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    La guerra en Medio Oriente
Editorial de EL UNIVERSAL
27 de julio de 2006

Árabes e israelíes se desangran en el conflicto del Medio Oriente en tanto que en Roma naufragan los esfuerzos diplomáticos para conseguir una tregua y apenas convienen en coordinar la ayuda humanitaria internacional para Líbano. La mayoría de los centenares de víctimas de este choque bélico son civiles, niños, mujeres y ancianos, más que los propios combatientes.

La guerra alcanza otro de sus clímax, como ocurre desde 1948, cuando fue creado el estado de Israel, y ha tenido momentos de suma gravedad, como la Guerra de los Seis Días. Israel quiere garantizar su seguridad, mientras que, por su parte, los musulmanes defienden su derecho a una patria soberana.

La conciliación de los dos objetivos, a veces muy cercana, como cuando se lograron los acuerdos de paz de Campo David, siempre se escapa de las manos por los radicalismos intolerantes que se dan en ambos bandos.

Esta vez, el grupo Hezbolá, que actúa políticamente dentro de Líbano y como guerrilla más allá de las fronteras, hizo un mal cálculo y la respuesta de Israel, bajo el gobierno de Ehud Olmert fue, para muchos, extralimitada.

El foco de su atención es la Franja de Gaza y Líbano, donde han muerto también cuatro observadores de la Organización de las Naciones Unidas bajo las bombas de la aviación israelí, en tanto que los cohetes Katiushka disparados por Hezbolá causan bajas en Haifa y otras ciudades del norte de Israel.

Los representantes de 15 naciones, la ONU y el Banco Mundial, reunidos ayer en Roma, no pudieron acordar ninguna solución a este conflicto. Para ello necesitan contar con la participación de Irán y Siria, según han dicho.

La destrucción en Líbano e Israel es dolorosa e irracional. Es necesaria efectivamente una acción multinacional rápida para detener la confrontación al mismo tiempo que apacigüe a Hezbolá y se frene a Israel.

No basta con visitas diplomáticas de altura, que sólo acumulan resabios y generan desconfianza entre los países árabes, como ocurrió recientemente con la llegada de la señora Condoleezza Rice, a quien se le vio ahí como embajadora de la causa israelí.

La situación es muy frágil y existe el riesgo de que las hostilidades se extiendan por una región que acumula un gran resentimiento y con la que es importante establecer vínculos de comunicación política y diplomática.

Mientras el problema subsista en esencia, siempre habrá el peligro de que tenga esporádicos y costosos estallidos de violencia. El terrorismo, las acciones suicidas, atraen eficazmente la atención mundial, pero son causa de reacciones iracundas que no pueden ser calculadas. De esa manera, la discordia se encona y la muerte y la destrucción pueden extenderse incontrolablemente.

Es prudente hacer un llamado de cese a las agresiones, de uno y otro bandos.

Urge que se restablezca la paz en la zona; una paz que calme el estado de preocupación mundial. Una paz que salve vidas. Una y otra parte deben asumir su responsabilidad histórica con el resto del mundo, no son estados aislados, viven en un mundo global en donde la guerra puede, ciertamente, globalizarse, pero también la paz, si hay voluntad para ello.

 
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