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Los deleznables y condenables ataques del 11 de septiembre de 2001 a las torres gemelas de Nueva York y al Pentágono en Washington han generado, entre sus secuelas, una amplia serie de violaciones a los derechos humanos, que incluyen a decenas de personas que han sido sometidas a ultrajes y torturas ante la pasividad de los gobiernos de muchos países del mundo, lo cual debería ser motivo de vergüenza para los habitantes del presente siglo XXI. Recientemente nos hemos enterado, gracias a la investigación que realizó una comisión europea independiente, que a lo largo de varios meses distintos países europeos tuvieron conocimiento y permitieron que aviones estadounidenses fletados por la siniestra Agencia Central de Inteligencia, conocida como CIA, por sus siglas en inglés, utilizaran sus aeropuertos para recargar combustible cuando transportaban sospechosos de haber participado en dichos ataques y los llevaban a países "amigos" de África y Asia, para que allí fueran torturados por las fuerzas locales ante la presencia permanente de agentes estadounidenses, y con eso salvar la imagen de que en Estados Unidos no se violan los derechos humanos. Se han dado el lujo incluso de secuestrar a ciudadanos árabes fundamentalmente en territorio europeo, como fue el caso de Italia, donde los agentes de la CIA ejecutaron directamente el secuestro y el traslado de dichas personas a uno de los países "amigos"; es decir, operaron como si se tratara de su propio territorio, sin el menor respeto a las legislaciones nacionales y a los tratados internacionales. No hubo y hasta ahora no ha habido protesta formal alguna por parte de ningún gobierno europeo por esta flagrante violación a los derechos humanos, lo cual es lamentable y, sobre todo, pone en la mesa de la discusión la debilidad de la Unión Europea ante el gobierno del señor George Bush. También han mantenido en oprobiosa situación a decenas de personas, inclusive a menores de edad, en la porción ocupada del territorio de Cuba, por cierto arrebatada hace años mediante el tradicional procedimiento estadounidense, que es la guerra. Cada día nos enteramos de más y más violaciones a las leyes nacionales e internacionales por parte del gobierno de Estados Unidos, que ahora han llegado hasta provocar el suicidio de tres de los detenidos que llevan años, al igual que sus compañeros, en lo que podríamos denominar su "campo de concentración" al mejor estilo nazi en la isla, Guantánamo. De la misma manera nos hemos enterado de la bestialidad con la que actuaron los miembros del ejército estadounidense en Haditha, donde masacraron a sangre fría a varias personas. Este hecho lo ocultaron desde el inicio y es hasta ahora, cuando la prensa lo ha aireado, que entonces sí dicen que van a realizar una investigación profunda. No es posible olvidar las infamantes fotos difundidas a nivel global de la prisión de Abu Gharib, donde a los prisioneros los trataban peor que si se enfrentaran a animales peligrosos, y los soldados del imperio se deleitaban y reían con sus hazañas, indignas para cualquier ciudadano del mundo. Y una vez más nos enteramos gracias a la prensa. Por lo visto, la política belicista del gobierno estadounidense no tendrá fin y continuarán con ella hasta que los ciudadanos del mundo se decidan a presionar a sus respectivos gobiernos para que actúen en esto que no puede seguir sucediendo. Incluso en el propio Estados Unidos son cada vez más los ciudadanos y organizaciones no gubernamentales que condenan este actuar de su gobierno. Pero no es suficiente, es necesaria una fuerte protesta internacional para que estas violaciones se detengan. Poco a poco los gobiernos que en un inicio se aliaron al imperio lo están dejando solo. La excepción es el gobierno de Anthony Blair, quien ya se olvidó de su pasado y de su llamada "tercera vía". Ahora está colocado en una sola vía, la del ferrocarril estadounidense. Pobre de Gran Bretaña teniendo el gobierno que tiene; esperemos que pronto pase ya al olvido y modifique la actitud de su gobierno ante estos hechos. ¿Cómo pretende la Unión Europea ser considerada dentro del concierto mundial, plegándose como lo está haciendo a las barbaridades que día a día están cometiendo el ejército y los agentes estadounidenses en diversas partes del mundo? Desde la caída del llamado sistema socialista, los estadounidenses se han creído los dueños del mundo y parece que no hay quien los pare. El mejor ejemplo lo tenemos con Rusia, donde el gobierno corrupto y autoritario del señor Vladimir Putin también se ha plegado a los designios del imperio. Por lo mismo, es muy preocupante la decisión adoptada por el gobierno de Estados Unidos de militarizar la frontera con México porque, entre otras cosas, ya sabemos cuál es la moral y forma de actuar de sus elementos, incluyendo la Guardia Nacional. Los mexicanos debemos y tenemos que estar muy atentos a las altamente probables violaciones a los derechos humanos que se van a cometer en contra de nuestros paisanos y los migrantes de los países hermanos del sur. Debemos entender que gracias a la política internacional seguida por el gobierno mexicano actual, por lo visto estamos solos en el concierto mundial de países ante actitudes como las antes comentadas, y si nosotros desde un inicio no protestamos, después será demasiado tarde. El próximo gobierno deberá ser muy enfático en esta defensa, aun a riesgo de confrontarnos con quienes se creen hoy por hoy dueños del mundo. Haciendo un símil con las premonitorias palabras del pastor protestante Martin Niemöeller en la época nazi podríamos decir que: "Vinieron por los árabes y nadie protestó; vinieron por los migrantes y nadie protestó; vinieron por nosotros y ya no había nadie". Basta ya de hacerse "ojo de hormiga" o aplicar la "política del avestruz" que han mostrado algunos de los gobiernos europeos. Los pueblos de estos países deben insistir ante sus gobiernos para que siempre y bajo cualquier circunstancia se respeten los derechos humanos de los sospechosos y se les someta desde el principio a juicio con todas las garantías. Es por el bien de la humanidad entera. Los belicistas deben entender que en el mundo global actual somos más los que estamos en contra de esta política. Y al final ganaremos la batalla. Analista político y economista
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