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El ambiente postelectoral y, sobre todo, el movimiento de inconformidad y protesta que encabeza López Obrador, ha dado pie a una lamentable radicalización en el sector intelectual, cultural, académico y artístico del país. Notorio el afecto mayoritario en esa comunidad hacia el tabasqueño, hay pocas rendijas para asomarnos a análisis o posiciones equilibradas, o por decirlo de una manera amable, sensatas. Se tiende rápido a la polarización, y prácticamente la argumentación se centra en las etapas previas a la jornada electoral, con su incuestionable cúmulo de lodo y dinero. Pero ni siquiera ahí se reconoce que las deficiencias, manipulaciones y excesos mediáticos fueron transversales a los partidos en competencia. Y que en una contienda electoral, tanto la soberbia como la desesperación hacen a débiles candidatos presas fáciles del error, la componenda o la alianza indebida. Un solo ejemplo: en cada una de las grandes traiciones a la patria que se refieren, muchos podrían encontrar a varios de los responsables directos en los legisladores electos por el PRD. Frente a lo cual la alianza de Víctor Flores con Felipe Calderón desmerece en su tamaño. Se requiere de un ejercicio sereno y reflexivo para enfrentar esa polarización, que termina reprochando inconsecuencia con la defensa de la democracia si no se asume tal cual la acusación de fraude electoral, o si se discrepa del sentido y orientación que la protesta le ha dado a la resistencia civil en el DF. Particularmente pienso que está errada la estrategia de ocasionarle daños a los ciudadanos, y no incomodidades a los gobernantes o distintos actores involucrados, esto sólo en el caso de que realmente hubiera un sustento moral en el movimiento, y una evidencia de atropello que haga patente la inexcusable necesidad de formar parte de acciones pacíficas de resistencia. Eso saltaba a la vista en los fraudes electorales de Chihuahua 86, y del 88 en todo el país. Pero las del 2 de julio fueron "elecciones limpias, legítimas, legales. Votamos 6 de cada 10 mexicanos inscritos en el padrón. Los sufragios fueron contados y el cómputo fue conocido de acuerdo con las previsiones que la ley establece. Los principales grupos de observadores internacionales ponderaron la transparencia de estas elecciones. Ni durante la jornada electoral, ni en los días posteriores, se supo de un solo incidente que pusiera en riesgo la integridad o el cómputo de los sufragios". Entrecomillo lo anterior porque pertenece a la pluma de Raúl Trejo Delarbre, en un enorme texto que circula por internet y que considero una lectura indispensable tanto para los ganadores como para los derrotados. Como siempre, el investigador del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM pone su inteligencia al servicio del análisis político más allá de banderías partidarias o intereses grupales; ello es fruto de una cualidad sostenida durante muchos años en nuestro mayor teórico sobre comunicación política: la objetividad en la observación y la congruencia en la crítica. Incluso, quizá encontremos ahí la explicación de la ya prolongada ausencia de los escritos de Raúl Trejo en los periódicos de la ciudad de México. Y destaco el texto porque Raúl Trejo no es del PAN, ni nada que se le parezca. Más bien hay que ubicarlo dentro de la corriente de izquierda que ha contribuido desde diversas causas y trincheras a la democratización del país. Además, porque el texto se puso en la mesa de discusión que el Partido Alternativa Socialdemócrata organizó sobre las elecciones del 2 de julio pasado y del que poco se recogió en los medios. No tienen desperdicio las 17 cuartillas que Raúl escribió; casi podría suscribirlas todas. Desmenuza el momento postelectoral que vivimos, recoge los argumentos de las principales impugnaciones que la coalición Por el Bien de Todos y su candidato presidencial han formulado para cuestionar la elección del 2 de julio, y ofrece análisis, datos comparativos y una visión crítica sobre la actuación de los principales actores de este proceso. Ofrece precisiones sobre el recuento de los votos, y clarifica que "la apuesta política de AMLO y las fuerzas que lo respaldan parece desmesurada. No quieren clarificar, sino descalificar la elección presidencial. Al tiempo que afrentan al IFE, presionan al TEPJF. Más que argumentos y evidencias de carácter jurídico, han propuesto un litigio político. Tienen derecho a defender sus votos. Pero es discutible que lo tengan para arruinar un proceso político necesario y genuino. Los escenarios que propicia esa actitud son, en todos los casos, maniqueos y riesgosos. Aun si abriera todas las urnas, la decisión del TEPJF sería insatisfactoria para la coalición Por el Bien de Todos que sólo estaría conforme si se proclamara el triunfo de AMLO".
Leído el 27 de julio en ese marco, el autor de Poderes salvajes, Mediocracia sin contrapesos, pronosticó: "El cómputo voto por voto en una cantidad importante de casillas, pero inferior a las que ha exigido esa coalición, es una de las opciones más factibles para el Tribunal, que está comprometido no con un partido ni un candidato sino con el acatamiento a la ley. Hay que respaldar al TEPJF y a la decisión que tome, independientemente del método que utilice para llegar a ella y del desenlace que de allí resulte para la elección presidencial". Senador de la República (PAN)
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