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Alberto Aziz Nassif
27 de junio de 2006

Mañana llega a su fin esta larga campaña, 161 días de un proceso que ha dejado saldos importantes en el país. Han aflorado, como pocas veces, las divisiones y la polarización. La sociedad tiene expectativas ambivalentes: por una parte, el hartazgo de tantos meses de spots de radio y televisión, en donde predominó un mensaje de guerra sucia, lo cual genera una fatiga enorme; por la otra, el fin de un proceso electoral rodeado de incertidumbre sobre quién va a ganar. Sin embargo, a unos días de las elecciones hay una mayoría definida y con la expectativa de que su voto será por el triunfador.

Los procesos sociales no tienen pausas, y en este caso ha sido evidente que tenemos por lo menos tres años de un pleito que parece no terminar, por eso el país llega exhausto a las elecciones del próximo 2 de julio. Cuando contabilizamos los antecedentes vemos una prolongada confrontación que estrujó a la sociedad: 2004 fue el año de videoescándalos; el 2005 fue el del desafuero y 2006 la polarización electoral. El enfrentamiento era inevitable, pero su forma actual surge de las reglas del juego de las campañas: el modelo de financiamiento público de los partidos y el esquema de acceso a los medios masivos. Estos meses de campaña son como si hubiéramos colocado a un grupo de cinco niños beligerantes en una pequeña casa de cartón y a cada uno se le hubiera dado una caja de cerrillos; era prácticamente un hecho que en algún momento alguien empezaría a prender fuego.

La campaña que termina mañana nos quiso regresar a 1994, al voto del miedo, a los candidatos y proyectos que se presentan como la polarización entre izquierda y derecha, entre cambio y continuidad, entre "un peligro para México" o la derecha corrupta que quiere mantener los privilegios de las élites. La intolerancia del spot inundó el clima político y la campaña se convirtió en un cuadrilátero asfixiante. Las etapas del proceso cambiaron varias veces en las preferencias electorales como una respuesta directa a las estrategias de "guerra sucia": primero AMLO dominó la ventaja (enero-marzo), luego Calderón subió y se colocó en primer lugar (abril-mayo), más adelante se empataron las preferencias (primeros días de junio) y ahora la final tenemos un escenario cerrado: de 13 encuestas, ocho le dan una ventaja a AMLO con un porcentaje que va desde 32% hasta 36% (Parametría, GCE, Indermerc, Milenio, U. de G., Mitofsky, Reforma, EL UNIVERSAL), cuatro le dan ventaja a Calderón con números que van de 34% a 39% (Arcop, Zogby, Alducin y Gea-Isa) y una mantiene el empate en 34% (BGC). En lo que sí coinciden las 13 encuestas es en el tercer lugar para Madrazo.

En el año 2000, a unos días de la elección, la mayoría de las encuestas indicaban que Labastida estaba arriba y sólo unas cuantas señalaban que Fox tenía ventaja. El próximo 2 de julio el escenario puede ratificar la ventaja que tiene AMLO y ganar la elección con una cómoda diferencia, como sucedió hace seis años. Sin embargo, también puede suceder lo contrario a través de dos mecanismos, uno sería porque el grupo de indecisos, 12% según Reforma, vaya por Calderón, un voto más de corte conservador, y el otro por un cambio en las preferencias en la segunda opción de voto de los priístas, que de acuerdo con EL UNIVERSAL es de 29% por Calderón y sólo de 16% por AMLO. En suma, todo indica que llegamos al final con un resultado incierto.

El tramo final de la campaña permite que se pierda la prudencia, se agudice la confrontación y se lastimen las reglas del juego. La cantidad de spots es para aturdir al auditorio. Los organismos empresariales le han entrado al juego de los spots con un discurso similar al panista; la Iglesia católica también presiona y se ubica en el escenario electoral. Los focos rojos se encienden, la confrontación en Oaxaca es preocupante, sobre todo porque se ha radicalizado el movimiento y se amenaza al proceso electoral; los sindicatos de la UNT han decidido hacer una huelga a partir de mañana para defender al polémico dirigente de los mineros; el presidente Fox sigue en campaña y todos los días algo le responde a AMLO, como si fuera vocero de Calderón.

Las estrategias de campaña se hacen sobre la marcha, muchas veces no existe un plan premeditado en donde se tenga todo calculado, sino que las principales jugadas surgen de las ocurrencias y de las debilidades del contrario. Así fue esta campaña. Después de los millones de pesos que se han gastado en spots mediáticos, tenemos un escenario con alto grado de insatisfacción. Las dos principales opciones no despejan las dudas porque simplemente no lo pueden hacer. Las opiniones de un voto por "el menos malo" son nutridas; ni Calderón, ni AMLO garantizan la construcción de la siguiente fase de la democracia mexicana, la consolidación y el cambio de las reglas. López Obrador como jefe de Gobierno del Distrito Federal no se distinguió por ser un gobernante preocupado por la transparencia y la democracia. Felipe Calderón y los panistas tampoco tienen buenas credenciales democráticas después de lo que hicieron con el IFE, la Ley de Radio y Televisión y la jugarreta del desafuero.

El juego de la política real deja un escenario en donde la clase política se ha encargado de destruir el poco prestigio que tenía y, sobre todo, se han encargado de demostrarnos que en el juego no hay blancos y negros, sino una gama de grises, de mediocridades que no garantizan un escenario institucional ni siquiera medianamente optimista. Los arreglos mafiosos están en todas partes; la intolerancia, el oportunismo y las incapacidades campean por todos los colores. La elección entre Calderón y AMLO tendrá su acento entre seguir con la misma política económica o modificarla. Pero, cuando le quitamos el drama al discurso de campaña, nos quedamos con pequeños márgenes de maniobra que tendrá el próximo presidente. Ni "proyecto alternativo", ni una ciega continuidad.

Al final se pueden pedir dos cosas: para el 2 de julio, una amplia votación que genere un triunfo legítimo; y para el 3 de julio, valor cívico para que el perdedor reconozca su derrota; y generosidad del que ganó para ser incluyente. Lo demás, es lo de menos.

Investigador del CIESAS

 
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PERFIL
 
Profesor e investigador del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS). Ha escrito libros y numerosos artículos de investigación. También ha sido docente en universidades mexicanas y conferencista en diversas instituciones extranjeras, como la Sorbona de París, la UNESCO, la Universidad de California en San Diego y el Instituto Ortega y Gasset en Madrid.
 
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El empate 20-junio -2006
 
Polarización 13-junio -2006
 
La paradoja del debate 06-junio -2006
 
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México inconcluso 23-mayo -2006
 
 
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