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Muchos lectores me escribieron en relación con mi artículo de la semana pasada, en el cual criticaba la toma de las calles por simpatizantes de AMLO. En los correos hubo de todo, desde "la felicito" hasta "es usted fascista"; desde "se lo dije," hasta "exagera". Algunos me criticaban por "hacer literatura"; otros a partir de sus propias invenciones sobre mi persona: si soy o no mexicana, si soy "riquilla", si uso o no el Paseo de la Reforma. Hay quien me incluye entre los "intelectuales", dicho como un insulto y quien me acusa de recibir dinero por sostener mi posición. A todos ellos les agradezco que me lean y me escriban, y les devuelvo la siguiente reflexión: Según Linda Egan, esta es una frase de Monsiváis: "En la batalla entre tú y el mundo, ponte del lado del mundo". La idea es exactamente opuesta a la de Gandhi: "Si el mundo no responde a tu llamado, camina, camina solo". ¿A cuál de esas consignas obedecer? La respuesta a esta pregunta se ha convertido, en los tiempos que corren, en crucial. Y como van las cosas, Gandhi resultará el perdedor, pues todo indica que atreverse a pensar diferente ya no es señal de valentía y convicciones, sino de estupidez y hasta de traición. Hoy día hay que sumarse a la bola o arriesgarse a que lo anatematicen, en el sentido medieval de la palabra. No estoy hablando porque sí. Véase la reacción furibunda a las críticas que hicieron Carlos Monsiváis, Héctor Bonilla, Miguel Ángel Granados Chapa, Rolando Cordera (y la que esto escribe) a la toma de las calles de la ciudad como método de lucha y se entenderá cuando digo que aquí estamos descubriendo el sabor y los sinsabores de la unanimidad obligatoria. Porque ninguno de ellos están contra AMLO y su causa, sino que criticaron un camino que les (nos) parece que afecta a demasiadas personas y que hasta resulta contraproducente. Pero la reacción fue la repetición de la historia europea de entreguerras, de la historia china posrevolucionaria, de la Argelia independentista, de la Revolución Cubana: esos momentos históricos cuando se niega el derecho a la mínima crítica y se exige comprar el paquete completo, so pretexto de que no es tiempo para disensiones y que para sostener "los supremos intereses de la lucha política y social," que se supone son "los supremos intereses del pueblo," es necesario evitar "desviaciones peligrosas". En consecuencia, se pide guardar para mejores épocas el recuento de los errores, la crítica a los métodos, la opinión divergente. Me resulta doloroso ver a Monsiváis y a Bonilla teniendo que reafirmar públicamente su lealtad a la causa de AMLO, aquél con un desplegado, éste con sus declaraciones en el zócalo, como si alguien pudiera a estas alturas ponerla en duda. Y todo por el solo hecho de haberse "atrevido" a disentir de uno de sus métodos de lucha. Y entonces pienso en las palabras de Gyorgy Lukacs, el gran intelectual y militante comunista húngaro, cuando durante el estalinismo tuvo que hacer lo mismo y al respecto dijo: "No vale la pena arriesgarse por rechazar una pequeña humillación, por el placer de actuar de un modo retador. Los revolucionarios necesitamos tener paciencia y valentía, el amor propio está de sobra. La época es difícil, ahorremos nuestras fuerzas". Estamos viviendo un momento ideológico por el que ya pasaron el socialismo, el feminismo, la negritud, el latinoamericanismo y ahora el pan-arabismo, aquel donde con el pretexto de la causa, se deja de lado la democracia. Porque si ésta significa respeto, apertura a ideas diferentes, capacidad de crítica y autocrítica entonces aquí no la tenemos. Pues lo que estamos viendo es que si alguien se atreve a ir mínimamente contra la corriente, contra la opinión generalizada, contra la decisión del líder, le cae encima la maldición, el enojo, la acusación de traición, la conversión automática en enemigo. Mala cosa la de tener que estar reivindicándose, defendiéndose, explicando lo que se quiso decir, haciendo públicos actos de fe, todo para no quedarse afuera, para no ser acusado de traidor y enemigo. Mala cosa ésta de que se descalifique, insulte, ofenda, agreda a quien se atreve a pensar diferente. Mala cosa esta división que se ha hecho entre buenos y malos, ricos y pobres, intelectuales y pueblo. Mala cosa creer que uno y sólo uno tiene la razón y la verdad y que los demás tenemos que acatar esa razón y esa verdad sin chistar. ¡Cuánto dolor le ha costado este modo de ser a la humanidad y ahora aquí estamos, nosotros también, en México, metidos en lo mismo! sara.sefchovich@asu.edu Escritora e investigadora en la UNAM
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