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    Con recuento
Manuel Camacho Solís
24 de julio de 2006

¿Hay alguien en el gobierno o en el equipo de campaña del panista Felipe Calderón que esté pensando con seriedad en la salida a la crisis política poselectoral? No parece haber quién. Es como si al acercarse la nave a un tifón (Conrard) no hubiera capitán al frente.

Por las declaraciones y la manera como se busca influir en la opinión pública, no parece haber nadie que esté pensando en serio en la política y en sus desenlaces. Están confiados en que ya ganaron y que nada va a cambiar esa decisión. No hay cabeza, hay inercia. Inercia del régimen autoritario.

El secretario de Gobernación está en lo suyo: controlando la información. Queriendo sumar sin éxito suficiente a los gobernadores. Ejerciendo las presiones que puede. Sus subordinados le preparan al candidato un encuentro con sindicalistas que ni siquiera logra congregar a la CTM. Los diputados están en la celebración. El equipo de campaña queriendo navegar con los soportes conocidos del gasto ilegal en la televisión que siguen haciendo los grupos empresariales y en el diseño de una agenda que simplemente no pega. No se han dado cuenta de que el problema ya no está en las encuestas, sino en la gobernabilidad.

Los "expertos" (a la vieja usanza) se empeñan en convencer a la opinión pública de que el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación no tiene facultades para ordenar el recuento ni para anular la elección. El mensaje se presenta como profesional y objetivo. Se repite hasta la saciedad por los comunicadores del régimen y que están al servicio de las empresas.

El candidato Calderón todavía no parece haber decidido qué es lo que tiene que hacer. Su propuesta de gobierno de coalición con algunos perredistas mostró que no había entendido dónde está parado. Su idea de alianzas con el PRI le puede conseguir algunos votos en el Congreso, pero no le resuelve su problema principal: la legitimidad que necesita para ser presidente electo y presidente de la República. Su única apuesta está en que el tribunal deseche los juicios de inconformidad y declare que la elección fue válida. Que lo haga presidente electo. ¿Y si el tribunal decide otra cosa? ¿Y si decide que la elección fue inmaculada, con ello se resolverán el problema de la legitimidad y la gobernabilidad?

AMLO y quienes estamos dentro de la coalición Por el Bien de Todos, tenemos un problema: llevar a buen término la inconformidad que generó una elección que no fue equitativa, ni limpia ni transparente. Felipe Calderón y sus aliados también tienen un problema: convencer a millones de mexicanos que ganaron limpiamente la elección.

Si al final se sostiene que la elección fue inmaculada, cómo va AMLO a convencer a sus seguidores de que abandonen la protesta. Y cómo va Felipe Calderón a convencer a los seguidores de AMLO de que él es el presidente legítimo. Es una misión imposible para ambos. Aunque eso quisieran y aún si se esforzaran para ello, no lo lograrían. Sin esa aceptación, el próximo gobierno no tiene viabilidad.

El otro camino es sin duda el mejor: contar voto por voto, casilla por casilla. Es desde luego legal. Es técnicamente posible. Pero, sobre todo, sería la manera de resolver la crisis política para que el próximo gobierno tuviera las bases necesarias para gobernar.

Cuando el tifón se aproxima, alguien en el bando conservador debe ser capaz de tomar el timón en sus manos. Vicente Fox para asegurar la estabilidad. Felipe Calderón para que algunos marineros del mismo barco no intenten apoderarse de la nave.

Andrés Manuel ya ofreció una salida. Que se cuenten todos los votos. Ha ofrecido que, si eso se hace, ya no llamaría a la movilización. También que no buscaría la anulación. Es una posición seria y responsable. Está colocando a la democracia por encima de su interés por ser presidente. Debiera tomársele su palabra. La única razón para no aceptar sería que estuvieran seguros del fraude. Y si ese fuera el caso, no habrá nada que convenza a la mitad del país de lo contrario. La presidencia de Calderón sería inviable.

Diputado federal (PRD)

 
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PERFIL
 
Diputado federal por el Partido de la Revolución Democrática (PRD). Fue candidato presidencial en 2000 por el desaparecido Partido del Centro Democrático (fundado por él mismo). En 1994 fue nombrado comisionado para la Paz y la Reconciliación en Chiapas. Durante el sexenio de Carlos Salinas, fungió como secretario de Relaciones Exteriores de diciembre de 1993 a enero de 1994. Asimismo, se desempeñó como jefe del Departamento del Distrito Federal.
 
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