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La democracia es engorrosa. Es embarazosa. Es molesta. Ocasiona sensaciones desagradables y obliga a hacer esfuerzos no deseables y en ocasiones innecesarios. Es veleidosa, inconstante, mudable. Es impúdica. Se deja acariciar por todos. Pero no se entrega fácilmente. Si la engañan, al darse cuenta se torna iracunda. Como la hermosa pastora del Quijote , es fuego apartado y espada puesta lejos. "A los que he enamorado con la vista, los he desengañado con las palabras y si los deseos se sustentan con esperanzas, y no doy esperanza exclusiva a nadie, que nadie me llame falsa. "Quéjese el engañado, desespérese aquel a quien le faltaron las prometidas esperanzas, confiese el que yo llamare, ufánese el que yo admitiere, pero no me llame cruel aquel a quien yo no prometo, engaño, llamo, ni admito. Tengo libre condición y no gusto de sujetarme; ni aborrezco a nadie; no engaño a éste ni solicito a aquel...". La democracia es lenta. El gobierno por concordia, por consenso, que vislumbraron en mayo de 1789 los representantes del tercer estado: los campesinos, los artesanos, patronos u obreros, todos los pobres que vivían de un quehacer u oficio manual, convocados a París para reunirse con los demás Estados Generales, llegó a Francia un siglo y 20 años después. Napoleón Bonaparte perpetró la primera restauración del viejo régimen cuando invitó a los Borbones, que habían huido, a gobernar con él. La Constitución del año VIII, bajo apariencias republicanas, restablecía el régimen monárquico que conduciría al imperio instaurado por el Senado, el cual decretó el 18 de mayo de 1804 que "el gobierno de la República es confiado al emperador Napoleón". Esa Constitución fue aprobada con 3 millones 500 mil votos a favor y tan solo 3 mil en contra. A partir de 1815, el Congreso de Viena entronizó a tres reyes Borbones más: Luis XVIII, Carlos X y Luis Felipe -de la Casa de Orleáns-. Sus regímenes desembocarían en 1848: la restauración de linaje Bonaparte. Luis Napoleón suprimió la Asamblea Nacional con el poder que le dieron 5 millones de votos. Y se convirtió en Napoleón III, emperador de los franceses con 7 millones de sufragios. Se quedó en el trono hasta 1870. En Inglaterra, la República de Oliver Cromwell vivió sólo cinco años. La República holandesa al cumplir 12 años la derrocaron los príncipes de la casa de Orange. En las primeras decenas del siglo XX llegan al poder con los votos de remedos democráticos Benito Mussolini en Italia y Adolfo Hitler en Alemania. Francisco Franco llega a España mediante la exterminación de la República. El Saibatsu se adueña de Japón al inicio de los años 20. Los empresarios nacionalistas y creyentes, los militares de altísimo rango, las élites políticas y la alta jerarquía eclesiástica de los cuatro países, desatan la Segunda Guerra Mundial como lo hicieron en la primera parte de ese conflicto. La democracia tarda en llegar. Es conveniente seguirla enamorando, cortejando. Es indispensable no sentirse despreciado ni incomprendido por ella. Es tarea de todos conquistarla, seducirla, para que no se nos vaya. Para ello es menester la prudencia, la concordia, la sintonía de corazones. Profesor de la FCPyS de la UNAM
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