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Conforme se acerca el final del proceso electoral, empiezan a manifestarse con fuerza las decisiones estratégicas que se tomaron, en algunos casos, hace varios años. En el caso de AMLO, podrían constituir decisiones que definirán las razones de su derrota en los próximos comicios. ¿Cuáles fueron esas decisiones añejas que hoy inciden en los resultados electorales? López Obrador se define por las determinaciones que tomó siendo jefe de Gobierno. La primera fue la decisión de liquidar políticamente a todo lo que oliera a cardenismo. Así emprendió, a través de la Contraloría del gobierno capitalino, una "guerra cristera" contra los cardenistas. Imaginó que estaban en su contra; logró, con esa guerra, que así fuera. Partió de la idea de que, para ser candidato presidencial, tenía que destruir a Cuauhtémoc Cárdenas y su entorno. Dedicó largos años a desmantelar al cardenismo y, de pasada, a los remanentes del pensamiento socialista dentro del PRD. Para ello, utilizó eficazmente a una corriente "socialista y de izquierda": René Bejarano y sus secuaces. Claro, cuando leo la fantasía teórica "socialista" de Guillermo Almeyra para explicar la "inevitabilidad" de la elección de Estado junto con la inevitabilidad de la victoria de López Obrador, recuerdo que en su tiempo Marx pronosticó la "inevitable victoria" del socialismo para toda la humanidad. La "inevitabilidad histórica" es una fantasía religiosa, no una afirmación científica, mucho menos política. Pero para construir esa fantasía es necesario tener proponentes feroces. López Obrador ha sabido utilizar a fragmentos de las izquierdas para su propósito esencial: reconstruir las bases de la dominación corporativa sobre la sociedad mexicana por parte de una nueva (¿vieja?) camada de dirigentes políticos. Las "izquierdas" de Pablo Gómez, Guillermo Almeyra, Jesús Ortega, Mario Saucedo y René Arce van a terminar como la "izquierda" de René Bejarano y Carlos Ímaz: utilizados y descartados, como el kleenex. No serán ellos parte del imaginario gobierno de López Obrador, sino en todo caso protectores del corporativismo de nueva estirpe que crearía. Otras decisiones importantes emanadas del gobierno lopezobradorista tienen que ver con la falta de transparencia. Nunca se sabrá cuánto costaron los segundos pisos o las obras públicas del GDF. ¿Por qué? Por la misma razón que AMLO no da a conocer su declaración patrimonial. La opacidad es un mundo en sí mismo, y permite licencias que el mundo transparente no. La opacidad permite tener un discurso que no es necesariamente apoyado por la realidad. ¿Es posible fingir estrechez cuando en realidad existe una fortuna detrás? ¿Quién cuestiona los principios cuando la realidad es invisible? Pero la opacidad también parte del supuesto de que nadie nunca hará la pregunta obligada. ¿Qué tan real es todo lo que se dice? Imaginan que la gente es tonta. Como dice Abraham Lincoln: puedes engañar a parte de la gente todo el tiempo, o puedes engañar a toda la gente parte del tiempo, pero no puedes engañar a toda la gente todo el tiempo. La falta de transparencia es una forma de vivir. Es, por ejemplo, no contestar las preguntas de cultura general de Víctor Trujillo para guardar el secreto. ¿Cuál secreto? El secreto de que el candidato es elemental y un poquito ignorante, aunque muy astuto. La otra decisión que tomó AMLO fue la reconfiguración de su partido, para convertirlo en apéndice de él. A diferencia de Cárdenas, que dejó "ir" al partido, López Obrador lo controla, decide todo lo que acontece adentro y lo ve, al mismo tiempo, con profundo desprecio. Estas tres decisiones -liquidación del cardenismo y otros opositores, la falta de transparencia y la subordinación del partido a la persona- hoy están construyendo el escenario de la derrota del PRD en las elecciones presidenciales, no la inevitabilidad histórica a que hace referencia Almeyra. Al liquidar el cardenismo, López Obrador despreció el referente moral de la política y se hizo vulnerable ante la crítica, no fuerte, como equivocadamente suponía. Al promover la falta de transparencia en todo, creó, en la sociedad, una atmósfera de poca confianza en cuanto a sus intenciones y dudas serias y fundadas con relación a su "verdadera" personalidad. Por último, al subordinar el partido a su persona, gestó un ambiente de desconfianza interna hacia él y de rechazo al caudillismo corriente que impone. Con sus decisiones, perdió lo que más quería: el poder. ricardopascoe@hotmail.com Analista político
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