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    La política retrocede
Jorge Eugenio Ortiz Gallegos
31 de mayo de 2006

El presidente José López Portillo, asesorado por su secretario de Gobernación, Jesús Reyes Heroles, hacia 1984 decidió romper el monopolio del partido oficial que escogía a lo largo de toda la República, alcaldes, gobernadores, diputados y senadores. Ningún otro partido tenía la opción de entrar a los puestos de elección, por lo que se estableció la ficción de que algunos cuantos líderes de la oposición participasen en el proceso de la campaña, en la que se creó un segundo tipo de elección popular llamado de "partido".

El partido oficial había monopolizado las elecciones desde 1929, y desde entonces funcionaron para mal de México dos características que nos han arruinado a lo largo de los años. Primera, los candidatos oficiales fueron elegidos por grupos mafiosos y por el presidente de la República, que actuó siempre como el emperador de México. Y segunda, para ese proceso de acercamiento hacia los altos puestos no había remedio más eficaz que la perversión de vaciar las cajas públicas de los gobiernos, para que los pretensos elegibles costeen sus campañas.

Hacia el año de 1982 cuando participaron en las elecciones muchos partidos desconocidos o mejor dicho que estaban escondidos en las catacumbas, en las que se les perseguía violentamente. Así gozaron del desafuero unos cuantos líderes de los partidos de la oposición, como el partido de los sinarquistas y el partido fundado por Lombardo Toledano. Ya para entonces el Partido Acción Nacional, fundado en 1939, se mantuvo hasta 1987 como una organización ejemplar, que sostenía sus principios de doctrina y en ellos se basaba su lucha por la honradez pública y el desarrollo nacional.

Después de casi un cuarto de siglo, en donde tuvieron lugar una gran cantidad de hechos positivos y negativos, podemos preguntarnos en dónde está el avance de la nacionalidad mexicana, pendiente a seguir las corrientes que en el mundo tratan de desarrollarse en la perfección de la comunidades y de la realidad social, junto con el desarrollo de la economía y el entendimiento, de los instrumentos de trabajo, de la ciencia y de la cultura.

Pongamos un ejemplo: cualquiera de los varios dirigentes que hasta 1987 sustituyeron a Gómez Morín, fundador del PAN, destacó por su capacidad y entrega a la comunidad. Eran hombres que voluntariamente y sin dinero se entregaban a la tarea de convencer al pueblo de que la democracia debería ser el respeto a la voluntad ciudadana, a partir de que el gobierno constituido decretaba leyes que favorecieran la honradez y el proceso de perfección de las sociedades. A partir de la última renovación del Consejo Nacional, el PAN ha dejado de valer por su nombre original, y se ha convertido en un Yunque neo-PAN, que hoy persigue solamente los bienes materiales del desarrollo. Suman cientos los casos que hoy se dedican a conseguir a través de los presupuestos públicos, riquezas que les favorecen por sus relaciones con los hombres del poder, mientras el pueblo de México subsiste como uno de los pobres más miserables del mundo.

La fundación de Acción Nacional iniciada por Manuel Gómez Morín, exitoso economista, uno de los genios sociales, creador del Banco de México y de muchas leyes que son todavía norma del país, se convenció de que México sólo podría avanzar si se formasen a las juventudes en el seno de familias que tuviesen el sentido del respeto a la comunidad en la que nacieron. A lo largo de la historia del mundo los desasosiegos, guerras, disputas violentas sólo han podido ser amainadas cuando se cobra conciencia de que hay que enseñar a los niños a buscar el progreso de las sociedades y alcanzar por fin la perfección que les alimentará durante los años de su vida para ser dignos de entrar en la gloria del Creador.

jodeortiz@netra.net

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PERFIL
 
Escritor. Se tituló en Filosofía por la Universidad Católica de Washington. Se ha dedicado a las letras, aparte de cumplir con la actividad empresarial en la que fue, durante 25 años, director de negocios industriales, comerciales, bancarios, de construcción y de pesca. En 1985 renunció a la responsabilidad de los negocios. Ha escrito varios libros de poesía, ensayo, una novela y una obra de teatro. Su trayectoria es tan diversa que, además, ha sido periodista, político y profesor universitario.
 
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