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    México contra México
Alberto Aziz Nassif
18 de julio de 2006

Durante años se ha discutido en la teoría política si lo importante para tener una democracia fuerte es una cultura política, o más bien se necesitan instituciones consolidadas. Ya hemos visto que las elecciones del 2 de julio han vuelto a actualizar esta discusión. La polémica electoral sobre los apretados resultados se puede sintetizar en dos posiciones que hoy dividen al país en dos: los que defienden a las instituciones y señalan que el proceso electoral y los comicios presidenciales se realizaron básicamente con respeto a la legalidad y dentro de los cauces institucionales. Por otra parte, se ubica otro sector de la sociedad que no acepta los resultados porque considera que se trata de una elección con muchas irregularidades e incluso con un "fraude" importante.

Mientras los que salieron arriba en el resultado defienden la institucionalidad, los que salieron abajo cuestionan a la institución y tienen una percepción general de que estamos frente a una elección que no fue limpia. Unos acusan de que se cometió "fraude" y los otros señalan que no se quiere reconocer la derrota. Se ha generado un imaginario plagado de dudas para unos y de certezas para otros.

De la misma forma en que una democracia sólo inicia en un proceso electoral limpio y equitativo, pero no se agota en ese momento, una elección no es sólo lo que sucede en la jornada de votación, sino que tiene antecedentes que la marcan. En el tono de la campaña, en el perfil de cada candidato puntero y en las ofertas de país podemos encontrar algunas claves que explican la polarización de un México contra otro México.

La estrecha legitimidad que podría tener un triunfo de Calderón en las circunstancias actuales no es sólo por pequeño margen de un cuarto de millón de votos, sino por el tono de una campaña que se armó bajo el diseño de la propaganda sucia para atemorizar a amplios segmentos de la ciudadanía. Por una serie de alianzas vergonzantes, porque si Fox llegó con el lema de "sacar al PRI de Los Pinos", Calderón, si lo confirma la sentencia del Tribunal Electoral, llegará gracias al apoyo de una parte del PRI, sobre todo por el voto corporativo del magisterio y la maniobra de varios gobernadores tricolores, así que si los panistas conservan Los Pinos será con el PRI hasta la cocina. El apoyo ilegal de los empresarios mediante los spots televisivos del Consejo Coordinador Empresarial, será un factor que gravitará sobre ese panismo.

El PAN ha cambiado de rostro y lo que un día fue un partido que luchó por la democracia, hoy es una maquinaria pragmática y burda coaligada con intereses poco legítimos. La alianza con las televisoras en la nueva ley de medios será un factor que lastimará la legitimidad de un eventual triunfo del PAN. Si sus antagonistas ubicaron al candidato panista como una derecha cerrada y excluyente, Calderón se sintió bien identificado en el esquema y no hizo nada para moverse más al centro. La oferta del "presidente del empleo" fue la cruda proyección de un neoliberalismo que no sólo no ha creado empleos, sino que ignora cualquier posibilidad de empleos bien pagados y con seguridad social. El candidato panista le dijo poco al sur del país, al México pobre, no hubo sensibilidad social; predominó un discurso sobre la competencia y el desarrollo, su oferta fue para el México del norte. Calderón, un panista del sector doctrinario, se arropó en un esquema de campaña muy golpeador. Ahora no se puede transitar de un día para otro del golpeteo feroz al maquillaje de tender la mano con artificiales discursos de cicatrización. Cuando la estrategia de los últimos dos años y medio ha tenido como objetivo la desaparición del contrario, no basta con decir ya terminó la campaña, hay un ganador y vamos a trabajar juntos.

En la otra parte, López Obrador (AMLO) está abajo en los resultados por los golpes sucios de sus antagonistas, pero también por un cúmulo de errores estratégicos y de comportamiento político. No se puede querer ganar la presidencia desde la exclusión de sectores importantes de la sociedad. Salirse del centro resultó crítico, porque perdió el apoyo de miles de ciudadanos que no vieron en el discurso de AMLO alguna referencia para sentirse representados. Esa actitud de sentirse ganador y ubicarse por encima de los demás contrincantes lo llevó a despreciar el primer debate y a no asistir a diversas reuniones con organismos empresariales. En lugar de desmontar la máscara que le ponían sus antagonistas de ser "un peligro para México", AMLO gustoso se ubicó en el lugar del peligroso y subió el tono de voz; en vez de tranquilizar a los empresarios, les dijo que no pagaban impuestos y que esos "privilegios" se terminarían. Sólo al final de la campaña, ya demasiado tarde, ya cuando las apuestas estaban sobre la mesa, empezó a decir que la economía tendría un manejo técnico y no ideológico.

El candidato de los pobres les dijo muy poco a los ciudadanos de las clases medias. ¿Por qué no repuntó en el norte del país?, Quizá porque a esa parte de México no les dijo más que "primero los pobres" y que haría un "cambio de modelo económico". Ese discurso era para su voto duro, pero para los que querían una señal de certidumbre sobre qué cambios y qué continuidades habría, no hubo mensaje, ni oferta. Sentirse "indestructible" y caer en la arenga cotidiana lo llevó a pelearse con el presidente, con las encuestas, los ricos, la derecha; abrió muchos frentes y, al mismo tiempo, hizo alianzas con oscuros personajes del viejo régimen tricolor.

AMLO está en su derecho de impugnar la elección, pero tiene la responsabilidad de conducir la protesta social sin desbordamientos. En el conjunto de las irregularidades y los errores del IFE hay una elección que necesita ser limpiada, los ciudadanos y el país están urgidos de certidumbre. Una vez que el Tribunal Electoral emita su sentencia todos los actores tendrán que acatar. Tal vez, como nunca antes en México, los ciudadanos tendremos que ajustar nuestras percepciones a la decisión jurisdiccional, porque es la mejor forma de empezar a reconciliar a los dos países que ha dejado esta elección.

Investigador de CIESAS

 
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PERFIL
 
Profesor e investigador del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS). Ha escrito libros y numerosos artículos de investigación. También ha sido docente en universidades mexicanas y conferencista en diversas instituciones extranjeras, como la Sorbona de París, la UNESCO, la Universidad de California en San Diego y el Instituto Ortega y Gasset en Madrid.
 
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