|
A un neoliberal se le identifica porque en su crítica frecuentemente utiliza el término populista. De forma similar, un populista se delata porque en sus reproches reitera la palabra neoliberal. Dejaré de usar ahora los vocablos populista y neoliberal, no sólo para no ser clasificado como uno de ellos sino porque hay importantes cuestiones que los trascienden, como el reciente Premio Nobel de la Paz, otorgado a un economista y a un banco por su lucha contra la pobreza mediante microcréditos, pero sobre todo por realizarla aprovechando e impulsando la cohesión social. Muhammad Yunus, de formación económica ortodoxa, tuvo la heterodoxa idea de fundar el Banco Grameen para dar minúsculos créditos a los más pobres, principalmente a mujeres, sin pedir una garantía a cambio. Sorprendentemente, lo que parecía una receta para un repudio de deudas de proporciones barzonistas, y la quiebra consecuente, recuperó el 98.5% de lo prestado. No sólo eso. Este microfinanciamiento tiene una elevada rentabilidad para quien lo da y para quien lo recibe, pues se presta a tasas de interés no subsidiadas y se fondean pequeños proyectos que pueden representar la diferencia entre ser pobre o no. Prestar a casi 7 millones de personas cerca de 6 mil millones de dólares sin requerir un Fobaproa merecería un premio, pero éste no fue otorgado por tal motivo. Ni siquiera por prestar a los pobres, pues de ser así Fox podría haber recibido el Nobel y López Obrador el Nobel legítimo. Tampoco porque dar financiamiento a las mujeres fortalezca su posición social y no sólo económica. La idea merecedora de la medalla "por la paz y la hermandad de los hombres" es utilizar la simpatía recíproca entre las personas como base para su desarrollo. En el banco ideado por Yunus los préstamos son individuales, pero el pago es responsabilidad del pequeño grupo al que se pertenece. La afinidad entre sus miembros y la disposición a ayudarse mutuamente, su capital social, actúan como colateral crediticio, en vez de una propiedad o un ingreso. Así, el capital social amplía las oportunidades productivas y los vínculos cooperativos de las personas. Las ideas de un Nobel de Economía, el filósofo Amartya Sen, ubican la aportación de Yunus. Para Sen el desarrollo es ampliar equitativamente la libertad, la cual depende de decidir por nuestra cuenta y del conjunto de opciones para escoger. Las necesidades son carencias de libertad, de lo que deberíamos poder ser o hacer. Un bebé es necesitado al no poder elegir por sí mismo y quizás porque quien decide por él no puede proporcionarle ciertos estados o acciones, como estar bien nutrido o crecer sano, mientras que un pobre lo es porque carece de oportunidades para elegir. Esta es la base más sólida para concebir las necesidades humanas y la justicia. Desde esta perspectiva, los microcréditos al capital social de los pobres apelan a su iniciativa para satisfacer sus propias necesidades apoyándose en los lazos solidarios que ellos mismos han forjado. Esta confianza y reciprocidad expanden con justicia la libertad de las personas para valerse por sí mismas al hacerlas sujetos de crédito para su actividad emprendedora. Ahora que el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social anunció nuevas cifras de pobreza, con información definitiva del INEGI y en congruencia con datos oficiales previos, confirmando que casi la mitad de la población en México es pobre, es necesario revalorar el capital social como un activo que existe, puede usarse y tiene un gran rendimiento, tanto para elevar el nivel de vida de las personas con mayores desventajas como para fomentar la paz social que tanto necesitamos.
rodolfo.torre@uia.mx Director del IIDSES de la Universidad Iberoamericana
|