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E l Partido de la Revolución Democrática y sus aliados en la coalición Por el Bien de Todos se enfrentan a un dilema complicado: aceptar o no los resultados de una elección presidencial que, al parecer, le da una ligera ventaja al candidato del Partido Acción Nacional, Felipe Calderón, como lo había ya previsto el PREP. Ya se ha dado a conocer el resultado del conteo del IFE, según éste, Felipe Calderón aventajó a Andrés Manuel López Obrador por 0.57%, que equivale a 236 mil 006 votos. El abanderado de la alianza Por el Bien de Todos ya anunció que impugnará los resultados y que pedirá que se cuente, que se vuelva a contar, voto por voto. Paralelamente a estas impugnaciones, Andrés Manuel López Obrador ha convocado a una "sesión informativa" en el zócalo de la ciudad de México, la cual, evidentemente, se convertirá en una manifestación de protesta contra el supuesto "fraude electoral". Ahora bien, a pesar de la convocatoria al zócalo, el Partido de la Revolución Democrática ha manifestado su decisión de recurrir a las instancias legales para impugnar una elección cuyo resultado en principio no le sería favorable. Ello, hay que decirlo, es un síntoma positivo. Hay canales legales y todo mundo tiene derecho a utilizarlos. La pregunta que está en el aire es ¿qué pasará si una vez agotados los canales legales, el triunfador es Felipe Calderón? ¿Recurrirá López Obrador a la movilización para revertir el resultado? La verdad es que si bien ésta es una opción que ronda la cabeza de muchos perredistas, no parece que llevaría a ningún lado y pondría en riesgo la propia ganancia electoral del PRD que no es para nada despreciable. Desde luego que hay grupos dentro y fuera del partido del sol azteca que estarían fascinados con la idea de una protesta generalizada que cuestione a todas las instituciones "burguesas" del Estado mexicano. Uno de los argumentos que ha utilizado el PRD para cuestionar las elecciones ha sido la actuación del Instituto Federal Electoral. Y la verdad sea dicha, a pesar del pecado de origen de este Consejo, que fue negociado entre el Partido Revolucionario Institucional y el PAN, dejando fuera al PRD, no existe evidencia de una actuación dolosa del instituto en estas elecciones. Sin duda fue un error no poner una nota aclaratoria en el Programa de Resultados Electorales Preliminares de que no se habían computado varios miles de actas de casillas que tenían inconsistencias. Aunque en principio los partidos sabían eso, lo cierto es que cualquier persona que consultara el PREP se llevaba la impresión de que ya se habían computado 90 y tantos por ciento de las actas, cuando en realidad no era así. Sin embargo, a pesar de estos errores, es difícil probar que haya habido una manipulación. A pesar de ello, han aparecido correos en internet que siembran la duda al mostrar supuestas actas de casillas, cuyos números no coinciden con lo reportado en el PREP. Y es probable que haya varios casos de ese tipo. Sin embargo, en el cotejo distrital de las actas, este problema debió haberse resuelto, pero ciertamente puede quedar la duda de que algunas actas no reportaron los datos correctos. En principio, se supone que todas las actas llevan la firma de los representantes de partidos, por lo cual no deberían existir muchos errores de este tipo. Pero el PRD insiste en que sí los hay y que habría que contar de nuevo voto por voto. Legalmente no tendría por qué hacerse eso, pero si de esa forma se conjura el fantasma de 1988, creo que es una opción que debería de considerarse, pues con ello el PRD se quedaría sin argumentos para impugnar la elección. Ciertamente, ello no desactivaría a los grupos radicales que no aceptan la derrota de ninguna forma, pero éstos ya no tendrían mucho espacio para moverse. El PRD se encuentra ante una encrucijada: utilizar sólo las vías legales o utilizar también la movilización. Paralelamente el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, se va a encontrar en otra encrucijada: aceptar o no la apertura de los paquetes y volver a contar todos los votos de nuevo. Esa opción parece innecesaria, pero ante 35% que votó por AMLO y que, con razón o sin ella, ve en cada ser humano a un conspirador, tal vez debería aceptarse este recuento, a fin de acabar de una buena vez con la tentación de la movilización contra la institucionalidad. Claro, si al final resulta que sí ganó Calderón, lo que tendría que hacer El Peje es disculparse por todas las molestias causadas. Mínimo. jorge.chabat@cide.edu Analista político e investigador del CIDE
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