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A nteayer miércoles, cuando el recuento puntual de actas le daba una ventaja de 2.78% a López Obrador, sus personeros soltaron en forma individual y en coro la sentencia de que "aunque ganemos, exigiremos el recuento voto por voto". Poseedores, como todos los partidos políticos, de las 130 mil y pico de las actas electorales computadas el domingo pasado, sabían bien que al final del conteo, el ganador sería Calderón. Sabían igualmente que la diferencia no sería por millones de sufragios como ha estado acostumbrada la población; no, el triunfo calderonista no sería quizás ni siquiera por centenares de miles de votos, pero sería al fin y al cabo un triunfo para su opositor. Conocedor de ello, a las 12 de la noche cuando su posición en la pantalla de cómputos descendía y el repunte de Calderón se dejaba ver, AMLO abandonó su desierta casa de campaña para dirigirse a su domicilio. La derrota era predecible. Prefirió descansar antes de dar espacio a la naturaleza de una honda inconformidad contenida. Exigir volver a contar los votos tiene un significado múltiple: primero, violar el artículo 247 del Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales, el cual establece que los paquetes sólo pueden abrirse en casos específicos. Abrirlos todos, en forma indiscriminada, representa la causa principal de anulación de toda la elección. Segundo, el proceso electoral del domingo anterior estuvo en su totalidad, en manos de nosotros los ciudadanos; 900 mil personas en las casillas observadas por miles de los representantes de todos los partidos políticos, no pudimos formar parte de ninguna conspiración contra nadie. Más tarde, todo el proceso electrónico está vigilado por decenas de controles. Tercero, volver a calificar más de 42 millones de votos equivale a sangrar a un cuerpo extenuado con tantas campañas manipuladoras y prolonga la agonía cívica en lugar de permitir la recuperación. Los políticos se caracterizan por vivir sin desperdiciar un momento en beneficio de su causa, y López Obrador tiene el derecho de buscar todos los recursos legales que le permitan tratar de paliar su derrota. Más allá de las descalificaciones proferidas contra el IFE y la ejemplar tarea voluntaria de casi un millón de mexicanos en la jornada electoral recién pasada, lo censurable no es acudir al Tribunal sino amenazar con pedir a sus simpatizantes las movilizaciones como si con gritonas multitudes pudiera obtenerse lo que no se logró en las urnas. En los momentos que vivimos, bien haría AMLO en analizar lo mucho que su partido ha ganado en número de diputados, senadores, gobierno de la capital y en lo poco que le faltó para llegar a la Presidencia. Mucho lograría si con base en todo esto, dominara la pasión inmediata y analizara, como lo hizo Salvador Allende, un auténtico progresista. Se daría cuenta del fardo que lleva en todos esos oportunistas que lo rodean y que, de modo claro, han contribuido con lo que era su mansedumbre priísta a poner a nuestro país en una oprobiosa desigualdad económica y social. ¿Piensa acaso que con ese equipo podría liberar a nuestro territorio de la insufrible injusticia en que vive la mayoría? ¿Con ellos dejaríamos atrás a la corrupción en el Gobierno del DF? Piense bien, López Obrador, en lo mucho que puede colaborar desde una oposición vigorosa. Ahí podría nacer la izquierda inteligente, moderna y efectiva que necesitamos. cremouxra@hotmail.com Escritor y periodista
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