|
La situación electoral, como era obvio, ha concentrado la atención de los mexicanos y ha dejado de lado importantes eventos que están sucediendo en el mundo y que tienen sus repercusiones en nuestro país. Una de ellas es que, como se esperaba, ha vuelto a fracasar la enésima reunión de las negociaciones de la denominada Ronda de Doha, realizada a principios de este mes en Ginebra, Suiza, y que se viene a sumar a los fracasos de Seattle, Cancún y otros. Uno de los principales problemas, aparejado con este último fracaso, se relaciona con Estados Unidos, cuyo Ejecutivo logró obtener el llamado proceso fast track para estas negociaciones, lo cual significa que, de tener éxito el gobierno estadounidense, ya no tendrían que pasar por la autorización de su Congreso para ser aprobadas. La fecha límite es junio del año que viene y, como se ven las cosas, difícilmente se cree que se pueda lograr algo positivo. De no llegar al acuerdo en estos meses, la situación se pondría peor, pues en el Congreso estadounidense hay muchos diputados de uno y otro partido que están en contra de esta ronda comercial. El principal problema radica en que nadie quiere perder, y si hay que hacer concesiones para que los productos agrícolas de los países pobres y emergentes lleguen con menor o nulo arancel a los países desarrollados, éstos a su vez quieren que aquéllos cedan también en la reducción de aranceles y restricciones a la importación de bienes industriales y del sector de servicios, léase entre otros los servicios educativos de todo tipo. Aunque han bajado los subsidios que los países desarrollados otorgan a sus agricultores, sus montos continúan siendo bastante elevados, en opinión de muchos. Por ejemplo, en el año 2005 el gobierno de Estados Unidos apoyó a sus agricultores con una suma de casi 43 mil millones de dólares; en la Unión Europea se les respaldó con 135 mil millones de dólares y los japoneses se gastaron casi 48 mil millones de dólares en subsidiar a sus campesinos. Los campesinos, protegidos en todos esos países, difieren ampliamente de nuestros campesinos, pues en general pueden ser considerados como miembros de las clases medias, de acuerdo con los ingresos que perciben; algo diferente a la situación de la mayoría de nuestros campesinos. México, también en el año de 2005, destinó como subsidio al campo casi 6 mil millones de dólares. A estas diferencias en los montos de apoyo se agrega el hecho de que los subsidios no siempre van a auxiliar a los más necesitados sino, al igual que en todos los países, en muchas ocasiones los más beneficiados son los productores del campo más organizados, con lo cual podríamos afirmar que la agricultura en el mundo funciona por fuera de las fuerzas del mercado, dadas las distorsiones que los subsidios provocan y que responden, entre otras cosas, a la disputa de las fuerzas políticas de cada país, dado que en todos, incluyendo por supuesto al nuestro, a la hora de las elecciones el voto campesino o de los agricultores cuenta y cuenta mucho. En el mes de noviembre próximo se cumplirán seis años del inicio de la Ronda de Doha, en la capital de Qatar, en la que participan la mayoría de los países del mundo. En esa reunión se trató el espinoso tema de la reducción de los subsidios al sector agrícola, y lo único que se logró en estos años, es que en la primera sesión hubo más de 400 puntos de desavenencia en el texto propuesto, y ahora hemos llegado, paradójicamente, a 700 puntos a discutir. Este es el estado en que se encuentra la negociación, lo cual demuestra como ya hemos mencionando, el poco o nulo interés de varios países en esta ronda. Los estadounidenses saben que tienen la sartén por el mango y presionarán hasta el último día antes de la fecha límite, para obtener las mayores ventajas. Incluso la nueva representante estadounidense en la reunión de este mes en Ginebra, la señora Susan Schwab, ofreció poner un techo de 23 mil millones de dólares a los subsidios que ellos otorgan, es decir, un poco más de la mitad respecto de 2005; sin embargo, este ofrecimiento no tuvo efecto alguno en los representantes de los países de la Unión Europea, quienes por cierto estaban más preocupados por los horarios de los partidos de futbol que por la agricultura. Al final los que pagarán el fracaso o el escaso éxito en estas negociaciones serán, para no variar, los países pobres y emergentes y, por lo tanto, los famosos compromisos del Milenio convertidos en sendas declaraciones de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) sobre la reducción de la pobreza en el mundo para el año 2015 -en donde el tema de los precios y subsidios agrícolas juegan un papel fundamental- se irán por la borda y el mundo tendrá más pobres, sobre todo en África y América Latina. Ante este panorama que pone en cuestionamiento la globalización, muchos países están optando por las negociaciones regionales como una salida a sus problemas comerciales, lo cual contribuye a que los más fuertes sean los que obtengan los mayores beneficios. Está abierta una discusión en los medios económicos sobre si estos pactos mercantiles entre dos o más países, lo único que están provocando es demostrar la ineficiencia o incluso la inutilidad de la Organización Mundial de Comercio (OMC). La realidad es que el intercambio y las negociaciones bilaterales entre todos los países crecen año con año rebasando ya la cifra de 200 acuerdos para finales de 2005, de los cuales nuestro país tiene más de 10. Lo que parece que no comprenden los dirigentes, los ciudadanos de los países desarrollados y los organismos multilaterales, más allá de declaraciones casi heroicas, es que si no hay un cambio verdadero en las relaciones entre el norte y el sur, la situación va a ser intolerable en todas partes, y por bien protegidos que se encuentren sus países y sus bienes, los pobres llegarán a ellos porque a lo único que no se puede condenar a ningún ser humano es a no comer. Y esto es lo que parece que se está cocinando en la Ronda de Doha. Analista político y economista
|