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    Eureka en Huatusco
Jorge A. Chávez Presa
07 de octubre de 2006

El problema en México de la falta de crecimiento económico sostenido con equidad tiene solución. A grandes rasgos esa ha sido la conclusión a la que ha llegado un grupo plural de economistas de distinta formación académica, con posiciones ideológicas diferentes y con una gama muy amplia de experiencia profesional.

Desde 2003, estos economistas convocados por Javier Beristáin, Silvano Espíndola, Isaac Katz, Raúl Livas, Emilio Ocampo, Carlos Sales, Ricardo Samaniego e Ignacio Trigueros, se han reunido en Huatusco, Veracruz, para reflexionar en un ánimo constructivo y de diálogo sobre la economía mexicana. A la fecha ya se han celebrado cuatro seminarios.

El primero giró específicamente alrededor de la pregunta de "¿Por qué no crecemos?"; el segundo se concentró en el tema de "Estado, mercado y crecimiento económico"; el tercero abordó "La creación y consolidación de instituciones para el crecimiento económico de México", y el cuarto, que se llevó a cabo la semana pasada, se tituló "Hacia una política de Estado: crecimiento con equidad".

Ayer en estas páginas de EL UNIVERSAL, Jesús Reyes Heroles G.G. ya comentó sobre Huatusco IV. Sin embargo, la importancia de lo discutido ahí amerita compartir con nuestros lectores más al respecto, pues si no resolvemos pronto como nación una serie de defectos estructurales en el diseño del Estado mexicano, estaremos condenados a crecer muy poco, a tener muchos pobres y a que unos cuantos concentren la riqueza y el ingreso.

Comienzo por destacar lo que en mi opinión serían algunas de las conclusiones a las que llegamos en Grupo Huatusco. Primera, fortalecer al Estado para que vuelva a tener la capacidad de conducción para el crecimiento económico con equidad; esto es, para impulsar el desarrollo económico.

Segunda, fortalecer todos los instrumentos de la hacienda pública, por lo que una reforma en esa materia va más allá de lo meramente tributario; esto es, también abarca a todas las fuentes de ingreso; a todos los contribuyentes; el gasto público, su nivel, composición, eficacia y eficiencia en el ejercicio y aplicación territorial.

Y tercera, la necesidad de promover la sana práctica de evaluación de las políticas públicas, pues darle más recursos al gobierno, requiere de cuantificar sus costos y beneficios, así como de identificar quiénes recibirán efectos positivos o negativos. Advierto que esta redacción corresponde a quien esto escribe y que seguramente en la publicación de las conclusiones de Huatusco IV queden precisadas por el comité editorial.

Es interesante apreciar cómo poco a poco el ejercicio de reflexión emprendido por un grupo plural sí puede llegar a un diagnóstico con sus recomendaciones respectivas para sacar a México de la trampa del estancamiento en que ha caído.

Toda proporción guardada con el descubrimiento de Arquímedes, me atrevería a exclamar ¡eureka!, pues hemos descubierto que sí hay soluciones y que sí se puede construirlas.

Observo, al igual que muchos otros estudiosos del tema del crecimiento, que México -y por ende los mexicanos y su patrimonio- está inmerso en una disputa entre dos fuerzas: la de los rentistas y la de los "clientelistas". La primera le asegura a un grupo muy pequeño de rentas económicas extraordinarias al amparo de monopolios matizados con el eufemismo de dominancia. Actúan a través de concesiones, autorizaciones y aranceles, todas ellas concedidas por el Estado.

La segunda a nombre de los pobres y de la soberanía, promueven subsidios y regalos bajo la modalidad de asistencia social. Ambas fuerzas tienen en común vulnerar al erario, tanto por el lado de la recaudación como de los programas de gasto público. Ambas destruyen riqueza o impiden su creación, y ambas impiden la generación de nuevos empleos. Ambas fuerzas curiosamente también promueven la concentración del ingreso y de la riqueza.

Ya no es cuestión de partidos; las instituciones o lo poco que queda de ellas han sido infiltradas por estas fuerzas. El problema de la parálisis gubernamental es grave y se requiere de un golpe de timón, acompañado de una estrategia de gobierno, para rescatar al interés público y al interés nacional. Es imprescindible desenmascarar la charlatanería.

El aspecto que está a la vista es precisamente el de la debilidad de la hacienda pública, que en estos momentos por los altos precios del petróleo distorsiona su situación real.

Qué bueno que el manejo de las finanzas públicas ha contribuido a la estabilidad macroeconómica, pero eso ya no es suficiente; más cuando los ingresos por hidrocarburos, que provienen de un recurso no renovable y que forman parte del patrimonio nacional, se están destinando al consumo en lugar de infraestructura o de otros activos que beneficien también a generaciones futuras.

En la disputa entre los rentistas y los "clientelistas" se socava la soberanía del Estado mexicano por la depredación a la hacienda pública, unos por aportar lo menos posible y expoliar a los consumidores; y los otros por gastar sin crear capital humano. Basta ya.

jachpresa@yahoo.com.mx

Economista

 
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PERFIL
 
Consultor especializado en temas de finanzas públicas, presupuesto y energía. Fue secretario general de la Fundación Colosio A.C. Diputado federal por el Partido Revolucionario Institucional (PRI) en la LVIII Legislatura. Con maestría y doctorado por The Ohio State University. Ha sido subsecretario de Política de Energía, director general de Política Presupuestal, así como jefe de la Unidad de Política y Control Presupuestal en la Subsecretaría de Egresos; director de Planeación Financiera y director de Deuda Pública, en la Subsecretaría de Hacienda y Crédito Público.
 
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