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    Revulsión
Ramón Cota Meza
04 de julio de 2006

Al margen del resultado electoral de anteayer, anotamos una experiencia compartida por muchos: la contienda pareció interminable, omnipresente hasta parecer obscena, como si no tuviéramos otros asuntos de qué ocuparnos. Es notable la cantidad de personas que manifestaron tal opinión, incluyendo a muchos expertos que en el último tramo de la carrera admitieron no tener más estómago para digerir el espectáculo. El término revulsión, que los analistas financieros usan para designar el retiro de los especuladores hartos de especular, viene al caso.

Las campañas son muy largas, costosas y abrumadoras por la misma razón que las autoridades electorales son tan monumentales y tan celosas de su función hasta pasarse de la raya. Por ejemplo: arrogarse la exclusividad de promover el voto (algo que es un derecho ciudadano), discriminar mensajes propagandísticos (algo que atenta contra la libre discusión) y afirmar "derechos" de militantes disidentes contra sus propios partidos (algo que atenta contra la unidad de acción de las organizaciones políticas).

La política está excedida en todas sus manifestaciones porque su libre ejercicio compensa vicariamente la orientación económica dictada por poderes externos y aceptada por sus aliados locales. Obsérvese la desproporción entre el esfuerzo destinado a comentar asuntos políticos y el destinado a documentar y analizar el resto de los temas. Por ejemplo, la actitud de la opinión pública ante el conflicto minero. Se ha llegado a decir que el problema se debe a que la transición política no liquidó al corporativismo. En la noche democrática todos los gatos son pardos.

¿Qué mejor evidencia de exceso político que la elevación del árbitro electoral al rango de héroe? Una competencia en la que el árbitro es el muchacho de la película no es muy emocionante. Estamos como en el Mundial de Futbol, donde los árbitros están más activos que los jugadores. Así sucede con muchos expertos, que tienden a sobreactuar su papel para compensar su sensación de inutilidad ante su cada vez más reducida área de competencia. Tal exceso revela un impulso de afirmación existencial sublimado en acciones públicamente trascendentes.

Al sobrecargar artificialmente sus funciones, nuestros políticos y funcionarios creen también estar satisfaciendo las expectativas externas sobre el país. En este punto casi superamos a España, cuyos políticos, jueces y burócratas parecen escenificar una adaptación de Las Cruzadas en la era del estado de derecho. El consejero presidente del Instituto Federal Electoral, Luis Carlos Ugalde, al tomar conciencia de la grave responsabilidad que lo aguardaba, empezó a entonar un dejo más decidido que el de sus primeras intervenciones. Superó la afectación académica con el estilo mandarín.

Esperamos no dejar la impresión de estar contra la existencia de autoridades autónomas que organicen, vigilen y califiquen la competencia política. La fórmula ha probado ser eficaz para garantizar la transmisión pacífica del poder político, pero las autoridades electorales propenden a arrogarse funciones que no les corresponden, aprovechando el vacío dejado por el desgaste de los partidos políticos. Naturalmente, son las primeras interesadas en que las campañas y los intríngulis electorales sean tan prolongados y complicados a fin de justificar su intervención.

La desmesurada relevancia de las instituciones electorales no es ajena a la proliferación de agencias autónomas de los poderes constitucionales, cuyas autoridades ocupan sus cargos por periodos más extensos que los de las autoridades electas. Y como hablan un lenguaje extraño para el común de los mortales, aparecen como jueces inapelables de asuntos que afectan a todos sin el riesgo de ser llamados a cuentas. El diseño de tales agencias es caldo de cultivo para la germinación de intereses personales y empresariales disfrazados de neutralidad científica.

No hace falta clarividencia para entrever que uno de los mayores problemas del próximo gobierno será la disputa de competencias de los poderes constitucionales con las agencias autónomas. El poder presidencial se ha erosionado más de la cuenta en un país históricamente presidencialista.

blascota@prodigy.net.mx

Analista político

 
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PERFIL
 
Analista político. Colabora en EL UNIVERSAL y en la revista Letras Libres. Asimismo, es copyeditor en inglés y español, traductor y guionista de televisión.
 
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