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El IFE ha organizado ya tres elecciones presidenciales confiables, transparentes y fuertemente vigiladas. Después de 1996 en que alcanzó la plena autonomía, el IFE ha ratificado sistemáticamente la confianza del electorado en su capacidad para organizar comicios abiertos, competidos y creíbles porque cuenta con reglas hechas para combatir la desconfianza. Cada eslabón del proceso electoral está diseñado en el Cofipe y asentado en procedimientos probados que en cada nueva elección son perfeccionados a partir de la experiencia acumulada. Así, desde la construcción del padrón electoral, pasando por la ubicación de más de 130 mil casillas para acercar el lugar de la votación a los electores, hasta la capacitación, en un primer momento, de cerca de 4 millones de ciudadanos y en uno segundo de más de 900 mil, para lograr que los funcionarios sean vecinos seleccionados al azar y entrenados para recibir y contar escrupulosamente los votos, las tareas que realiza el IFE están asentadas en rutinas institucionales muy aceitadas y afinadas. La institucionalidad de la autoridad electoral descansa tanto en las normas que la han regulado desde hace diez años, como en los propios procedimientos que ella misma ha ido elaborando para que la organización de los comicios sea ejemplar en transparencia y equidad. Esto ha llevado a que el IFE sea reconocido por los ciudadanos y por los distintos actores políticos como la voz autorizada para determinar los resultados electorales, tanto en su fase preliminar de los conteos rápidos y el PREP, como en la del cómputo oficial en cada uno de los 300 consejos distritales. En términos de organización, la jornada electoral de este 2 de julio fue todavía mejor que la anterior, pues se logró instalar prácticamente la totalidad de las casillas y no hubieron incidentes de importancia, sin embargo, la gran novedad fue la muy estrecha diferencia entre la votación de los dos candidatos delanteros. A diferencia de lo que sucedió en las dos elecciones presidenciales anteriores en que la ventaja entre el ganador y su más cercano seguidor fue contundente, en esta ocasión, el virtual empate impidió que el consejero presidente del IFE pudiera declarar triunfador la noche misma de la elección, con lo cual hubiera cancelado cualquier tentación de cuestionamiento al desarrollo de los comicios. El problema ahora no estuvo en el conteo rápido elaborado por el propio IFE y coordinado por un grupo de expertos de talla internacional, tampoco tuvo que ver con presiones de actores políticos interesados en jugar con el tiempo, porque el bien supremo para el IFE es la certeza. La declaración de Luis Carlos Ugalde sólo puede obedecer a lo cerrado de los resultados arrojados por el ejercicio muestral. Aún en la mañana del 3 de julio, cuando el PREP arrojaba el cómputo de 96% de las casillas, lo cerrado de los resultados obligaba a la autoridad a esperar al recuento de todas y cada una de las actas en los consejos distritales. Es en este espacio en donde, a partir del próximo miércoles habrán de determinarse los resultados oficiales de la elección, pero ahí también habrán de recogerse las impugnaciones que se presenten por eventuales irregularidades detectadas por los partidos políticos, las cuales serán remitidas a la sala competente del Tribunal Electoral. Una vez que en cada consejo distrital se concluya el cómputo de la elección presidencial, se harán públicos los datos y el tiempo en que esto ocurra dependerá de las demandas fundadas de recuento de votos que tengan los partidos. Ahí mismo arrancará la fase jurisdiccional del proceso electoral que, en esta ocasión, precisamente por lo cerrado de la competencia, promete ser muy recargado, a diferencia de hace seis años en que sólo hubo dos impugnaciones en la elección presidencial La jornada electoral del domingo fue ejemplar en organización y en respuesta de los ciudadanos. El empate, en cambio, genera un contexto de incertidumbre, pues los procesos de revisión pueden extenderse hasta la primera semana de septiembre que es la fecha límite para que la Sala Superior del Tribunal declare presidente electo. Está claro que un lapso tan largo, en un contexto político tan polarizado, es inconveniente porque se presta a especulaciones y suspicacias. No obstante, los ejemplos de elecciones locales fuertemente reñidas ayudan a documentar nuestro optimismo, porque a lo largo de los últimos diez años, los partidos perdedores han reconocido sistemáticamente las sentencias del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación.
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