|
H asta el último minuto del cómputo de la elección presidencial en los consejos distritales electorales se mantuvo la característica de estos comicios: intensamente competidos. Una grave imprevisión del consejero presidente del Instituto Federal Electoral dibujó un preocupante escenario de conflicto. Por una mal entendida eficiencia propia de un corte tecnocrático, el domingo en la noche se satisfacía con la afirmación de contar con más de 98% de las actas de la jornada en el Programa de Resultados Electorales Preliminares; sin embargo, omitió precisar que cerca de 9 ó 10% de las "actas procesadas" no habían sido capturadas para efecto del resultado preliminar. Curiosa actuación de uno de los custodios de la legitimidad que muchos han construido para la autoridad administrativa electoral, que tendía a dañar la confianza pública en la institución. Afortunadamente, no hay mal que por bien no venga, pues esa autosuficiencia mal entendida del consejero presidente puso a prueba a la institución y al propio sistema de partidos en su función de coadyuvantes en el proceso electoral. El panorama borrascoso se despejó con el desempeño de los consejos distritales electorales, que a lo largo del miércoles y la madrugada y mañana del jueves, desahogaron el cómputo de su competencia con base en las actas de escrutinio y cómputo de las casillas. Hay una buena noticia: la imprevisión del consejero presidente impactó a su persona, pero no a la institución. La estructura del IFE resistió y cumplió con su responsabilidad. Constituye un ejemplo de la calidad del servicio electoral mexicano. Pasado ese momento difícil y sin demérito de la impugnación que pueda plantear la coalición PRD-PT-Convergencia, los resultados electorales establecen que 35.88% de los ciudadanos que votaron, generan el mandato para el candidato del PAN, en tanto que poco menos de dos terceras partes del país se manifestaron por otra opción. Más allá de la cercanía en números de quienes sufragaron por el candidato de la coalición mencionada y los candidatos de la Alianza por México, de Nueva Alianza y de Alternativa Socialdemócrata y Campesina, la premisa política fundamental radica en la pluralidad de la nación. La diversidad con ausencia de una mayoría absoluta e incluso con alguna claridad, constituye la fotografía de México que se extrae de los comicios. La acentuada pluralidad que tenemos en los ámbitos económico, social y cultural, se manifestó con todo su vigor en el ámbito político. No podría decirse que la expresión de los ciudadanos ha de interpretarse como un acto consciente para abstenerse de entregar la mayoría a alguna opción. Ello no encuentra razonamiento lógico en los antecedentes y el desarrollo de la etapa que precedió al proceso, el inicio de éste y las acciones de campaña de quienes resultaron con el mayor número de votos. Se enfatizó, aún con el fuerte acento de los instrumentos públicos de que dispone el gobierno federal, en la contradicción, la polarización e incluso la confrontación. Así se manifestó la República, no para limitar mandatos, sino para otorgarlo en el sentido de sus diferencias. Conscientes o no los ciudadanos, el resultado deja un reto enorme a la clase política: postular respeto, practicar no sólo la tolerancia, sino la inclusión y hacer un verdadero ejercicio de convivencia democrática entre opciones distintas, pero que requieren de entendimientos para que no sólo haya gobernabilidad, sino también crecimiento económico, productividad y desarrollo social. Diputado federal (PRI)
|