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    Renovación generacional
Jesús Reyes-Heroles G.G.
14 de julio de 2006

L os eventos posteriores al 2 de julio, detonados por una elección presidencial muy cerrada y en consecuencia bajo escrutinio e impugnación, han distraído la atención de otros resultados de la elección federal de gran trascendencia para México y su democracia. En primer término, destaca el extraordinario fortalecimiento del PAN en el Congreso de la Unión. Su bancada aumentará de 148 diputados en la 59 Legislatura a 206 en la 60; en el Senado lo hará de 47 a 52. Si bien serán las bancadas más numerosas, en ningún caso alcanzan mayoría absoluta y, por tanto, habrán de negociar incesantemente con las otras fuerzas políticas. Segundo, en términos relativos el ganador de la elección para senadores fue el PRD. En la Cámara Baja aumentó de 97 a 127 curules, y en el Senado de 15 a 29, esto es, incrementos de 31% y 93%, respectivamente.

Tercero, quizá lo más relevante, el PRI sufrió una derrota que, a pesar de haber sido anticipada por algunos, superó por mucho los pronósticos más pesimistas. Su bancada de diputados disminuirá de 203 a 103, y la de senadores, donde tenía la primera minoría con 58 senadores, pasará a ser una fuerza política con sólo 33 escaños, en ambos casos después de sus compromisos con el PVEM.

El PRI no ganó la elección para presidente en ninguno de los estados de la República, y perdió todas las elecciones para gobernador. Este redimensionamiento de la fuerza política del PRI provoca reflexiones en dos sentidos. Por una parte, aquellas que se refieren al nuevo mapa político nacional y, en consecuencia, a lo que puede esperarse en términos de negociaciones y acuerdos políticos para la gobernabilidad.

El otro aspecto se refiere a la situación del PRI, a los cambios que necesariamente habrá de hacer en materia de renovación de dirigencias, ideario y modalidades de operación. En este contexto, la elección del 2 de julio indica que el electorado le exige un cambio generacional. Felipe Calderón, el candidato que conforme al IFE obtuvo el mayor número de votos, es un hombre de 43 años, con un equipo igualmente joven. Esto tiene importantes implicaciones para el PRI, pues la precaria situación en la que se encuentra puede convertirse en una oportunidad para iniciar su tan esperada renovación, basada en un cambio generacional.

Quienes se mencionan hasta ahora como posibles sucesores de Mariano Palacios Alcocer pertenecen a la generación "madura", pero también desgastada del PRI. El mandato de la ciudadanía para el Revolucionario Institucional fue claro: caras nuevas, honestas y con planteamientos reformistas. Sólo respondiendo a ese mandato, el PRI podrá iniciar su recuperación paulatina, que podría ubicarlo de nuevo en condiciones de competencia para 2012. Por ello, es indispensable que el PRI busque a sus mejores cuadros del orden de 40 años de edad, a fin de recuperar un recurso que durante los últimos lustros ha estado desaprovechado, si no es que francamente excluido.

El cambio generacional no necesariamente debe ser súbito. Es concebible una estrategia en dos etapas. En la primera, un cuadro "maduro" que reciba el mandato de integrar un Comité Ejecutivo preponderantemente joven, y renovar las dirigencias con militantes mayoritariamente jóvenes, para en tres años contar con un puñado de buenos candidatos a sucederlo, después de la elección federal de 2009. En la segunda etapa, un PRI conducido e impulsado por una nueva generación, capaz de comunicarse y responder mejor a las demandas del electorado (del orden de 60% entre 18 y 40 años). En todo caso, para avanzar en esa dirección es imprescindible que los cuadros jóvenes participen desde ahora de manera abierta en el debate y en el proceso que desemboque en la renovación de las dirigencias. Está en los dirigentes maduros hacerlo posible. Los medios de comunicación también tienen un papel que desempeñar.

Situaciones como la del PRI no son inéditas en el mundo. El envejecimiento de los partidos políticos, que los atrapa en planteamientos anacrónicos, los aleja del electorado, y los castiga en los comicios, se ha presentado en otras latitudes. El Partido Socialista Obrero Español es referencia obligada. Cuando Felipe González perdió la presidencia frente a José María Aznar en 1996, el PSOE se dio a la tarea de revigorizarse a partir de una estrategia de espectro amplio, que atribuía importancia especial a proyectar a sus militantes jóvenes. En julio de 2000, durante el 35 Congreso Federal de ese partido, la juventud del PSOE, organizada en torno de las Juventudes Socialistas de España, al plantear su estrategia de renovación para el partido, dedicó un capítulo especial a "los jóvenes protagonistas de hoy". En su texto señala, por ejemplo, que "es una contradicción reclamar el voto joven para el PSOE y, por otro lado, limitar la participación de su organización juvenil política". También apunta que "los jóvenes han de ser incluidos en las candidaturas del PSOE en mayor medida", para referirse después "a lo que sería un pacto generacional". Para concluir, ese año la JSE planteó a la sociedad su compromiso de superar la crisis interna del PSOE como un partido fundamental para el sistema democrático; eliminar la falta de coherencia y de sinceridad entre lo que se dice y lo que se hace; devolver al electorado la confianza y credibilidad en las propuestas socialistas; e impulsar las ideas de progreso en la sociedad.

El PSOE actuó de inmediato. José Luis Rodríguez Zapatero, de 39 años, resultó electo su secretario general. Cuatro años después, en julio de 2004, Rodríguez Zapatero, al expresar su interés por reelegirse en esa posición señaló: "¿Cómo es posible que con 125 años este partido esté tan joven? Os voy a dar la receta (.), la receta es tener los pies en el suelo, la mirada alta, el corazón a la izquierda y el oído atento a lo que dice la gente. Esa es la receta para tener un partido joven después de 125 años de historia". Sería deseable que el PRI tomara esa receta.

jreyes@structura.com.mx

Economista

 
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PERFIL
 
Cofundador y presidente ejecutivo del Grupo de Economistas y Asociados (GEA), firma consultora dedicada al análisis político y económico. Entre su extensa carrera política se cuentan los siguientes cargos: embajador de México en Estados Unidos (1997-2000) y secretario de Energía durante el sexenio de Ernesto Zedillo, director general de Banobras (1994), jefe de asesores en la Secretaría de Relaciones Exteriores (1989-90) y director general de Planeación Hacendaria (1983-88). Es doctor en Economía por el Massachusetts Institute of Technology (MIT).
 
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