El Universal Editoriales
 
 Buscar en: 
 
 
   
    Polarización
Alberto Aziz Nassif
13 de junio de 2006

Sucedió lo que era previsible con el debate del pasado 6 de junio: se prolongó la polarización entre Calderón y López Obrador. Era muy difícil romper el empate, se necesitaba que alguno de los punteros resbalara e hiciera un ridículo notorio, pero con un formato tan protector, esa posibilidad estaba prácticamente descartada.

Sin embargo, el posdebate generó un nuevo pleito por el expediente Hildebrando. La maquinaria de la guerra sucia se ha tragado el debate, uno de los pocos momentos en donde se pudo ver la confrontación de propuestas quedó en el olvido, porque el posdebate se centró en el caso del cuñado de Felipe Calderón, Diego Zavala.

Estamos frente a una estrategia política de respuesta, se trata de devolver los golpes de la guerra sucia que el panismo ha sembrado contra Andrés Manuel López Obrador, una sopa de su propio chocolate. Aquí se aplica la sentencia de que el que pega al último, pega más duro, sin embargo es demasiado temprano para calcular que estos son los últimos golpes. El mismo empate posiblemente generará que en los próximos días veamos nuevos expedientes de esta guerra sucia que es ya un clima permanente del país. Hay un dato para tomar en cuenta: a pesar de que el recurso del escándalo ha sido usado hasta el cansancio, todavía tiene impacto, el morbo no tiene límites.

Uno de los pocos méritos del debate es que dejó establecida la clave de la elección de 2006: una disputa entre dos proyectos de país, que puede ser caracterizado desde diferentes ejes discursivos, izquierda versus derecha, eficiencia versus distribución, pasado versus futuro, privilegios versus derechos, liberalismo versus nacionalismo, etcétera. La polarización en la que se encuentra el país no se explica sólo por las estrategias de guerra sucia, sino que tiene vinculaciones más profundas, toca, como pocas veces ha sucedido en México, una decisión electoral importante para los próximos años; una decisión que afectará el futuro inmediato del país.

Tanto el empate como la polarización son dos problemas complicados y difíciles de resolver. Cuando alguien plantea los mínimos que necesita México para los próximos años, por ejemplo estabilidad y una mejor distribución del ingreso, parece que ninguno de los punteros puede ofrecer las dos partes, porque los acentos de cada uno de los candidatos sólo atienden una parte de esa pareja. Cuando se piensa que sería deseable tener un país con menor desigualdad y al mismo tiempo una mejor construcción institucional, sucede lo mismo, ninguno de los dos punteros garantiza ambos requerimientos. Por supuesto que sería deseable tener una gobernabilidad democrática que pudiera sentar nuevas bases para una consolidación, sin embargo, resulta muy pobre la oferta de los punteros, porque para AMLO la óptica es la jerarquía social y los acuerdos sectoriales al estilo corporativo. Un candidato que se presenta como de izquierda, pero opera al viejo estilo priísta, no garantiza una modernidad política. Por su parte, Calderón presenta un estilo gerencial y confunde conceptos tan importantes como gobierno de coalición y gobierno de unidad nacional, dos cosas completamente diferentes, se nota que los panistas que rodean al candidato sólo saben de mercadotecnia. Ni Calderón ni AMLO tienen claro qué cosa es la gobernabilidad.

Algo similar sucede con la seguridad, Calderón muestra una faceta con aires autoritarios, repetir lo de la ley y el estado de derecho, junto con la frase de "mano firme", nos recuerda los años del diazordacismo. Si a cada problema social se va a responder como se hizo hace unas semanas en Atenco, sería terrible. Por otra parte, si para AMLO la seguridad se resuelve con el combate a la pobreza, más negociación y más intervención del Ejército, entonces no se ha entendido la dimensión de un problema complejo, sobre el cual hay investigación y especialistas que no han sido consultados.

Con el tema de la reforma del Estado, también resulta insatisfactorio el resultado del debate, y al mismo tiempo tenemos dos partes necesarias, por un lado el Estado de bienestar del que habla AMLO, y por otra una democracia que funcione, como lo plantea Calderón. En este tema, Patricia Mercado lo ubicó de forma interesante, la reforma se trata de nuevas reglas, normas y relaciones. Madrazo resulta poco creíble porque fueron él y su partido los que han bloqueado las reformas políticas, desde la reelección legislativa, hasta la reforma electoral.

En suma, ¿se trata de dos proyectos de país o simplemente de dos estilos, dos acentos, que llevan a una jerarquía de políticas públicas distinta? Es posible que se trate de dos proyectos políticos. Lo cierto es que estamos ante dos incertidumbres, la que representa AMLO de un regreso o una restauración de un pasado, como dicen sus adversario, o la de Calderón, que con su excesivo conservadurismo agrave el clima social con una política de mano dura, como una salida fácil para un país agraviado por la gran desigualdad social que padecemos. Lo que la polarización nos expresa es que ninguno de los dos punteros le garantiza a la otra parte una inclusión satisfactoria.

Hay que hacer un esfuerzo por desdramatizar el clima político y ver los márgenes de acción que podría tener cada uno: lo más probable es que tengamos un gobierno dividido, con lo cual las reformas y la relación con el congreso presagian desde lentitud hasta parálisis.

El modelo económico global posibilita escasos márgenes de maniobra, a menos que nos salgamos a la Chávez, que puede ser muy impugnador del imperialismo, mientras le vende a Estados Unidos la mayor parte de su petróleo. Ante estos límites sería realista acotar las incertidumbres: AMLO tendrá su espacio de maniobra para la política social gracias al ahorro de la burocracia, y Calderón será una continuación del esquema foxista. ¿Consolidar la ruta actual o modificarla? ¿Estabilidad o redistribución?

La encuesta de EL UNIVERSAL (12/VI/2006) muestra la fotografía del día: 37 % para Calderón, 34% para AMLO, 22% para Madrazo y 6% para Mercado; la diferencia entre los punteros está dentro del margen de error, el empate se mantiene. Por lo pronto, llegó el Mundial de futbol para oxigenar el espacio público y contrarrestar la polarización.

Investigador del CIESAS

 
BÚSQUEDA
Autor:  
 

PERFIL
 
Profesor e investigador del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS). Ha escrito libros y numerosos artículos de investigación. También ha sido docente en universidades mexicanas y conferencista en diversas instituciones extranjeras, como la Sorbona de París, la UNESCO, la Universidad de California en San Diego y el Instituto Ortega y Gasset en Madrid.
 
Editoriales anteriores
 
La paradoja del debate 06-junio -2006
 
¿Vamos de regreso? 30-mayo -2006
 
México inconcluso 23-mayo -2006
 
Brutalidad estatal 16-mayo -2006
 
Clientelismo electoral 09-mayo -2006
 
 
- A   A   A +
El UNIVERSAL | Directorio | Contáctanos | Código de Ética | Avisos Legales | Mapa de sitio
© 2006 Copyright El Universal Online México, S.A. de C.V.