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La economía mexicana ha resistido sin grandes turbulencias los días de incertidumbre política suscitados desde el domingo pasado. La falta de definición oficial sobre quién será el próximo Presidente de la República no parece ser para los analistas un obstáculo difícil de sortear. Esto, según tres grandes calificadoras internacionales de riesgo, Fitch, Moody´s y Standard and Poor´s, las cuales coincidieron en que nuestro andamiaje financiero tiene fundamentos tan sólidos que podrá resistir sin mayores problemas un periodo temporal de volatilidad en el mercado, el que habrá de concluir una vez que el Tribunal Federal Electoral califique en definitiva la elección. Uno de los elementos que mejor valoran como garante de estabilidad es el monto de las reservas internacionales del Banco de México -ubicadas hasta la semana pasada en 78 mil 743 millones de dólares-, lo que consideran suficiente para contener cualquier corrida contra el peso o una súbita fuga de capitales de inversionistas que pudieran ponerse nerviosos. Las calificadoras ven al país estable y sólo esperan que las movilizaciones sociales anunciadas por lacoalición Por el Bien de Todos no devengan en episodios de violencia. Ciertamente, política y economía han dejado de depender enteramente una de otra en México, lo que revela un grado de madurez democrática de la que debemos felicitarnos, pero que también debemos proteger. La macroeconomía ha sido cuidada y fortalecida en los últimos años, precisamente para resisitir cualquier vaivén político o social. Inflación controlada, equilibrio en el déficit público y reservas históricas de divisas en el Banco de México son, entre otros, instrumentos útiles para ese blindaje económico. Según el informe que las calificadoras presentan, estamos preparados para que cualquiera de las fuerzas políticas del país asuma el poder, sin que ello signifique la inestabilidad económica de la nación. Bien. Ahora, justo será que, así como la política macroeconómica le da sustento financiero al país, también coadyuve al mejoramiento de las condiciones de vida de la población, que merece mejores oportunidades de empleo y salarios bien remunerados. No se puede hablar de forma absoluta de la fortaleza de nuestra macroeconomía, si la microeconomía no está, asimismo, fortalecida. Es decir, si el sustento cotidiano de todos los mexicanos no está solucionado. El saneamiento de los fundamentos macroeconómicos no debe ser confundido con el fin en sí mismo, sino que ése es apenas un instrumento para conducir al país al bienestar económico de las familias mexicanas. Finanzas públicas sanas que no se reflejan en los bolsillos domésticos, podrán soportar la incertidumbre política, pero no servirán de mucho a un país lleno de rezagos y exigencias que deben ser cumplidas cuanto antes. Estos también deben ser temas a considerar por las calificadoras de riesgo que hoy analizan a nuestra economía. Una buena noticia, en medio de un momento de dureza política, es algo positivo. Lo será más, si esa noticia tiene que ver con la solución de la pobreza en México.
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