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    En busca de los insensibles
Jesús Reyes-Heroles G.G.
11 de agosto de 2006

E l proceso que establece la ley para concluir la elección presidencial sigue su curso. Inexorablemente desembocará en un fallo que designará presidente electo. Mientras esto sucede, la ciudad de México vive una extraordinaria crispación, que se caracteriza por continuas provocaciones de los seguidores de Andrés Manuel López Obrador, que reciben una respuesta serena de parte de la ciudadanía, aunque no carente de enojo.

Como pocas veces, los capitalinos están resistiendo adversidades, producto de las movilizaciones, del deterioro acumulado de la vialidad, de obras incomprensibles e inoportunas en el Periférico, y hasta de tormentas sin precedente en el valle de México. Y la población aguanta, en la medida que observa que el proceso sigue su curso, que las autoridades federales actúan con gran prudencia para no caer en provocaciones, y que pronto esta etapa de la elección presidencial 2006 llegará a su fin. Así las cosas en la ciudad capital.

En otras regiones de México la vida continúa con normalidad, con la explicable y dolorosa excepción de Oaxaca. El llamado de López Obrador para que sus simpatizantes perturben actos en los que participe el Presidente de la República, ha recibido poca respuesta. Hasta ahora los incidentes han sido contados, débiles y, lo más importante, repudiados por otros miembros de las comunidades donde se han suscitado. Los obreros no están movilizados. Los sindicatos mantienen una actitud prudente, de distancia con las movilizaciones e incluso, salvo contadas excepciones, de respaldo a las instituciones electorales y de rechazo a los bloqueos.

Por eso es más relevante reflexionar sobre las lesiones más profundas que este episodio de la historia del país está inflingiendo a la sociedad mexicana. El discurso de Andrés Manuel López Obrador, sin duda cada vez más estridente, entre líneas ha manejado la idea de que México está dividido en dos grupos, el de los "conscientes" de la pobreza y de la marginación que caracterizan al país, y el de los "inconscientes" sobre dicha realidad. Este mensaje permea en diversas comunicaciones, por ejemplo en los correos electrónicos que saturan la red, con afirmaciones como "¿en qué mundo vive(n), que no les permite ver la verdadera situación del país?".

De existir, esta división sería por demás perniciosa y un mal augurio para el futuro del país. Sin embargo, la situación que vive la sociedad mexicana es muy diferente. Es inevitable que en una colectividad tan grande como la que integran los mexicanos siempre haya excepciones, personas que se comportan excéntricamente. En todo caso, hoy la gran mayoría de la sociedad está plenamente consciente de las marcadas diferencias económicas y sociales que existen entre diversos grupos de la población. Esto incluye, incluso, a la población joven, los quinceañeros, que están conscientes del difícil episodio electoral que vive México, de la pobreza, la marginación, que hay muchos mexicanos que no consiguen trabajo, que se ven obligados a desarrollar actividades ilegales o emigran y, por tanto, de la polarización social que esto genera. Más aún, afirmo que esta población no sólo está plenamente consciente de la situación, sino además que es "sensible" a la misma, en el sentido de que considera necesario que la sociedad en su conjunto actúe para mitigar la pobreza y reducir las diferencias entre los mexicanos.

La actitud de ciudadanos de otras edades es similar. Están igualmente conscientes de la situación y manifiestan que es importante que sociedad y gobierno actúen con decisión y eficacia para aminorar la pobreza y la marginación. En consecuencia, también son "sensibles" a esta problemática. La gran trampa de proclamas que se basan en la estratificación de la sociedad para dar sustento a planteamientos políticos es que, al hacerlo, ignoran que dentro de cada grupo o "categoría" social habrá individuos que se comporten de manera distinta al promedio o al ciudadano prototipo.

Así es la sociedad y por ello la convivencia requiere tolerancia. Un ejemplo es la satanización del empresariado, un sinsentido lógico y político. Al igual que cuando se habla de otros sectores de la sociedad, hay empresarios pequeños, medianos y grandes que, además de ser eficientes, son socialmente responsables, tienen buenas relaciones con sus trabajadores, pagan los impuestos que les corresponden, son cuidadosos del medio ambiente y colaboran con la comunidad a la que pertenecen. Por contra, otros empresarios buscan esquemas de simulación para evitar darles prestaciones a sus trabajadores, que evaden o eluden impuestos, que no cumplen con las normas ambientales, y a quienes no les importa lo que sucede en su comunidad. ¿Es razonable que reconociendo la coexistencia de empresarios de estos dos perfiles se sancione a todo el empresariado mexicano?

Ejemplos de comportamientos diferentes entre miembros del mismo grupo son inagotables. Recurramos a otro. Hay estudiantes que reconocen y aceptan que avanzar en la escalera educativa requiere de esfuerzo y dedicación; que los exámenes son instrumentos para hacer que se apliquen más y para distinguir a quienes cumplen de quienes no lo hacen, lo cual les parece justo; que la competencia entre estudiantes es necesaria, para que el sistema educativo pueda aportar los mejores elementos a la sociedad.

Por contra, hay estudiantes que no han adquirido el hábito del trabajo, que no reconocen que es necesario esforzarse para avanzar, que consideran los exámenes como injustos, por lo cual los rechazan, y que no tienen empacho en plantear cínicamente que tienen el mismo derecho de quienes sí estudiaron y se prepararon para grados superiores del sistema educativo, así como posteriormente a posiciones laborales comparables.

¿Sería razonable estigmatizar a los primeros por el comportamiento de los segundos? ¿Y, por extrapolación lógica, sería correcto calificar a todos los perredistas con base en el comportamiento enfermo de López Obrador? Por supuesto que no. Los mexicanos debemos dedicarnos con pasión a superar esta demagogia perversa.

jreyes@structura.com.mx

Economista

 
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PERFIL
 
Cofundador y presidente ejecutivo del Grupo de Economistas y Asociados (GEA), firma consultora dedicada al análisis político y económico. Entre su extensa carrera política se cuentan los siguientes cargos: embajador de México en Estados Unidos (1997-2000) y secretario de Energía durante el sexenio de Ernesto Zedillo, director general de Banobras (1994), jefe de asesores en la Secretaría de Relaciones Exteriores (1989-90) y director general de Planeación Hacendaria (1983-88). Es doctor en Economía por el Massachusetts Institute of Technology (MIT).
 
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