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Aunque se nos quedó pendiente la elección de Presidente, todas las demás ya están claras. Ya sabemos, con cierta exactitud, cómo estará la Cámara de Senadores y la de Diputados, y ya sabemos los resultados en los estados que tuvieron su elección local. En la suma, creo que no podemos menos que festejar una gran jornada, de mucha, y buena, participación. Prácticamente sin incidentes relevantes, votamos 40 millones de mexicanos, que no son pocos si consideramos que no hay, en realidad, obligación de hacerlo. Además de ello, debemos reconocer el gran esfuerzo de cosa de un millón de mexicanos que estuvieron cuidando las casillas, y que alimentaron al PREP de manera muy eficiente. Lo cerrado de la elección presidencial impidió tener un resultado claro en las encuestas de salida y, por razones que siguen siendo oscuras para mí, el IFE decidió no presentar su conteo rápido a las 11 de la noche. Espero que, en unos días, no sólo sepamos quién ganó, sino qué resultados tenía el IFE y por qué no los presentó. Mientras eso ocurre, seguiré pensando que el anuncio del PRI de que no aceptarían ese resultado fue la razón que hizo dudar al instituto, y seguiré apesadumbrado por ello. Pero creo que los resultados que sí tenemos nos permiten ya empezar a sacar conclusiones de lo que los mexicanos quieren hacer, y del tipo de cambios que necesitamos para que nuestra vida política sea más fluida y estorbe menos las otras actividades que tenemos que hacer. Aunque los políticos se ganan el sustento en ese trabajo, para los demás resulta un costo, a menos que nos facilite la existencia. Y en este momento, y desde hace ya nueve años, no ha sido así. Lo primero que creo que debemos notar es el derrumbe del PRI. En este espacio lo habíamos comentado desde hace tiempo, porque resultaba muy evidente. De acuerdo con el PREP, que es un dato oficial, el PRI gana sólo: Campeche, Quintana Roo y Sinaloa, y disputa muy de cerca con el PRD un cuarto: Chiapas. El partido que hace 20 años tenía el Senado completo, hoy apenas tendrá 37 de los 128 senadores, ni una tercera parte. De los 300 diputados de mayoría relativa, que hace dos décadas ganaba casi por completo, hoy apenas tendrá 58, que se sumarán a los de representación para que el PRI tenga una bancada de 113 diputados, ni una cuarta parte de la Cámara, en un claro tercer lugar. Si a esa contracción de este partido sumamos la gran diferencia en objetivos y prácticas políticas entre los grupos a su interior, creo que se confirma que hay grandes presiones internas para que el PRI desaparezca, o se transforme de una manera integral. No me cabe duda que habrá también presiones externas, en cuanto se defina al ganador de la Presidencia y empiece el proceso de negociación para construir una mayoría legislativa. Sigo pensando que esta elección termina el proceso iniciado en 1986 de recomposición de las fuerzas políticas, y que ha mostrado con toda claridad que las reglas que tenemos no dan más. Necesitamos un marco institucional más adecuado a lo que la población quiere. No es justo que 40 millones de personas se esfuercen al máximo para participar democráticamente, y que las reglas no nos permitan reflejar ese esfuerzo en decisiones. Es necesario reconocer que el esquema presidencial no es útil para México, y mucho menos en las condiciones actuales. Es necesario aceptar que un formato semiparlamentario nos ayudaría mucho a resolver la parálisis de los últimos nueve años, abriría el espacio para la mejor participación de fuerzas políticas, liberaría a muchos políticos que hoy están en partidos que no les gustan, en suma: nos permitiría reflejar mejor lo que los mexicanos quieren. A pesar de que, durante su sexenio, Vicente Fox no logró mucho, me parece que tiene ahora una oportunidad que no debe desaprovechar. Creo que es momento de llamar a las fuerzas políticas a discutir una nueva estructura institucional, más allá de conflictos personales o disputas ideológicas. No se trata de cambiar o no el modelo económico, que los votantes no tomaron una postura clara en ese sentido. Se trata de darle a México un marco de reglas más adecuado. Con base en esas reglas, las discusiones sobre la economía serán mejores y podrán reflejar lo que los mexicanos quieran. En esas reglas nuevas está la posibilidad de conciliar, trabajar juntos y movernos hacia delante. macario@macarios.com.mx Profesor en la EGAP del ITESM-CCM
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