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Cuando este país era un paraíso y los perros se amarraban con longaniza, a nuestros padres de la patria les importaba un comino lo que pensaran de ellos, mientras la comunidad mexicana obedeciera y callara a la usanza del Virreinato, a cambio de canonjías, subsidios, embutes y demás artilugios del populismo paternalista y corruptor, que mantuvo al país en paz hasta que los fondos públicos y las riquezas nacionales ya no alcanzaron para mantener con solidez a la "dictadura perfecta". Esa crisis, que comenzó a dar señales ominosas, llevó a las burocracias exquisitas a recurrir a las encuestas para saber qué tanto abominaban de ellas y en dónde debían cuidar los flancos de su autoritarismo para lograr su permanencia en el olimpo gubernamental; y por tal motivo se abrieron las puertas a los herederos directos de los oráculos y de los augures de la antigüedad, que en lugar de despanzurrar pollos para leer en sus vísceras el futuro de algún prócer, ahora usaban los instrumentos mágicos de las computadoras y los teléfonos, más el arma secreta del interrogatorio masivo, para así penetrar en lo profundo del ánimo popular. Los encuestadores muy pronto se dieron cuenta de que a esos caciques petulantes no se les podía decir la cruda verdad sobre repudios y rechazos porque se corría el peligro inminente de perder el favor celestial de unos tiranuelos de opereta, que finalmente sólo aceptaban oír los halagos que exaltaran sus frágiles y retorcidas personalidades. Por ello, los nuevos hechiceros decidieron disfrazarse de bufones cortesanos, para así explotar a esos ególatras, que al recibir la información falseada no percibieron el odio que estalló en el movimiento del 68 y el rechazo que siguió multiplicándose en las sucesivas explosiones sociales que se apagaron con sangre o con billetes, hasta que la modernidad fue incontenible, surgiendo así la catástrofe del año 2000, en que la gallina de los huevos de oro fue decapitada para dar lugar al nuevo milenio y a esta democracia, que ahora tiene en ascuas a las buenas y a las malas conciencias, junto con atracadores y bandoleros, que no acaban de discernir lo que nos habrá de ocurrir dentro de las próximas horas. En este contexto tan complicado, y salvo honrosas excepciones, los brujos de las encuestas han manejado las ambiciones y la lucha por el poder en una alianza de inmensos frutos que comparten con medios y publicistas para subir y bajar popularidades, según se vayan recibiendo los fondos públicos, privados y de toda naturaleza, en una sangría implacable en la que aquel que se atreva a detener los pagos multimillonarios aniquilará su popularidad en la misma proporción, para que finalmente dichas encuestas se vayan acercando a la realidad y al verdadero sentir de la mayoría de los mexicanos, y así los encuestadores no vayan a ser acusados por sus antagonistas o devotos de haber sido unos explotadores o unos viles chantajistas que se treparon en las compulsiones por el poder para exprimirlas hasta sus límites. Una vez que el próximo holocausto electoral aniquile a casi todos los contendientes, para que surja el ave fénix del gran poder; los merlines de las encuestas y sus socios, los comunicadores y los publicistas, volverán a aparecer tocados de oro y plata para bailar la danza de los siete velos frente a las nuevas ambiciones, que en ese mismo instante habrán de aparecer. editorial2003@terra.com.mx Doctor en Derecho
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