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El 16 de junio era para la calificación de México a la siguiente ronda, el rival Angola, el país en vilo por el juego, el resultado un empate sin goles, la frustración, el silencio de los que se habían preparado para la fiesta. Ahora habrá que esperar al siguiente juego. Las explicaciones, las justificaciones, el caso es que la paradoja es amarga: un país tan futbolero, y más ahora que se ha convertido en un jugoso negocio global, tiene un nivel de juego muy bajo. La calificación de México quedó en el aire. La metáfora futbolera no podía ser más puntual para la realidad política que experimentamos, porque a 12 días de la elección hay un empate entre los dos punteros y nos acercamos a un resultado incierto. La fase final de la campaña es como una noche incierta, no se sabe quién va a ganar el 2 de julio, y esa incertidumbre abre un momento en donde los actores políticos intentarán dar su golpe final, sin importar los efectos negativos sobre un clima tenso y polarizado. De pronto parece que los partidos enloquecen y firman pactos en donde declaran que sí van a respetar las reglas y los resultados, cuando se supone que esa es una obligación y no una concesión. La guerra de los expedientes sucios sigue a toda velocidad; los golpes bajos se intensifican y la reproducción frenética de spots
no tiene fin. La frustración nacional es enorme, después de casi cinco mil millones de pesos gastados, una larga campaña, sumada a una etapa muy larga de varios años de luchas y cálculos en donde la clase política ha mantenido en suspenso los pactos y los acuerdos que necesita el país, ahora resulta que a unos cuantos días del final no hay todavía nada seguro para nadie. Las hipótesis siguen abiertas, en unas encuestas la ventaja es para Andrés Manuel López Obrador, en otras es para Felipe Calderón Hinojosa; de la misma forma, unos encuestadores indican que la final será entre tres candidatos, incluyen al priísta, y para otros la final será sólo entre los dos punteros. Hay varias novedades que se han dado en este proceso, con la aclaración de que casi todos los ingredientes ya los habíamos visto, pero no en este nivel de profundidad. Por ejemplo, la incertidumbre no se había experimentado de esta manera en un empate abierto; lo mismo sucede con la polarización entre proyectos, una tensión que ha trasminado los ánimos y ha dividido a la sociedad, lo cual no se resolverá el 2 de julio, sino que permanecerá como un ingrediente postelectoral. Otra novedad ha sido la oscilación en las preferencias, medida puntualmente por las encuestas, como consecuencia de un uso estratégico de la televisión, escenario que ya habíamos visto en el año 2000, pero no con la actual contundencia. Si las campañas se han convertido en mediáticas, la del 2006 ha sido de forma contundente una campaña de medios. A pesar de lo mediático, la clave del 2 de julio no estará en los medios, sino en las estrategias de movilización, en la capacidad de los partidos para poner en operación a sus estructuras territoriales y llevar a la gente a votar, esa es la apuesta final que hará el Partido Revolucionario Institucional, así confían que podrán ganar la elección, el problema es saber si este recurso les alcanzará para darle la vuelta a un marcador que los ha mantenido en el tercer lugar de forma permanente. De igual forma le pasa al PRD, sus redes y estructuras territoriales son la apuesta, sin embargo, la división del país nos muestra enormes áreas en donde la debilidad estructural del Sol Azteca le complica el panorama. Por el lado del panismo sucede algo parecido, pero inversamente proporcional, las zonas del centro y sur del país son, salvo algunos manchones urbanos, territorios azules débiles. Por eso, ambos punteros dependen de las franjas de priístas que pueden entrar al carril del voto útil y, ante la derrota de Roberto Madrazo, migrar hacia cualquiera de los punteros para ejercer su segunda opción de voto. Desafortunadamente, por estudios que se han hecho, esta posibilidad mantiene casi por partes iguales la preferencia, así que tampoco es una salida al empate. A 12 días de los comicios, la preocupación más notoria y amplia es la jornada del 2 de julio, sin embargo, una vez pasada la elección, lo más complicado será la etapa siguiente, pero, por las urgencias de la campaña, ninguno de los actores quiere definir una estrategia postelectoral. A 12 días se ven los siguientes escenarios: a) diversas voces han señalado que una de las claves más importantes, quizá la definitiva para transitar el 2 de julio de la incertidumbre a la certidumbre, será un resultado abierto que rompa el empate entre el primero y el segundo lugar, lo cual alejaría las posibilidades de un conflicto y, sobre todo, de un largo litigio jurisdiccional. b) En el caso contrario, de mantenerse un empate, lo cual puede ser numéricamente imposible, porque hasta con un voto se rompería, sin embargo políticamente representa un problema. La forma de salir de esta posibilidad es el reconocimiento de la derrota del que perdió, sobre todo del candidato que quede en segunda posición. Reconocer la derrota es la vía para pasar a otra etapa en condiciones de gobernabilidad democrática. c) No reconocer la derrota conduce a otros escenarios y posibilidades, como lo que sucedió recientemente en Costa Rica y en Italia, o incluso con Alemania meses atrás, en donde los empates llevan a un tiempo complicado de litigio que puede mantener el resultado en el aire durante varias semanas, por lo menos hasta la calificación que haga el Tribunal Electoral dos meses después del 2 de julio. d) El otro escenario sería el de la sorpresa, como sucedió hace años con Nicaragua, en donde las encuestas marcaban una tendencia y la elección generó un resultado no previsto. El espacio de las sorpresas puede ser amplio y tener diversas salidas que se pueden hilar por el supuesto de lo que no está en las expectativas actuales, como un triunfo del PRI, un triunfo amplio de alguno de los dos punteros, un cambio entre el segundo y el tercer lugar... A 12 días seguimos instalados en la incertidumbre del resultado, pero con un panorama cierto sobre las opciones: el voto es entre seguir con el modelo actual de políticas públicas o ir a una generalización de lo que se hizo en el Distrito Federal. Investigador del CIESAS
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