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En este momento se llevan a cabo tres batallas postelectorales: la batalla jurídica, la batalla política y la batalla de los medios de comunicación. Estas batallas son parte de la guerra campal en la que el ejército ganador tomará las riendas del país y en la que el perdedor tendrá sus "muertos políticos", con todo y sus viudas y huérfanos. En medio de estas batallas, todos los ciudadanos podríamos acabar siendo rehenes. Sin embargo, es importante señalar que hay grandes diferencias entre la estrategia y los objetivos de Felipe Calderón y los métodos y metas de Andrés Manuel en estas batallas. Calderón le está jugando a la institucionalidad y a las reglas del juego preestablecido. Y sus discursos y sus actos en las últimas dos semanas reflejan esta estrategia, que incluye apostar a que el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación hará una decisión legal, no política, en donde aunque se haga un conteo de voto por voto a nivel nacional no cambiará el resultado. Y asumiendo que él será el siguiente presidente, Calderón tiene que comportarse como un abogado, como un estadista y tener congruencia durante todo este proceso, porque el no hacerlo podría afectar aún más su capacidad de gobernar en el futuro próximo. Felipe en este momento trata de hacer acercamientos, crear consensos y poner sobre la mesa propuestas de cómo gobernará. La forma en que Calderón y su equipo buscan distanciarse es no comportándose como López Obrador y su equipo de asesores. La diferencia de estrategias y objetivos entre Calderón y AMLO es clara. Andrés Manuel no le apuesta a las instituciones, al contrario, sabe que la institucionalidad no le favorece. AMLO comprende que la única forma en que la vía legal le podría beneficiar sería un conteo de voto por voto a nivel nacional, no para probar un sofisticado fraude que le arrebató la Presidencia, sino para promover suficiente confusión que podría hacer casi imposible que el tribunal emita un fallo con credibilidad y jurídicamente justificable. La otra opción para AMLO sería la anulación de las elecciones que llevaría a la selección por parte del nuevo y dividido Congreso de un presidente interino. No se ha comprometido a respetar la decisión del tribunal, puesto que lo único que aceptará es que se le reconozca como el siguiente presidente o que se le permita abrir otros caminos, otros frentes aún más peligrosos. Por eso es tan preocupante la propuesta y los rumores de posibles presidentes interinos. Ya hay grupos que empiezan a apostarle a esta opción. Por eso Andrés Manuel y su equipo presentan a diario mensajes e inuendos confusos. Parecería que no tienen estrategia ni un mensaje claro. Un día hablan de un fraude cibernético, otro día hablan de un fraude mapache, a la vieja usanza, a la antigüita. Un día amenazan a Calderón y a su familia, otro día explican que sus palabras eran una amable recomendación de que el panista considere cómo lo evaluará la historia. Un día AMLO y su equipo actúan como líderes de un gran movimiento social, y al otro aseguran que son simples empleados del pueblo y que ellos harán lo "que quiera el pueblo" y no sólo deslindándose de la violencia en contra de Calderón, sino además asegurando que la culpa la tiene el mismo Felipe Calderón. AMLO está sembrando la confusión y sospecha de todos: Fox, la iniciativa privada, Felipe Calderón, el PAN, el IFE, los medios de comunicación, y miles de perredistas en las casillas que los representaron eficientemente en las elecciones federales, pero que en ese mismo día "se corrompieron, se vendieron para que le robaran a AMLO la elección presidencial". AMLO y su equipo arman una estrategia con la que buscan presionar con movilizaciones masivas, pero que cuando se salgan de control no se responsabilizarán por las acciones de sus seguidores. Caos, confusión y la no-responsabilización por su movimiento y sus partidarios es la estrategia. Ante esta óptica, AMLO y su equipo de asesores han sido bastante exitosos ante los medios, especialmente cuando se compara la estrategia más aburrida de Calderón que busca promover la mesura, la paciencia y la confianza en las instituciones. Analista política
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