor que el de propaganda política en víspera de las elecciones legislativas en EU, el próximo martes 7 de noviembre, y ante las cuales hasta ahora los republicanos se ven muy rebasados por los demócratas.

Su efectividad en todo caso sería mínima porque apenas cubriría la tercera parte de la porosa frontera mexicano-estadounidense, y su construcción todavía deberá superar la resistencia de gobiernos municipales y propietarios rurales, que reclaman que los 7 mil millones de dólares destinados al proyecto se usen para obras carreteras. Finalmente, muchos de los mexicanos que se quedan a trabajar no cruzan por la frontera, con muro o sin él. Acuérdense que arriban por vía aérea y con visa.

El ahora presidente George W. Bush, cuando era gobernador de Texas, se opuso y vetó medidas radicales contra la inmigración, que limitan las actividades comerciales y distorsionan el mercado laboral. Eso deja ver con claridad las verdaderas razones del proyecto actual, dirigido a captar las simpatías de electores obsesionados por fronteras más seguras.

El acuerdo en asuntos migratorios, por lo visto, no será logrado con Bush, quien después de las elecciones del 7 será lo que se conoce como un lameduck, un presidente en su ocaso. El equipo de transición del presidente electo Felipe Calderón lo sabe, por ello Arturo Sarukhán calculó que se necesitan más de tres años para retomar la discusión migratoria.

Aun entendido como tema electoral, el muro es una medida agresiva e inapropiada entre vecinos. Ninguna acción unilateral va a resolver el fenómeno de la inmigración que en todo caso resulta una responsabilidad compartida.

Sectores de la economía estadounidense necesitan la mano de obra mexicana y nuestros trabajadores no encuentran aquí empleos y sobre todo mejores salarios.

Esta noche, Calderón llegará a Ottawa para una visita de trabajo. Lo acompañan colaboradores, funcionarios y empresarios, que tendrán encuentros con inversionistas locales y asistirán a una reunión de la Alianza para la Cooperación entre los dos países.

Ya tenemos la declaración de buena voluntad canadiense contra el muro de las lamentaciones, ahora serían bienvenidas acciones concretas del tercer socio del TLCAN que puede y debe invertir en México para beneficio propio, en tanto se elevaría la competitividad regional.

 
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