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La reaparición del ex presidente Ernesto Zedillo en la ciudad de México, no hace sino confirmar la profecía que hace años también hizo el ex presidente López Portillo, quien manifestó que de seguir la política por el camino de las simulaciones, nos convertiríamos en un país de cínicos. Por ello, la presencia de Zedillo en la Expo Management constituye la más flagrante muestra de cinismo, no sólo porque el autor del fraude Fobaproa-IPAB, al término de su mandato, se fugó del territorio nacional para acogerse a la hospitalidad de las empresas estadounidenses que benefició con las privatizaciones (entre otras con la red ferroviaria del noreste, que al final de cuentas quedó en manos de Kansas City Railway), sino porque su conferencia versó nada menos que sobre la importancia que para el desarrollo del país tiene la estricta observancia del estado de derecho. En el capítulo de la defensa del estado de derecho de su exposición, Zedillo afirmó: "...es evidente que la región (América Latina) necesita reformas políticas y económicas y no podemos ponernos de acuerdo en éstas, pero debemos empezar con algo: el estado de derecho". Bien sabe el ex presidente que cuando convirtió el Fondo Bancario de Protección al Ahorro (Fobaproa) en el fideicomiso del Instituto para la Protección al Ahorro Bancario (IPAB), lo que hizo fue violentar el estado de derecho al convertir en deuda pública un fideicomiso que, mal diseñado y peor operado, no podía trasladarse a empréstito nacional, sin haber sido previamente aprobado en el Presupuesto de Egresos por la Cámara de Diputados. Zedillo, con la complicidad del PAN (entonces dirigido por Felipe Calderón), a posteriori convalidó el atentado financiero a la nación mediante la aprobación del IPAB que recogió, convertido en deuda pública, todo el lodazal de créditos supuestamente irrecuperables de toda clase de alimañas que, encubiertas como banqueros, sanearon sus instituciones para vendérselas a piratas transnacionales que operan con franquicias de bancos internacionales. Bien sabe Zedillo que por su necedad y la protección de sus intereses y vínculos con el extranjero, no aceptó que la crisis de los pequeños deudores, que no podían pagar a los bancos por las excesivas tasas de interés, se hubiera resuelto como proponían los barzonistas para que el diferencial de la tasa acordada originalmente y la que querían cobrar los bancos fuese distribuida para su pago entre el gobierno, que había generado la inflación de los intereses, y los propios bancos, que tenían márgenes de intermediación leoninos. El ex presidente exiliado urdió el Fobaproa para esconder entre los pequeños deudores de modestos montos de hipotecas, a los grandes defraudadores que habían quebrado a los bancos. La trama era burlar la ley para después, con poca inversión de mordidas para los diputados, convertir en deuda nacional el saqueo por más de 100 mil millones de dólares. No le importó a Zedillo que cientos de miles de pequeños deudores perdieran sus viviendas en proceso de pago. Las garantías pasarían a manos del IPAB para su posterior remate. Tampoco reparó en que otras importantes garantías de grandes predios y conjuntos habitacionales en obra negra pasaran también al IPAB para después ser subastadas a favor de quien la Presidencia de la República ordenara al instituto. Al fin y al cabo, los bancos ya habían recibido los pagarés con cargo al gobierno para cobrar con intereses los créditos que decían eran irrecuperables. Así se ha ido consumando un triple fraude contra el pueblo. El primero, un fraude a la Constitución y a la Ley Bancaria. El segundo, al trasladar a deuda pública supuestos quebrantos bancarios para sanear estas instituciones, lograr que sus dueños las coloquen como sucursales de bancos extranjeros y enriquecerlos sin el molesto pago de impuestos a través de la Bolsa. Y el tercero, que hasta la fecha sigue produciendo ricos sexenales a dar y prestar como los Bribiesca Sahagún, los Cosme Mares, y hasta los edificios del PAN que han salido de los activos subvaluados del IPAB. Si Zedillo va a argumentar, como ahora lo hacen Mario Beauregard, secretario del IPAB, o Felipe Calderón, que "el rescate bancario" era la única salida para salvar a los ahorradores, lo único que podemos concluir que también completa el trío de cínicos, porque bien sabe que esto nunca hubiera ocurrido de haber seguido la propuesta de El Barzón, sin dar lugar a recoger autopréstamos de los banqueros; ni, mucho menos, se hubiera extranjerizado el sistema bancario nacional como hoy ocurre. Sea usted malvenido a México, señor Zedillo. Diputado federal (Convergencia)
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