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    Identificar coincidencias
Jesús Reyes-Heroles G.G.
28 de julio de 2006

El desarrollo y resultado de la elección dejó muy clara la profundidad de las diferencias que existen entre las visiones del país y entre ciudadanos, que el proceso político reúne en dos o tres grupos. Viene a colación el planteamiento que Beatriz Paredes reiteró durante su campaña: el problema no es cómo llegar a acuerdos, sino que los mexicanos no estamos de acuerdo. La elección no deja duda al respecto. De ahí la importancia de identificar esas diferencias, analizarlas a profundidad y definir acciones mínimas que permitan cerrarlas en beneficio del país.

Las campañas políticas debieron permitir que se avanzara en ubicar puntos de coincidencia. No lo hicieron, pues cayeron rehenes de los medios, que las llevaron a la estridencia. Como resultado, grupos numerosos de gente llegaron a creer que la elección ponía en juego su estilo de vida, para unos con el riesgo de verlo afectado negativamente y, para otros, con la expectativa de una mejoría radical sin fundamento real.

Lo grave es que estas dudas señalan la fragilidad de las instituciones mexicanas, en la medida que resultó creíble que una elección podía modificar radicalmente los estilos de vida. No hay antecedente de una situación de esa naturaleza pues, para bien o para mal, los procesos de transformación y progreso social son mucho más lentos. De ahí que cobren mayor interés y relevancia los ejercicios de reflexión informada, seria y sistemática sobre diversos aspectos de las políticas gubernamentales.

Hace dos días se presentó uno de esos ejercicios, que reconoce que para México es tiempo de definiciones y que con ese propósito reúne seis valiosos ensayos de reconocidos especialistas en materia de política económica, seguridad nacional y relaciones internacionales. Es razonable afirmar que la "tesis eje" del texto es que durante este sexenio México no ha podido definir una estrategia internacional debido a que tampoco ha definido su estrategia general de desarrollo. Describe con gran claridad los titubeos y los vaivenes que se han observado en materia económica y argumenta de manera informada y fundamentada que eso resulta de la inevitable simbiosis entre las políticas en el ámbito interno y la estrategia hacia el exterior.

Uno de los capítulos del libro México ante el mundo: tiempo de definiciones, publicado por el Fondo de Cultura Económica, presenta una versión apretada pero rica del mundo al inicio del siglo XXI. En éste, Jorge Alberto Lozoya sostiene que el rasgo dominante de nuestra era en el ámbito internacional es la hegemonía de los Estados Unidos de América. Aporta elementos valiosos para sustentar que dicha hegemonía va para largo, y señala que quien no lo entienda está condenado a perderse. El reto del hegemón en el escenario internacional que se perfila a futuro es poner "a trabajar su poder en la conformación de un sistema global basado en intereses compartidos con otras naciones o que opte por utilizarlo exclusivamente para afianzar su propia seguridad".

A pesar de su brevedad, el capítulo apunta algunos de los principales factores que habrán de normar las relaciones internacionales durante las próximas décadas. Por su agudeza abre el apetito para más. Por ejemplo, cuál será la influencia relativa de las diversas religiones en la conformación de la agenda internacional, en particular el peso creciente del islam y su vinculación con el terrorismo en el futuro.

También amerita mayor reflexión el futuro de los grandes movimientos migratorios y su efecto sobre la agenda internacional correspondiente. Es muy probable que, con notables excepciones, y México debe ser una de ésas, se observe una regresión en el pensamiento sobre la migración y un endurecimiento de las políticas al respecto. En todo caso, las reflexiones que aporta el texto son un insumo de gran valía.

En el libro se analiza también el nuevo panorama económico internacional y los retos que enfrenta México de cara al mundo en los próximos años. Francisco Suárez Dávila, en su aportación a este esfuerzo colectivo, señala que "los consensos se han roto y los modelos de política económica están fuertemente cuestionados, en parte por los muy malos resultados". Ante esta situación tanto México como América Latina se encuentran atrapados en una serie de "rezagos de naturaleza intelectual en la concepción de sus políticas".

Dichos rezagos se suman a una serie de debilidades que padece México y que ha venido arrastrando en los últimos años: estancamiento económico endémico; incapacidad para crear suficientes empleos y falta de oportunidad para los jóvenes; deterioro del estado de derecho; inseguridad pública; presencia creciente del crimen organizado y el narcotráfico; rezagos en infraestructura; mala calidad de la educación; falta de esquemas de capacitación para los trabajadores y bajo nivel de avance científico tecnológico. El autor señala que en México no se da ni la intervención moderna del Estado, ni las reformas de los sistemas de protección social, ni el crecimiento, ni la generación de empleo. Es "el país donde no pasa nada". En respuesta a estos rezagos, las opciones señaladas para el futuro son de tres tipos: la primera posibilidad es regresar al pasado; la segunda es tener "más de lo mismo" en materia económica; y por último la opción de una "tercera vía mexicana de modernidad". Esta última estaría caracterizada por privilegiar como objetivo el crecimiento económico; apoyarse en finanzas públicas sanas; impulsar la inversión pública con un enfoque regional; y, sustentar que el Estado debe tener mayores recursos derivados de una reforma fiscal, como lo hicieron los partidos socialdemócratas modernos como el PSOE, en España, o el Laborista en el Reino Unido.

El trabajo comentado es sólo un ejemplo de una labor útil y oportuna para multiplicar coincidencias sobre lo que el país tiene que hacer. En todo caso, ejercicios como México ante el mundo: tiempo de definiciones, representan sólo el primer paso, pues queda la tarea de divulgar las medidas que se proponen, de convencer a ciudadanos y legisladores, y lograr los acuerdos mínimos para que dichas medidas se realicen. Se dice fácil, pero no lo es. Por lo pronto, mientras concluye el proceso postelectoral, es recomendable dedicar más tiempo a reflexionar sobre estos asuntos.

jreyes@structura.com.mx

Economista

 
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PERFIL
 
Cofundador y presidente ejecutivo del Grupo de Economistas y Asociados (GEA), firma consultora dedicada al análisis político y económico. Entre su extensa carrera política se cuentan los siguientes cargos: embajador de México en Estados Unidos (1997-2000) y secretario de Energía durante el sexenio de Ernesto Zedillo, director general de Banobras (1994), jefe de asesores en la Secretaría de Relaciones Exteriores (1989-90) y director general de Planeación Hacendaria (1983-88). Es doctor en Economía por el Massachusetts Institute of Technology (MIT).
 
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