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    Economía eufórica
Jorge A. Chávez Presa
26 de agosto de 2006

A unque el desempeño de la economía nacional de estos últimos tres trimestres ha sido extraordinariamente bueno, especialmente si se compara con lo observado durante la mayor parte de la administración del presidente Fox, sería irresponsable caer en el autoengaño de que el país está bien y no requiere emprender transformaciones profundas.

En efecto, los resultados registrados en materia de crecimiento económico, número de asegurados en el Instituto Mexicano del Seguro Social y el aumento en las exportaciones económicas podrían generar una sensación de bienestar que no tenemos. Si bien la euforia atenúa el dolor y las adversidades, es mala consejera de los quehaceres público y político.

La relevancia de lo anterior se da porque el próximo viernes 1 de septiembre, Vicente Fox Quesada rendirá el sexto Informe de Gobierno, el último de su administración. Y los usos y costumbres del presidencialismo arrogante han encontrado propicia la ocasión para presentarnos una situación de la administración y del país lejana a la realidad.

Después de que este sexenio se habrá caracterizado por un ínfimo crecimiento del Producto Interno Bruto por habitante, cercano a 1% menor al 2.1% alcanzado durante la administración anterior, se busca darle espectacularidad al crecimiento de las actividades productivas en el primer semestre del año. En el primer semestre de 2006 el PIB aumentó a una tasa anual de 5.1%.

De igual manera, el empleo medido en términos del número de asegurados en el IMSS fue mejor. Sin embargo, de fines de noviembre de 2000 al término de 2005, el aumento fue de sólo 221 mil asegurados, lo cual contrasta con el incremento registrado en el primer semestre de 2006 que superó el medio millón de asegurados. Esto es, el último semestre supera a lo alcanzado en los primeros cinco años.

La inflación se ha mantenido controlada y a la baja, las tasas de interés también se han reducido. Las reservas internacionales han llegado a niveles que es preferible usarlas para comprar deuda externa del gobierno federal en lugar de que el Banco de México emita bonos de regulación monetaria para esterilizar el impacto de la entrada de divisas.

No obstante estos buenos resultados, la administración de Fox no entregará mejores cuentas económicas que el presidente Ernesto Zedillo en cuanto a crecimiento de la economía y generación de empleo. No superará la tasa de crecimiento promedio anual de 3.5% del periodo 1995-2000, como tampoco alcanzará los casi 2.6 millones de asegurados en el IMSS.

Más aún si ponemos en contexto los esfuerzos, esta administración gozó de un entorno externo excepcionalmente benigno que hace más de 25 años no se observaba. El precio del petróleo, la mayor extracción de crudo y gas natural, tasas reales de interés en los mercados internacionales bajas y un monto histórico de remesas de trabajadores mexicanos en el exterior actuaron como drogas que despertaron la reciente euforia económica. Mientras que en el lapso 1995-2000 el precio promedio del petróleo fue cercano a los 17 dólares por barril (dpb), la plataforma de producción de petróleo de 2.9 millones de barriles diarios (mbd) y las remesas 5 mil millones de dólares por año (mmd), en esta administración estas variables promediaron 32 dpb, 3.3 mbd y casi 15 mmd, respectivamente.

Para alguien que prometió crecimiento de la economía de 7% anual y la creación de más de un millón de nuevos empleos por año, echar las campanas al vuelo será desafortunado e inoportuno.

Posiblemente el éxito que pueda acreditársele a esta administración, aunque no haya sido deliberado, es que la necesidad de construir reformas de gran alcance ya es un lugar común. Si bien las propuestas difieren porque hay una brecha inmensa entre la buena intención y la efectividad, así como la racionalidad de las medidas, todos los candidatos presidenciales se comprometieron con mejorar la situación actual.

Lo ideal será conformar una hacienda pública sólida; un mercado laboral más flexible y menos costoso para desenvolverse en la formalidad; pensiones en el sector público más equitativas, realistas, sustentables y portátiles; un sector de energía con precios de combustibles sujetos a referencias internacionales y a tarifas eléctricas competitivas, y una regulación económica eficaz enfocada a cuidar el interés público del consumidor.

Además, habría que agregar reformas orientadas a un acceso generalizado a la educación de calidad, así como a los servicios de salud. Sin todo este paquete integral, incluyendo una reforma de Estado, será difícil asegurarle al pueblo de México un crecimiento económico sostenido con una vigorosa generación de empleo que permita reducir la pobreza.

Aquí está la vara con la que se medirá al nuevo presidente de la República y al Congreso, donde el reto es acercar lo posible a este ideal.

En el contexto de la crispación política, el mensaje presidencial requiere seguir los buenos consejos de la humildad y la modestia. Por la estabilidad económica y política esperamos que así sea.

jachpresa@yahoo.com.mx

Economista

 
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PERFIL
 
Consultor especializado en temas de finanzas públicas, presupuesto y energía. Fue secretario general de la Fundación Colosio A.C. Diputado federal por el Partido Revolucionario Institucional (PRI) en la LVIII Legislatura. Con maestría y doctorado por The Ohio State University. Ha sido subsecretario de Política de Energía, director general de Política Presupuestal, así como jefe de la Unidad de Política y Control Presupuestal en la Subsecretaría de Egresos; director de Planeación Financiera y director de Deuda Pública, en la Subsecretaría de Hacienda y Crédito Público.
 
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