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    ¡Anulación!
Manuel Camacho Solís
28 de agosto de 2006

S i no se encuentra en las próximas horas una solución legal y política al conflicto postelectoral crecerá la confrontación. Como no creo que haya valores más grandes a preservar que la libertad, la paz y la democracia, llamo a una última reflexión antes de que los acontecimientos coloquen a la nación en una situación trágica donde todos -literalmente todos- terminaremos perdiendo.

En unas cuantas semanas ha crecido la percepción pública de que el país va a una crisis política mayor. Unos le echan la culpa a AMLO porque ha incitado a la resistencia civil. Otros al presidente y a FCH porque usaron el poder para torcer los resultados de la elección y no han sabido responder a la polarización que ellos mismos contribuyeron a crear. Lo inocultable es que se escala el conflicto. Se olvida que en la democracia no se puede aniquilar al adversario. Se pierden las oportunidades para una solución política. Se agota el tiempo de la inteligencia y la razón.

Ya se perdió la oportunidad de la mejor solución política y se está a punto de tirar por la borda la que queda. El recuento de todos los votos era la mejor solución: AMLO había ofrecido reconocer el resultado, frenar la movilización y no buscar la anulación de la elección. No se aceptó. El recuento habría terminado con el conflicto y legitimado al nuevo gobierno.

Ahora queda la oportunidad de la anulación. Ni uno ni otro. No existe razón política para que la rechacen las partes, o razón legal para que la deseche el Tribunal.

La anulación regresaría el conflicto al espacio de las instituciones y abriría una oportunidad grande de mejorar la vida política. Se prestigiaría al Tribunal Electoral y al Poder Judicial. Se fortalecería al Congreso. Haría más terso el final del gobierno de Fox y le quitaría enconos para el futuro. Se tendría un nuevo gobierno legítimo respaldado por las principales fuerzas políticas. Se podría llevar a cabo las reformas de cambio de régimen que aseguraran la formación de mayorías en una próxima elección equitativa y libre. Se cerrarían las puertas a las pretensiones de represión o insurrección. Se protegería al Ejército. Se evitaría decepcionar a los inversionistas, una vez que se pruebe que la decisión del Tribunal de validar la elección no recuperará la estabilidad política.

Desde el punto de vista legal la anulación está más que justificada. Yo pregunto si, en el resultado de la elección presidencial no influyeron, en más de 0.58%, los siguientes hechos:

-La publicidad del gobierno federal y del presidente a favor del candidato de su partido, que se financió con tiempos fiscales y oficiales y cuya suspensión había ordenado la Suprema Corte.

-La publicidad ilegal (Cofipe y la Ley de Cámaras) que pagaron el Consejo Coordinador Empresarial, empresas y asociaciones paralelas.

-La publicidad negativa (ilegal) de la campaña del PAN, donde se pintó a AMLO como "un peligro para México".

-El gasto social y el gasto del candidato oficial que rebasó con mucho el límite legal.

-Utilizar al Ministerio Público para intimidar a gobernadores o para afectar intenciones de voto priísta a favor del PAN (Jalisco y Echeverría).

-La falta de pluralidad del IFE cuando fueron elegidos los consejeros; los nombramientos de presidentes de juntas distritales con interferencia de gobernadores y partidos políticos; el debilitamiento del carácter ciudadano de las mesas de casilla con la sustitución de tantos funcionarios en las 48 horas anteriores a la elección.

-Los delitos (entre otros: los votos de más, no justificados) que se realizaron el día de la elección en un número muy alto y que están consignados en las diligencias judiciales que llevaron a cabo magistrados y jueces durante el recuento parcial que fue ordenado por el Tribunal.

¿Quién puede sostener de buena fe que no hay razones legales suficientes para anular la elección? ¿Quién puede sostener que, una vez desechada la solución del recuento total, exista una mejor solución que la anulación? ¿No es mejor el camino de la ley y la política que el de la confrontación aniquilante?

Diputado federal (PRD)

 
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PERFIL
 
Diputado federal por el Partido de la Revolución Democrática (PRD). Fue candidato presidencial en 2000 por el desaparecido Partido del Centro Democrático (fundado por él mismo). En 1994 fue nombrado comisionado para la Paz y la Reconciliación en Chiapas. Durante el sexenio de Carlos Salinas, fungió como secretario de Relaciones Exteriores de diciembre de 1993 a enero de 1994. Asimismo, se desempeñó como jefe del Departamento del Distrito Federal.
 
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