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I ndependientemente de quién sea el ganador de la actual contienda electoral, ya hubo un resultado de gran importancia, que es el virtual empate en el número de votos de izquierda y derecha con que cuentan las dos coaliciones. Es muy posible que este saldo tenga un impacto mayor en la vida política nacional que el nombre del candidato que en breve se declarará como triunfador. Esto no estaba previsto. Ocurrió básicamente, porque por primera vez en su historia el pueblo mexicano decidió actuar en masa, tomando en sus manos su propio destino. Magnífica decisión, pero al generarse este empate se pone en evidencia la división tan grande que existe en términos políticos dentro de la población del país. Para empezar es claro que este empate llegó para quedarse, aunque, probablemente, sólo se seguirá revelando en las votaciones más significativas. De hecho surgió en forma un tanto espontánea, sin que hubiera una conciencia muy clara de esta posibilidad en el mundo de los políticos. Tan no había conciencia de esta posibilidad, que se creó el PREP, el cual causó tantos problemas precisamente por lo inesperado del resultado. La revelación de este empate estimulará a los ciudadanos a votar bien en el futuro, y a los partidos a movilizar apoyos en su favor, lo que en muchos casos terminará precisamente, en lo que desearían evitar, que es la continuación del propio empate en la Cámara de Diputados. ¿La posibilidad de este empate para las situaciones más importantes, es bueno o malo para el país? Una consecuencia obvia es que los cambios legislativos importantes sólo podrán ocurrir con el apoyo de una de las coaliciones y una fracción adicional de la otra coalición. Esto en principio implica que los cambios extremos de las leyes se harán sólo de manera muy excepcional. Esto es conveniente, aunque también puede tener consecuencias negativas. Otra consecuencia posible del empate es que, ahora, los partidos tratarán de atraer más correligionarios, lo cual es bueno porque politiza al país. Hasta podría resultar una movilización del pueblo mexicano hacia su propia mejoría. (Imagínense qué pasaría si nuestra indolencia y pachorra desaparece, no quiero ni pensarlo.) Sin embargo, si todos se movilizan, el empate persistiría, y otra vez sólo se rompería ante iniciativas y propuestas excepcionalmente convincentes. Es probable entonces que el resultado será bueno, ya que por lo general para que una iniciativa sea convincente debe implicar un beneficio para la gran mayoría. Es decir, el empate que hoy nos parece malo, quizá sea muy bueno viendo hacia el futuro. ¿Cuál será la consecuencia de lo anterior para el Presidente de la República, y para el Ejecutivo federal en su conjunto? Evidentemente, en adelante, el Presidente tendrá que tomar más en cuenta la opinión de los congresistas para evaluar las propuestas de acción que le traigan sus colaboradores, o aquellas que él mismo traiga en su coleto. No sólo eso, tendrá que establecer una verdadera colaboración con sus partidarios en el Congreso y, sobre todo, oír sus propuestas con el fin de intercambiar apoyos con ellos. Todo esto terminará por derrumbar el aspecto búnker que le han querido dar sus actuales ocupantes. Sin embargo, frente a todos estos efectos buenos que nos puede traer el empate entre la derecha y la izquierda hay un peligro, no muy cercano pero sí de una fuerte gravedad, y éste es el autoritarismo. La incapacidad del Congreso para cumplir su tarea de emitir las leyes necesarias, que puede resultar del empate entre derecha e izquierda, puede llevar al Ejecutivo a decidir actuar por su cuenta y actuar para silenciar o maniatar al Congreso. Esto lo puede intentar tanto la derecha como la izquierda. Para Obregón y Calles, la libertad del Legislativo no planteaba problema, se deshacían del opositor y punto. Ahora sería más complicado, tendrá que envolverse en un castrismo si es de izquierda, o en un neopriísmo, si es de derecha. Por fortuna ninguna de estas alternativas parece cercana. Tanto López Obrador como Calderón han dado muestras de una genuina fe democrática. Que Dios se las conserve. carlos.bazdresch@cide.edu Profesor, investigador del CIDE
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