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Después de vivir la euforia de las elecciones, en las que todo México se erigió en una gran asamblea para determinar la voluntad del país y constituir a dos de los tres poderes del gobierno mexicano (Ejecutivo y Legislativo), existe una profunda incertidumbre por lo cerrado de la contienda en la elección presidencial. Al contar con los resultados definitivos, tendrá que venir la alegría y la tristeza de ganadores y perdedores. Incluso, no descartamos que existan impugnaciones ante el Tribunal Federal Electoral. Sin embargo, cualquier impugnación debe estar debidamente fundamentada, de lo contrario se verá como una pretensión de modificar la voluntad del pueblo mexicano. Después de asimilar lo anterior, se darán diversas señales de lo que será el próximo gobierno. Los contendientes políticos empezarán a ocupar sus respectivos lugares, todos con un único propósito en el que han coincidido: el bien y el desarrollo de nuestro país. Empezar un diálogo entre ellos, en ese momento, será difícil. No obstante, después de una elección tan disputada, todas las fuerzas políticas tendrán que mandar señales de concordia, pero nunca de complacencia. La diferencia es clara. Unidos por el mismo propósito tendrán que trabajar de manera honesta, decidida y apegada al principio de legalidad. Estos principios exigen uno fundamental: la buena fe. Estos fundamentos son contrarios a las conductas que ya no aceptaremos de deshonestidad, ignorancia, arbitrariedad y mala fe. La complacencia implicaría adulación, acuerdos en lo oscurito, acuerdos tácitos, simulación y demás acciones que inhiban la actuación del gobierno. Así hemos vivido muchos años, pero no lo haremos más. Ganadores y perdedores, incluyendo políticos y sociedad civil, deberán estrictamente apegarse al principio de legalidad. Así, como en toda democracia, todos vigilaremos el cumplimiento del orden jurídico y compromisos asumidos. Se trata de una corresponsabilidad de todos. Después de las señales de concordia, vendrá otra señal: la selección de los colaboradores más cercanos. La personalidad, reputación y la claridad en el actuar pasado de los individuos más cercanos a los titulares del poder, nos darán una idea de cómo se avecina el próximo gobierno. Dichos colaboradores deberán estar ubicados en las posiciones correctas en las que puedan, de manera eficaz, generar buenos resultados que tanto necesitamos. Encontraremos una tercera señal en las propuestas concretas que presenten los futuros gobernantes y cómo los grupos políticos buscarán consensos. Es falso que la posibilidad de llegar a consensos políticos quede en manos de uno de los poderes. Todos los poderes del gobierno son políticos, por ello todos deben buscar consensos. Cualquier acción de bloquear reformas necesarias para el país por parte de algún grupo político, se reduce a la mezquindad personal y política que ha caracterizado a este gobierno. Mexicanos de muy alta calidad moral han puesto ejemplos importantes en contra de lo anterior. Frente a un interés legítimo para impugnar las elecciones de 1988, el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas llamó a la concordia y a aceptar los resultados. Vale más la sangre de los mexicanos, recuerdo que fue su mensaje. De este recuerdo, pudiéramos decir que esa actitud debe regir nuestra vida democrática. No debemos sacrificar la sangre de los mexicanos con falta de oportunidades en salud, educación, trabajo, progreso moral, social y económico. Debemos cambiar nuestra mentalidad para ya no ver a un pueblo postrado frente a sus gobernantes, sino a un pueblo exaltado en el deseo ordenado de vivir para procurar el bien de los otros con plena confianza en que sus gobernantes pondrán el ejemplo. Hago mis mejores votos para que aprendamos de esta elección y empiece lo antes posible la dinámica del nuevo gobierno. labarra@bma.org.mx Miembro de la Barra Mexicana, Colegio de Abogados, A. C.
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