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    ¿Qué falló?
Alberto Aziz Nassif
22 de agosto de 2006

Después de 50 días de crisis postelectoral y de un largo y conflictivo compás de espera, sabemos que el proceso electoral terminará el próximo 6 de septiembre, pero no hay ninguna fecha cierta para saber cuándo terminará el conflicto y en qué condiciones.

Se supone que México caminaba en una dirección, veníamos de una transición democrática, limitada e incipiente, pero con avances importantes, tanto en el espacio de la lucha por el poder, la construcción de instituciones electorales confiables, los espacios de libertad y la garantía de derechos. De pronto, al evaluar este proceso electoral se puede ver que la lucha por el poder se ha desbordado y ha perdido sus ropajes más civilizados; que la institucionalidad electoral se ha lastimado y ha naufragado su confiabilidad para un amplio sector de la ciudadanía; que los espacios de libertad y la garantía de derechos están amenazados por los anuncios de un clima de confrontación social que pone en riesgo la gobernabilidad del país.

Si nos quedamos en el espacio electoral, en la jornada del 2 de julio y los días posteriores, no será posible entender la complejidad de lo que sucede hoy en día. El motor del conflicto pasa por lo electoral, como una ruta de la lucha por el poder, pero tiene amplias raigambres en años anteriores. La disputa por la Presidencia se inició desde tres años antes. Al término de las elecciones intermedias de 2003, con el banderazo de salida que dio el mismo presidente Fox, empezó la dinámica sucesoria. En esos días se tejió la alianza entre el PAN y el PRI de Elba Esther Gordillo; alianza que hoy se mantiene, como vimos en Chiapas. Esa alianza negoció, en octubre del 2003, la integración del nuevo consejo general del Instituto Federal Electoral, que se hizo sin el consenso del PRD. Consejeros que hoy enfrentan un juicio en el Tribunal Electoral.

Al año siguiente, en marzo del 2004, llegaron los videoescándalos, historia que no ha terminado, y que en estos días ha tenido nuevas ediciones en el material que se publicó la semana pasada. La siguiente fase llegó en el 2005 con el desafuero de AMLO, en donde de nuevo la alianza entre PRI y PAN, más los tres poderes, el presidente Fox, la Suprema Corte y el Congreso de la Unión, se embarcaron en una aventura que tuvieron que detener ante una enorme derrota política. Sin estas piezas no se puede entender cómo llegamos a las campañas y de qué forma las reglas del financiamiento público de los partidos y el esquema de acceso a los medios masivos, fueron simplemente combustible para atizar un fuego viejo que se convirtió en una gran hoguera.

La campaña de propaganda sucia y el voto del miedo fue la siguiente fase de una estrategia en la lucha por el poder. La militancia del presidente Fox durante la campaña para desacreditar al contrincante de su partido y la intervención ilegal de los empresarios y su millonaria campaña, terminaron de construir la grave polarización social en la que está atrapado el país. La polarización fue una estrategia que se construyó sobre las diferencias estructurales que tiene nuestro país, regiones de mayor crecimiento contra las zonas más estancadas.

En el remolino de la crisis postelectoral me pregunto cuál es la gravedad del problema. Estamos ante un cuestionamiento a la legitimidad del sistema democrático y frente a un deterioro de la confianza en las instituciones electorales. Por cierto, no se trata de una novedad, porque desde hace tiempo varias de las instituciones y actores políticos, los partidos y el Congreso, han sido evaluados de forma muy negativa por los ciudadanos en todas las encuestas de cultura política. Sin embargo, el sistema electoral había empezado a funcionar con mejor aceptación y confianza social.

Las dudas razonables que se extienden sobre partes importantes de la elección explican una parte de la protesta, pero sólo los antecedentes de los años previos dan cuenta del enojo y la convicción que comparten en el movimiento de resistencia de que no se trató de una contienda justa, con equidad y que el "triunfo" del panismo está manchado de ilegitimidad y fraude. La inminente alianza gobernante entre el PAN y el PRI deja un escenario donde la democracia queda severamente cuestionada. La restauración de los modos del viejo régimen, que para el caso tienen que ver con las formas oscuras de complicidad, manejo faccioso de intereses públicos y privilegios, tendrán garantía para reproducirse. La imagen de Calderón sentado en la "silla del águila" y custodiado por Elba Esther Gordillo, el Congreso del Trabajo, el Partido Revolucionario Institucional, Televisa y el Consejo Coordinador Empresarial, es un plomo que mata cualquier atisbo de optimismo sobre el futuro inmediato. Los intereses facciosos de la clase política, el corporativismo reciclado y los grandes intereses económicos, han vulnerado las instituciones democráticas.

La profundización del conflicto anuncia un complicado mapa político que tendrá como campo de confrontación el calendario de las fechas cívicas de septiembre y el último informe de gobierno. Por otra parte, cada vez es más cierto que la resolución del conflicto pasa por una importante reforma política que pueda cambiar las reglas del juego para volver a construir un sistema confiable. La crisis postelectoral ha producido un daño estructural en el sistema electoral. No se trata simplemente de problemas funcionales que puede superarse con algunos ajustes menores y un cambio de operadores.

No sabemos si el conflicto puede tener una salida institucional en el corto plazo o vamos hacia un conflicto largo que gravitará sobre el país en los próximos años. Sobre lo que sí tenemos certeza es que falló la clase política y los partidos; falló la Presidencia de alternancia y su incapacidad para hacer política de Estado. Falló la alternativa perredista que no ha podido dejar de lado su visión populista y su mando de caudillo, como lo hemos analizado antes en este espacio.

Nuestra incipiente democracia está sometida a una prueba tan contundente que la puede hacer perder la batalla. Necesitamos revisar de nuevo los supuestos sobre los que se asentó la democracia en México, porque se ha movido de forma importante todo el mapa político con el que pensamos que habíamos salido del autoritarismo...

Investigador del CIESAS

 
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PERFIL
 
Profesor e investigador del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS). Ha escrito libros y numerosos artículos de investigación. También ha sido docente en universidades mexicanas y conferencista en diversas instituciones extranjeras, como la Sorbona de París, la UNESCO, la Universidad de California en San Diego y el Instituto Ortega y Gasset en Madrid.
 
Editoriales anteriores
 
¿Defender la democracia? 15-agosto -2006
 
Las instituciones electorales 08-agosto -2006
 
De regreso a la calle 01-agosto -2006
 
La prueba del ácido 25-julio -2006
 
México contra México 18-julio -2006
 
 
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