|
El domingo 21 de mayo, más de 55% de los montenegrinos votó "sí" en el referéndum que les preguntaba si querían separarse de la precaria unión que su pequeño país formaba con Serbia. Montenegro tiene tantos habitantes como la ciudad de Aguascalientes, dispersos en los 13 mil kilómetros cuadrados de un hermoso territorio montañés y marítimo. La "Montaña Negra", "Chiornaya Gora", tiene una larguísima historia de guerras y guerrillas, casi siempre victoriosas llevadas a cabo por unos alteños indomables. Esos eslavos, cristianos ortodoxos, mantuvieron su independencia a lo largo de los siglos. Fueron los únicos que no fueron nunca subyugados por los turcos, hazaña que ni los albaneses lograron, después de la muerte de su invicto campeón Skander Beg. Su historia ofrece al politólogo una institución original: entre 1697 y 1851 esos montañeses fueron gobernados por obispos elegidos por asambleas populares. Ofrece además una larga tradición de amistad con Rusia: Montenegro participó en los siglos XVIII y XIX en las guerras libradas por los zares tanto contra los turcos como contra Napoleón; es más: en 1904, cuando Rusia se embarcó en una desastrosa guerra contra Japón, el minúsculo Montenegro declaró la guerra al imperio del Sol Naciente. Hoy en día la primera reacción de Moscú a la secesión montenegrina ha sido negativa: la prensa rusa acusa el presidente Dzhukanovich de ser un mafioso y un narcotraficante, pero se le olvida decir que empezó su carrera política de hombre fuerte de Montenegro, como buen comunista y aliado del difunto Milosevic... En 1914 la pequeña monarquía montenegrina era un Estado independiente muy digno, reconocido por toda la comunidad internacional. Acababa de participar en las guerras balcánicas contra Turquía y Bulgaria, al lado de Serbia y Grecia y había extendido su territorio. La Primera Guerra Mundial la metió a su trágico baile, del lado de Serbia, Francia, Inglaterra, Estados Unidos pero, a la hora de la victoria, el primo serbio no resistió a la tentación de anexar a Montenegro en su nuevo reino de los serbios, croatas y eslovenos: Yugoslavia. Los montañeses se levantaron, fueron aplastados, los aliados, después de dudarlo, reconocieron en 1922 la anexión. En la Segunda Guerra Mundial, los montenegrinos tomaron las armas en una feroz guerra de guerrillas contra el invasor italiano, luego contra el alemán y participaron en la guerra civil entre comunistas y nacionalistas. Tito encontró entre ellos a sus mejores soldados y más fieles colaboradores, lo que le valió a Montenegro ser una de las repúblicas autónomas de la federación yugoslava. En el desastre iniciado en 1991 por Milosevic, el verdadero destructor de Yugoslavia, los montenegrinos no tuvieron parte; estrechamente unidos a Serbia, no comulgaban con el proyecto de Gran Serbia y mucho menos con la "limpieza étnica" desatada contra los kosovares vecinos y amigos: Montenegro recibió a muchos refugiados que huían de Kosovo antes de la intervención de la OTAN; por cierto en Montenegro hay una minoría kosovar y albanesa que representa 15% de la población. De la difunta Yugoslavia quedaba sólo la unión bastante laxa de Serbia y Montenegro, unión amenazada por una fuerte corriente independentista en Montenegro. No triunfó antes porque la comunidad europea presionaba de mil maneras a los montenegrinos para que no escogieran la independencia. La gota que derramó el vaso y precipitó la decisión de hacer secesión, fue el portazo que la Unión Europea le dio a Serbia el 3 de mayo pasado, dado que Belgrado no había podido, no había querido arrestar a los criminales de guerra serbios, general Mladich y ex presidente Karadzhich. Con eso se agotó la paciencia de los montenegrinos que esperaban entrar pronto, con Serbia, en la Unión Europea. De cierta manera, 15% de indecisos que vino a engrosar 41% de independentistas, tuvo una reacción de "sálvese quien pueda, esos serbios están perdidos y no queremos hundirnos con ellos". Todo el mundo, adentro y afuera, reconoció en seguida unos resultados que bien podrían tener grandes consecuencias geopolíticas en Europa y en el espacio antiguamente soviético. Inmediatamente los nacionalistas vascos y catalanes manifestaron su alegría, diciendo que hay que seguir el modelo montenegrino: el referéndum sobre la independencia. Bien puede Javier Solana, ministro de relaciones de la Unión Europea, afirmar en seguida que "toda comparación con España raya en el delirium tremens y que "no hay ningún parecido entre el caso de Montenegro y la república de Serbia en ningún país que ahora forma parte de la Unión Europea, incluido España", los nacionalistas lo entienden de otra manera: para ellos la consulta montenegrina se convierte en una referencia: "La Unión Europea ha hecho posible que en un pequeño país europeo se hayan fijado unas reglas de juego que le han permitido votar su autodeterminación". A buen entendedor, pocas palabras... Tanto el gobierno catalán como el vasco se felicitan de que "hoy en día, en Europa se puede decidir democráticamente el futuro político de un país y solucionar un problema político de origen histórico". Al tiempo, pues. Pero el voto montenegrino podría también afectar al futuro de Kosovo, ese territorio poblado en 90% por albaneses musulmanes y que sigue nominalmente siendo una parte del Estado serbio. Bien puede el secretario de la OTAN negar que existiera algún paralelismo entre el referéndum de Montenegro y las conversaciones para establecer un estatuto de autonomía en Kosovo, va a ser difícil cerrar el paso al recurso del referéndum. Tan es así que desde que se empezó a hablar, hace tiempo, de un posible referéndum en Montenegro, Moscú advirtió que eso crearía un precedente digno de aplicarse a tres territorios de la antigua URSS, a saber, Transnistría, que se independizó de Moldavia manu militari, con la ayuda de las tropas rusas, de la misma manera que Abjasia y Osetia meridional se independizaron de Georgia. En esos tres territorios, el ejército ruso está presente. ¡Qué perspectivas! jean.meyer@cide.eduProfesor, investigador del CIDE
|