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C omo era de esperarse, el viaje del presidente Fox a Estados Unidos arrojó resultados contraproducentes. En el tema migratorio lo único que consiguió fue exacerbar la posición de los racistas y antiinmigrantes (Minuteman), sin provocar la mínima incidencia positiva en la Cámara de Senadores, que aprobó el proyecto migratorio exactamente tal cual se había propuesto en comisiones y sin tocar, en lo más mínimo, el programa Bush de militarizar la frontera a partir del 1 de junio. En el capítulo comercial fue inocuo. Ninguna nueva inversión o plan de compra para productos mexicanos se trajo en la bolsa. Pero en lo que más destacó fue en volver a armar en México toda clase de inconformidades por sus siempre disparatadas ocurrencias sobre asuntos del país en sus declaraciones en suelo extranjero. Al margen de su obsesión por tratar de ser el más importante apologista de su obra sexenal (con lo que se evidencia que tiene una necesidad patológica de reconocimiento o de plano ya es prueba de una manía incontrolable de autoelogio), el efecto resulta un ingrediente explosivo en épocas electorales que lo convierte en una amenaza del proceso democrático en puerta. Lo que sin embargo resulta peor es la manifiesta contradicción en la que incurrió con su repetitiva censura al populismo (tratando con ello de criticar a AMLO) y a la vez se solaza en ser el más fiel, prácticamente, de tales inclinaciones. La mención -sin venir a cuento- del tema del Seguro Popular en una de sus declaraciones en Seattle, cuando se autocontestó que no podía "detener el avance de dicho seguro tan sólo porque se están celebrando elecciones en México", y haberse valido de un supuesto reclamo de un inmigrante mexicano que le espetó que tenía miedo de enfermarse en México por el alto costo de la atención médica en nuestro país, constituye ya la más radical tendencia monotemática que evidentemente esconde una frustración no digerida. Es lamentable que el Presidente se aferre a autoelogiar un imaginario Seguro Popular que evidentemente no lo es, en tanto no tiene cuadratura ni constitucional ni funcional. Ello porque no se conforma jurídicamente como un seguro en términos técnico-financieros y de responsabilidades recíprocas, para el prestador del servicio y el asegurado (sería el único seguro en el mundo en el que el asegurado no tiene vía legal para reclamar sus derechos), ni tampoco tiene otra operatividad que no sea la labor de la asistencia pública que, en términos del artículo cuarto constitucional, presta la Secretaría de Salud exclusivamente en las coberturas de lugar, población y especialidad que el presupuesto y la infraestructura de dicha entidad permita. El cobro de una supuesta prima o cuota de recuperación que siempre ha habido en los servicios de salud pública (a veces cobrada con donación de sangre o sin costo, según sea el caso) se adereza con la entrega de una credencial que sirve para nada cuando, como en gran cantidad de casos, en los hospitales civiles no hay capacidad de atención. Hasta aquí Fox es simplemente un provocador que ofende la mínima inteligencia cuando, mediante la repetición al cansancio, quiere que su propaganda se convierta en verdad y en realidad. Pero ello alcanza límites de desquiciamiento cuando dice que porque en la Ley de Salud quedó transcrita la expresión: "Sistema de Protección Social en Salud" (con el contenido de los servicios básicos tradicionales a la población no inscrita como derechohabiente del Seguro Social o del ISSSTE) ya por eso nació un "Seguro Popular" que, para colmo, según sus continuos elogios al mismo, quedó blindado financieramente hasta el 2010 cuando bien sabe Fox que en México los presupuestos públicos son anualmente aprobados por la Cámara de Diputados y, en las crisis, se reduce el gasto social inmediatamente si está en la Presidencia un titular de línea neoliberal. Con todo el respeto que nos merecen los mismos profesionales, Fox resulta un remedo de ellos en cuanto al esfuerzo de crear una realidad mediante efectos visuales y, en el caso del Presidente, hasta con ayuda de su incontinencia verbal. La tregua que firmó en el IFE y ratificó en una aparición nacional en televisión, radio y prensa ha quedado como otra más de las promesas foxistas que hace con su compulsión por trabajar para el candidato que le proteja las espaldas; no duda en hacer el ridículo y en no reparar en el daño causado a México atizando la hoguera de la contienda electoral. Diputado federal (Convergencia)
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