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    ¿Qué pretenden?
Jacqueline Peschard
13 de junio de 2006

Por fin, el día de hoy representantes de los cinco candidatos presidenciales deberán firmar el Acuerdo Democrático por el cual todos los partidos y coaliciones se comprometen a reconocer los resultados electorales que dicten el Instituto Federal Electoral y el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación.

Por extraño que parezca, es de celebrarse que se suscriba este pacto de civilidad porque existe un ambiente de fuerte tensión política que muy probablemente seguirá enrareciéndose en el curso de las próximas semanas por la ya muy visible ansiedad de los equipos de campaña, particularmente de los candidatos punteros.

Pero más extraño aún es que el PRD y el PRI hayan condicionado la firma del acuerdo a que se incorporaran tres reclamos adicionales: 1) que los ejecutivos de los distintos niveles de gobierno no interfieran en las campañas y que el Presidente no anuncie quién es el ganador, 2) que los partidos tengan espacios de interlocución el 3 de julio, y 3) que se someta a una nueva certificación al padrón electoral, al conteo rápido y al Programa de Resultados Preliminares (PREP) del IFE.

La intervención del Presidente en la contienda electoral a través de sus spots en medios fue frenada por la propia Suprema Corte y no lo imagino sino ratificando las resoluciones de la autoridad electoral. De otra parte, el padrón que se construye y actualiza con la supervisión permanente de los partidos políticos a través de las Comisiones de Vigilancia del IFE y que en cada elección federal es sometido a las auditorías solicitadas por los propios partidos, fue declarado válido y definitivo el pasado 15 de mayo por el Consejo General del IFE en el que están representados todos los partidos políticos. Además, dicha declaración no fue impugnada ante el Tribunal Electoral, por lo que es ya un acto de autoridad definitivo e inatacable.

Tanto el PREP como el conteo rápido que desarrolla el Instituto Electoral son instrumentos clave para que la noche de la elección se cuente con tendencias del voto oficiales, aun cuando éstas puedan ser demasiado estrechas como para declarar al ganador. El conteo rápido surge de los resultados oficiales de una muestra representativa de casillas y el PREP difunde ininterrumpidamente los resultados casilla por casilla, conforme se vaya concluyendo el recuento de los votos y sirve para transparentar el flujo de los resultados. Ambos procedimientos están sustentados en la estructura informática del IFE que es supervisada constantemente por una comisión de consejeros y partidos políticos y que es respaldada por un Comité Técnico de expertos en informática, estadística y probabilística. A estas alturas del proceso electoral, estos instrumentos para recabar resultados se encuentran ya en la fase de las pruebas piloto para afinar procedimientos, vale decir, ambos instrumentos se han venido desarrollando con apego a la ley y siempre bajo el escrutinio de los partidos políticos.

¿Qué pretenden, entonces, el Partido de la Revolución Democrática y el Revolucionario Institucional al pedir una auditoría al padrón fuera de los plazos legales y una revisión a los instrumentos que sirven para dar certeza a los ciudadanos el día de la jornada electoral? Su objetivo sólo puede ser invocar fantasmas del pasado para empañar la elección y generar confusión y dudas, es decir, para alimentar la desconfianza en las instituciones y fincar en ello una justificación para impugnar el resultado electoral, no por las vías legales establecidas, sino a través de reclamos genéricos, no documentados ni puntuales, pero avalados por la movilización masiva, o la protesta en las calles que pueden encender la mecha del conflicto político.

De nueva cuenta, la irresponsabilidad y la cortedad de miras de los partidos les impide calibrar el daño que sus demandas adicionales infringen a nuestras instituciones electorales al cubrirlas con el velo de la duda. Es por ello que, por absurda que sea la petición de los partidos, la autoridad debe echar mano de toda la prudencia de que es capaz y aceptar, no una auditoría al padrón que es inviable, pero sí una revisión más a sus procedimientos administrativos, tal como lo empezó a hacer con la selección de la muestra que se usará para el conteo rápido. A cambio, los partidos tendrían que reconocer públicamente la integridad técnica de los instrumentos del IFE para que la noche de la elección tengamos resultados preliminares.

Profesora de la FCPyS de la UNAM

 
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PERFIL
 
Doctora en Ciencias Sociales por el Colegio de Michoacán. Ex consejera electoral del Instituto Federal Electoral (IFE). Es profesora e investigadora de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y desempeñó idénticos papeles en el Colegio de México de 1992 a 1996. Es autora de La cultura política democrática (1994) y coautora de La voz de los votos: un análisis crítico de las elecciones de 1994 (1995), Representación política y democracia (1998), entre otros.
 
Editoriales anteriores
 
Un pacto de civilidad 30-mayo -2006
 
Palabra de mujer 16-mayo -2006
 
La polarización 02-mayo -2006
 
 
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