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    Bolsas y política
Eugenio Anguiano
14 de junio de 2006

La Bolsa Mexicana de Valores (BMV) registró una de sus mayores caídas al finalizar las operaciones bursátiles del viernes pasado. El Índice de Precios y Cotizaciones bajó 508.9 puntos, lo que equivale a una reducción de 2.79 %; pero si se compara el nivel del cierre del 9 de junio con el punto más alto del índice en lo que va del año, que fue de 21 mil 822.93 puntos, alcanzado el 9 de mayo, la pérdida bursátil es de 18.67% en pesos y de 22.3% en dólares.

Lo ocurrido está lejos de ser un desastre y lo más probable es que esta semana la bolsa recupere algunos puntos, ya que el declive fue abrupto y, como se dice en la jerga financiera, lo más seguro es que haya rebote. Es claro que con acciones en bajada hay condiciones para comprar barato, y en materia de bonos el diferencial entre tasas de interés de corto y largo plazo permite un margen de ganancia que los especuladores aprovecharán. Por lo menos mientras llega la decisión de la Reserva Federal de Estados Unidos, a fines de este mes, de subir las tasas de interés en ese país, lo que afectará negativamente -por lo menos en lo inmediato- la atracción que pueda ejercer el mercado mexicano entre los inversionistas locales y extranjeros.

Resulta paradójico que aparezca este bache justo cuando se sacaban conclusiones favorables de la actual administración, que se encuentra en su último año de operación, a partir de una comparación con lo ocurrido en los últimos años de los gobiernos de Ernesto Zedillo y de Carlos Salinas, en cuanto a que con Vicente Fox Quesada los mercados bursátiles tienen mayor estabilidad (ver la sección de Finanzas de EL UNIVERSAL del miércoles pasado). La lección que esa paradoja nos deja es, en primer lugar, que los análisis deben efectuarse cuando ya hayan transcurrido los plazos. Con el tropezón del viernes -día en que arrancó el Mundial de Futbol- las caídas de la BMV y del peso frente al dólar superaron las marcas negativas de 1994 y de 2000.

A reserva de aguardar a que concluya el año actual, a fin de examinar los resultados definitivos de los mercados bursátiles mexicanos y de las fluctuaciones de nuestra moneda, quiero subrayar dos cosas.

Una, que las recurrentes afirmaciones de que, gracias al mantenimiento de la disciplina fiscal y al equilibrio (relativo, adjetivo que no debe olvidarse) de las principales variables monetarias, hay menor volatilidad financiera, reflejan un fundamentalismo ideológico simplista y reñido con la realidad, porque al margen de lo conveniente que la disciplina de cualquier tipo es para un país, cuentan más la fuerza y la dinámica de su economía real, aquella que permite producir bienes y servicios y generar empleos. Y dos, que en el entorno global hay claras tendencias hacia por lo menos tres fenómenos: a pesar del casi imparable endeudamiento público y privado estadounidense, está terminándose la era del dinero barato; las presiones inflacionarias son cada vez más fuertes, y los mercados bursátiles mundiales están cruzando por una zona de turbulencia muy prolongada, que golpea primordialmente a las llamadas economías emergentes.

La volatilidad bursátil alimenta la especulación y demanda acciones de las autoridades financieras de las economías más poderosas, las que determinan la conducta de las bolsas de las secundarias, como es la nuestra. La disciplina fiscal deja de ser factor de compensación o por el que se amortigüe la inestabilidad en las operaciones de bonos y acciones, lo cual no significa que debamos abandonarla; no obstante, ésta no puede medirse en términos de un déficit fiscal que represente un mínimo como porcentaje del PIB o sea cero, sino en función del efecto impulsor que el gasto público tenga sobre la economía.

La idea de neutralizar el impacto económico del Estado es otro de los extremos fundamentalistas de los seguidores irracionales del liberalismo económico. Hace poco, en un desayuno en el Consejo Mexicano de Relaciones Exteriores, estuvo el ex presidente de Chile, Ricardo Lagos, quien a la pregunta de qué porcentaje del PIB fijaron en su gobierno como tope máximo de déficit público, respondió diciendo que sus economistas trataron de establecerlo de acuerdo con el crecimiento potencial de la economía chilena.

En lo que parecen estar de acuerdo los operadores y expertos financieros es que la lucha electoral en México no es el factor que disparó la caída de la BMV ni sus excesivas fluctuaciones, aunque podría adquirir ese carácter si el resultado electoral llevara a desórdenes. A pesar de la campaña del miedo que desató el candidato del PAN -el hombre de las supuestas manos limpias-, avalada por el gobierno, no parece que los inversionistas se hayan atemorizado por la "amenaza" de un candidato que propone gobernar para los pobres. Una economía sin pobres será siempre más atractiva para los capitales, que una con pocos muy ricos y 40% de la población sin capacidad de compra.

anguianoroch@prodigy.net.mx

Profesor investigador de El Colegio de México

 
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PERFIL
 
Estudió Economía en la UNAM y en universidades de Gran Bretaña. Fue embajador de México en América Latina, Europa y Asia donde representó a nuestro país dos veces en China. Ha sido profesor-investigador en la UNAM y otras instituciones de enseñanza superior tanto nacionales como extranjeras; desde julio de 1994 está asociado a El Colegio de México donde actualmente coordina el programa de estudios APEC. El Club de Periodistas de la Ciudad de México le otorgó en 1999 el primer premio de periodismo.
 
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