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Ejemplar jornada electoral vivió el país el domingo. La participación fue copiosa, no hubo incidentes mayores y la gente expresó sin coacciones ni limitaciones sus preferencias por los candidatos que disputaron diversos puestos de elección popular. La democracia mexicana está madurando; tenemos instituciones electorales con alto índice de credibilidad, y aún cuando fue una campaña en que dos candidatos a la Presidencia se dedicaron a lanzarse lodo y a polarizar a la población, en ningún momento se puso en duda la imparcialidad y el apego a la ley que mostró el IFE. La organización de la elección merece aplausos; los miles de observadores nacionales e internacionales que vigilaron la limpieza y transparencia del acto comicial expresaron su satisfacción por el profesionalismo de los órganos electorales y la concurrencia de los funcionarios de casilla que fueron ciudadanos debidamente capacitados. El programa de resultados preliminares arroja ya tendencias claras, aun cuando los resultados definitivos los conoceremos hasta mañana, una vez que se hayan computado los 300 distritos electorales y sea posible realizar una sumatoria para cada uno de los diversos procesos que se llevaron a cabo. El lapso de espera que ahora vivimos debe servir para aquilatar la seriedad con que el IFE manejó el proceso y realiza hoy un cuidadoso conteo. Corresponde a los partidos políticos y a los candidatos fortalecer las instituciones ciudadanas, aceptar los resultados de la autoridad electoral sin cuestionamientos que despierten dudas o revivan enconos. Llegó el momento de unificar a las diversas fuerzas políticas en torno de objetivos comunes; es necesario cerrar la brecha que se abrió durante las campañas para facilitar acuerdos y propiciar la realización de las reformas que el país requiere. No podemos darnos el lujo de tener seis años más de parálisis por falta de pericia para construir mayorías. El próximo presidente y su partido serán los primeros obligados a tender puentes que permitan la reconciliación de los mexicanos representantes de todos los intereses, ideologías y credos. La estabilidad de los mercados requiere que conozcamos los datos duros y que aceptemos los números que proporcione el IFE sin regateos que pongan en peligro la confianza de inversionistas nacionales y extranjeros y que se propicie la volatilidad. La cerrada competencia entre dos de los candidatos presidenciales con proyectos de nación distintos habla de la división existente en la sociedad mexicana. El próximo gobierno tendrá que aceptar que más de la mitad de los electores votaron contra él y realizar una gestión sin prepotencias ni autoritarismos, apegado a derecho, con congruencia, sin resbalones ni frivolidades, con una política interior que propicie la inversión y generación de empleos bien remunerados y frene la copiosa migración que se incrementa año tras año, a pesar de muros y redadas; debe darle un rumbo claro a la política exterior, sin los tumbos que han caracterizado a la actual administración, rescatar el prestigio de México que sufrió una considerable merma tanto en América Latina como en los Estados Unidos y en la Unión Europea. Es momento de mostrar madurez, de aceptar el sentido de la voluntad de la mayoría de los mexicanos de gobernar con los más aptos sin importar banderías. Los ciudadanos dieron una lección de civilidad y de confianza en sus instituciones electorales. No reabramos el encono de la sospecha. Cerremos la puerta al odio y a la descalificación. A nada nos conduce que dos candidatos se autoproclamen vencedores; esperemos unas horas más para saber quién es el verdadero triunfador. No convirtamos el estrecho margen que separará al primero y segundo lugar en pretexto para la desestabilización, la impugnación y la judicialización de la voluntad ciudadana expresada en las urnas. No hay pretexto para dudar del profesionalismo del IFE; por el contrario, sus funcionarios y servidores públicos dieron ejemplo de entrega y sensatez. Hagamos honor a la palabra empeñada, demos ejemplo a nuestros jóvenes y niños de que sabemos resolver nuestras diferencias civilizadamente; mostremos que tenemos instituciones a la altura del reto que significan elecciones competidas con una lista nominal de electores de más de 70 millones. Nadie debe reclamar un voto más de lo obtenido en las urnas ni inventar pretextos que nos conduzcan a otras instancias de decisión. La elección fue limpia, pacífica y tranquila. Así debe pasar a la historia. Diputado federal (PRI)
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