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    Observadores extranjeros
Editorial de EL UNIVERSAL
24 de junio de 2006

Los comicios del próximo 2 de julio serán unos de los más vigilados y observados de nuestra historia, lo cual muestra que nuestro sistema político-electoral es capaz de transparentarse ante propios y extraños. Ya se encuentran en México, por ejemplo, los observadores extranjeros enviados por la Unión Europea, que estarán monitoreando el proceso en la cercana fecha. Ellos se suman a observadores enviados por las Naciones Unidas y por organismos no gubernamentales mexicanos, que estarán pendientes del desarrollo de la contienda sucesoria.

Antonio Reis, jefe adjunto de los visitantes europeos señaló que su delegación tiene la encomienda de fijar su atención en lo que suceda el 3 de julio, pues existe, a decir de él, la posibilidad latente de que los partidos recurran a mecanismos de calle o manifestaciones públicas, además de que les importa ver el grado de aceptación de los resultados por parte de los candidatos, lo cual debe suceder, asegura, "en un clima de tranquilidad, orden y respeto a la ley".

Por supuesto que todos esperamos que el 3 de julio las pasiones derivadas de las campañas tengan un cauce civilizado y democrático, y que no haya actos de provocación o violencia que enrarezcan el proceso postelectoral.

Todos deseamos, asimismo, que de haber alguna inconformidad, los actores políticos recurran a las instancias creadas ex profeso para dirimir cualquier contingencia que pudiera surgir sobre la marcha. Sobre ambos puntos hay total coincidencia con los visitantes.

Sin embargo, llama la atención que algunos observadores pongan énfasis en su labor de vigilancia sobre el día posterior a las votaciones, por sobre el desarrollo de lo que suceda la semana previa al 2 de julio, o por sobre lo que suceda el domingo mismo en que los mexicanos iremos a las urnas. En las palabras de Reis, por ejemplo, hay un dejo de desconfianza respecto de nuestro proceso electoral y de lo que los mexicanos viviremos el 3 de julio, como si ya diera por hecho algunos acontecimientos postelectorales el funcionario europeo.

Para nadie es un secreto el ríspido nivel de nuestras campañas electorales, sobre todo la de Presidente de la República. Tampoco lo es que las encuestas prevén un escenario de contienda muy cerrado. Podría, incluso, no surgir un ganador contundente la noche del 2 de julio. Aun así, hay consenso generalizado entre los actores políticos y la ciudadanía, de que no hay razones para que el país se incendie ni se vengan sobre la nación la ingobernabilidad y el caos.

La utilidad de la observación internacional ha de radicar, precisamente, en avalar el desarrollo de la jornada electoral, que durante décadas fue el talón de Aquiles de nuestra democracia. Hoy tenemos instituciones sólidas que habrán de resguardar nuestro proceso electoral.

Inquietaría pensar que quienes vienen a dicha tarea lo hacen en espera de encontrar violencia y conflicto. Mientras más limpia y desprejuiciada sea su labor, mejor y más útil será para México. No se valdría estar aquí sólo con la preconcebida idea de que los mexicanos no podremos sacar adelante nuestro proceso electoral.

 
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