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Si bien es un hecho que el PRI perdió la elección presidencial del pasado 2 de julio y que, incluso, vio su pujanza menguada en ambas cámaras del Poder Legislativo, es importante señalar que mostró una vez más sus 10 millones de votos duros, lo que equivale a aceptar que, aún perdiendo, el PRI sigue siendo una fuerza absolutamente significativa en la vida nacional. Tanto así que hoy por hoy 54% de la población mexicana es gobernada por este instituto político. Las razones para explicar por qué perdió el PRI en estas elecciones son de muy diverso tipo. Para empezar, debe recordarse que la designación de Roberto Madrazo como candidato oficial a la Presidencia por la Alianza por México, conformada con el PVEM, fue bastante accidentada. Venía de ser el presidente de un PRI que ganó elecciones a todos los niveles, reflejadas en 17 gubernaturas, mil 002 presidencias municipales que equivalen a 60% del total, 60 senadores, 224 diputados federales, 504 diputados locales que lo ubicaban como mayoría en 23 congresos estatales, y 5 mil 448 regidurías. Todo ello, sin embargo, le ganó algunos enemigos tanto dentro como fuera del partido. El principal adversario de Madrazo al exterior del partido fue el gobierno federal que no escatimó recurso alguno para desacreditarlo, filtrando información y poniendo a los medios y a parte de la ciudadanía en su contra. Al interior del PRI, Madrazo debió enfrentar, en primer lugar, su conflicto con Elba Esther Gordillo. En segundo, la corriente que se formó en su contra, el Tucom. En tercero, la renuncia de Arturo Montiel, su principal contendiente. En cuarto, el aplastante triunfo de su candidatura en la pelea en la que se empeñara el precandidato Everardo Moreno y que causó un desgaste innecesario. En quinto, la falta de recursos financieros para sufragar desde el gasto corriente del partido hasta sus elecciones internas, debido a la multa de mil millones de pesos que, además de la enajenación de sus inmuebles, debió enfrentar el PRI como consecuencia del que se denominó el Pemexgate. En sexto, una precampaña preñada de incidentes, ataques e injurias atribuidos a seguidores de quien fuera su compañera de fórmula en la búsqueda por la dirigencia del partido, los cuales acabaron constituyendo su propio instituto político, mismo que al final le restó votos al PRI. Por último, una serie de deserciones reales y virtuales, pero que en el conteo definitivo hicieron su daño. Sin embargo, soy de las que creen que no todo fue naufragio, como en el poema de Pablo Neruda. No se trata sólo del reconocimiento de errores propios y ajenos, sino de lo que puede hacerse de aquí en adelante. Cierto, Roberto Madrazo Pintado tardó en ocupar su nicho de centro progresista. El segundo debate, realizado el 6 de junio, a menos de un mes de las elecciones, lo encontró bien posicionado entre una derecha fundamentalista y una izquierda violenta. La primera apoyada además, descaradamente, por el gobierno federal que en los cinco meses anteriores habría difundido 456 mil 375 spots ensalzando su obra y a su candidato, con un costo de casi mil 710 millones de pesos. En los días que siguieron al último debate, Madrazo, que los había sugerido e impulsado, trabajó sin descanso la línea de la conciliación, del diálogo, de la construcción de una nación a partir de posibilidades y no de promesas inviables como las de AMLO o entreguistas como las de Calderón. Mentira parece, pero en una campaña tan larga y tediosa como la que enfrentamos, paradójicamente al final a Madrazo le faltó tiempo para convencer acerca de la importancia de ese centro incluyente que acabó dispersando el voto porque el desconcierto y la desconfianza generados por las riñas y las descalificaciones constantes de la derecha y la izquierda, lejos de llevar al ciudadano medio al voto razonado, centrado, lo llevó a un extremo a fin de repudiar al otro. Sin embargo, la tesis sigue siendo válida y puede convertirse en un importante vehículo de expresión parlamentaria. Ser el fiel de la balanza no es, en modo alguno, un papel menor. Significa construir, acercar, tender puentes e insistir en que la nación viene primero. Secretaria general del CEN del PRI
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