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    No a la suma cero
Rossana Fuentes-Berain
26 de julio de 2006

La dinámica del juego de suma cero es aquella en la que lo que uno pierde lo gana el otro. En la actual crisis política mexicana estamos atascados en un juego de ese tipo, cuando lo que tendríamos que hacer es exigirles a los partidos que su empeño no sea sólo por ganar sino por resolver problemas.

Mientras la clase política se pelea, el poder fáctico del narcotráfico asoma su cara en toda la República, eso sí que es un problema en busca de una solución.

En los larguísimos plazos que contempla nuestro marco jurídico, restan casi seis semanas en las que el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación podrá pronunciarse, y visiblemente tres escenarios se perfilan: 1) la ratificación del triunfo de Calderón; 2) el anuncio, con base en revisión de un porcentaje de las urnas impugnadas, de un triunfo de López Obrador; y 3) la anulación de la elección. Ya sea por el precedente sentado en las elecciones de Tabasco, Colima y Ciudad Juárez de abrir todas las urnas o por aceptar el expediente de nula abstracción. Esto podría dar paso a un presidente interino.

En el escenario uno, los que votaron por el candidato presidencial del PRD y que han hecho del mantra "voto por voto / casilla por casilla" su grito de guerra, difícilmente regresarán a sus casas y a sus actividades con serenidad si sienten que lo han perdido todo.

En el escenario dos, una revisión parcial que arroje un conteo distinto al que hoy conocemos oficiosamente, hará, por el contrario, que los sufragantes por el candidato presidencial del PAN, si sienten que su voto no será respetado, pasen de una movilización pasiva a otra activa. En este escenario hay otro que perdería todo: el IFE. Imposible mantener esta institución intocada si en efecto hubiera irregularidades mayores en las urnas impugnadas.

El escenario tres ha corrido como reguero de pólvora: el de la anulación de la elección que tiene como consecuencia superveniente, o colateral, la designación de un presidente interino, y sería un juego suma cero al cuadrado con dos perdedores: AMLO y Felipe. Me cuesta trabajo pensar quién ganaría más allá de los factores reales de poder que apuestan a la inestabilidad continuada dentro del Estado mexicano. Como vemos, ninguno de los tres escenarios, por sí mismos, nos aleja de la suma cero.

Es tal el grado de encono que se está fomentando desde los partidos que hasta el Episcopado Mexicano ha tenido que salir a la luz pública pidiendo a "los hombres y mujeres de buena voluntad, respetar la ley y trabajar por la reconciliación, el diálogo y el entendimiento". Dentro de su diversidad, el clero en su conjunto "hace un llamado apremiante a la serenidad, la tolerancia y a la moderación". El cuidadosísimo fraseo del desplegado no inclina el pronunciamiento hacia alguno de los tres escenarios antes mencionados, simplemente es un recordatorio de que las pasiones desbordadas pueden alterar la unidad de México.

Que la iglesia haya sentido la necesidad de fijar postura es de suyo emblemático, como lo es también el responsable silencio institucional de ese otro importante actor de la vida nacional: el ejército.

Los representantes locales del Vaticano saben que sobran ejemplos en los que el juego suma cero da paso a una situación nacional o internacional en la que en el corto plazo alguno se erige como ganador absoluto, mientras en el largo plazo se fomenta el descontento de quienes lo perdieron todo.

En lo inmediato, con la inestabilidad política se pone en riesgo lo que podría ser un buen año para el país en su conjunto por un crecimiento previsto ligeramente superior a 4% y un ingreso adicional de poco más de 50 mil millones de dólares producto del alza en los precios del petróleo. Viendo un poco más lejos, del 2007 en adelante, México se puede embarcar en un tortuoso camino de parálisis política en el mejor de los casos, y en el peor de conflictos sociales activos o incluso armados.

La llamada tercera Asamblea Informativa del PRD se llevará a cabo el próximo domingo 30 de julio y sería deseable que de ella se derivara alguna señal clara por parte de AMLO de que no se convirtió en una profecía autocumplida: que no encarna el todo o nada, más propio de las guerras santas y de los sistemas totalitarios que de los democráticos.

Algunos de los que lo apoyaron con su voto, convencidos de que su diagnóstico sobre la urgencia de atender el tema de la pobreza en México era y es correcta, han comenzado a retirarle su apoyo ante un discurso que apela a crear lo que José Woldenberg describió inteligentemente como "una comunidad de la fe", y sabemos que los peores conflictos en el mundo son los religiosos. Para muestras basta el botón de Medio Oriente, nuevamente en llamas. Para entender cabalmente que las cosas en México se pueden poner peor, echemos una mirada a la última década en Líbano; se pensaba que la paz había llegado para quedarse. Hubo complacencia y nuevamente complicidad con las fuerzas que desde siempre han negado al Estado de Israel su derecho a existir. Hoy Hezbolá, como ayer la Organización de Liberación Palestina (OLP), habían hecho de Líbano la plataforma de ataque contra Israel. Igual que en la guerra de ´67 y la de ´73, de allí salían los guerrilleros y los misiles, la respuesta puede que no sea proporcional, ese es el problema recurrente en el caso de la estrategia de defensa israelí. Cuando se rompen las normas de convivencia mínima, cuando se abandona el diálogo y se deja paso a las armas, cuando se abandona la convivencia pacífica en un marco legal, lo peor puede pasar.

Los jueces mexicanos trabajan ya, como está contemplado en la ley, y a más tardar el 6 de septiembre harán pública su resolución, por lo que es altamente probable que en vísperas del otoño uno de los tres escenarios mencionados será nuestra realidad nacional.

A partir de entonces todos los actores políticos responsables tienen que abandonar de manera irrefutable las actitudes que fomenten un juego de suma cero, porque para México, en esta encrucijada de nuestra vida nacional, ya no se trata sólo de la resolución del conflicto postelectoral, sino también de la generación de los consensos para que haya gobernabilidad, sea cual sea el resultado final del tribunal.

rfuentes@itam.mx

Periodista e investigadora del ITAM

 
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PERFIL
 
Periodista mexicana, desde agosto del 2000 subdirectora de la revista Foreign Affairs en español y catedrática del ITAM (Instituto Tecnológico Autónomo de México).

Licenciada en Comunicación de Masas por la Universidad Autónoma Metropolitana de México, doctora en Derecho a la Información por el programa conjunto de los centros Universidad de Occidente-Universidad de Navarra y Universidad Iberoamericana. MA en Periodismo Internacional por la Universidad de California del Sur; certificado de Historia del Cine y Estética por la Universidad de la Sorbona de París.

En 2001 pasó a presidir el grupo Convergencia Digital, AC (CODIAC) y ocupó la vicepresidencia de la Fundación Información y Democracia, AC (FIDAC); Premio Nacional de Periodismo.

Como redactora diplomática y financiera, Fuentes-Berain se ha encargado de informar sobre temas internacionales relacionados con México.

 
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