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De un acuerdo migratorio integral ("la enchilada completa") hemos pasado a la militarización de la frontera y a la construcción del muro fronterizo. Es el fracaso del -tantas veces explotado- acuerdo migratorio del presidente Vicente Fox. El tema migratorio no se debió haber manejado con oportunismo electoral, sino como una política de Estado. Cuando al principio del gobierno actual se promovió la idea de que podría haber un acuerdo migratorio con Estados Unidos, algunos consideraron que la iniciativa no era viable, y que insistir en ella concentraría la relación bilateral en un solo punto, con los riesgos consecuentes. En junio de 2001 el tema era discutible, pero tenía sentido insistir en él; al menos contaba con el respaldo de especialistas que conocen a fondo el problema. Sin embargo, a partir de los ataques terroristas del 11 de septiembre de ese año y de la lentitud con la que reaccionó nuestro gobierno, la relación bilateral cambió. Desde ese momento ya sabía el gobierno mexicano que no había posibilidad alguna de llegar a un acuerdo. Pero el Presidente no pareció darse cuenta del cambio. O para decirlo con mayor claridad, simuló que todo seguía igual. Desde entonces no ha desaprovechado ninguna oportunidad para asociarse a la idea y convertirla en un útil instrumento electoral: le ha permitido quedar bien con los mexicanos de ambos lados de la frontera. En sus cálculos electorales, el tema migratorio ha sido un pilar fundamental. Ahora, el pilar se ha quebrado y el Presidente no encuentra otra respuesta que la de seguir simulando. Ha llegado al extremo de declarar que la Guardia Nacional estadounidense no actuará contra los migrantes mexicanos. El Presidente sabía, desde hace mucho, que la política migratoria de Estados Unidos no iba a quedar sujeta a un acuerdo bilateral. Sería el Congreso estadounidense quien la decidiría. Estaría por tanto sujeta a los vaivenes de la política de ese país. Por algún momento surgió la posibilidad de que del Congreso saliera una reforma que enfrentara el problema con seriedad. La iniciativa de los senadores Kennedy y McCain representó esa posibilidad. Pero el tiempo corrió y las circunstancias electorales se han hecho cada vez más presentes. Hace unas semanas se pudo haber logrado algún avance, pero no ocurrió. Mientras tanto, nuestros paisanos se movilizaron con un vigor extraordinario. Al grado de que sus manifestaciones han llegado a compararse con las que llevaron a cabo los negros para defender sus derechos civiles décadas atrás. La presión de todas las fuerzas y su propio interés electoral, llevaron al presidente Bush a definir una posición que no ha complacido a nadie y que vendrá a deteriorar la relación bilateral. Lo concreto es que habrá presencia de la Guardia Nacional y que se han dispuesto fondos para construir el muro fronterizo. Entre analistas informados se habla de la construcción de barreras para automovilistas. Sin que haya cambiado la realidad del mercado laboral, los controles se vuelven más férreos. No se detendrá la migración, pero sí aumentarán los sufrimientos para los mexicanos que tendrán que pagar más a los polleros, buscar pasos cada vez más peligrosos y encontrar soldados o policías cada vez más duros. La parte buena: el empleo temporal y la legalización quedarán sujetos a la aprobación del Senado y, eventualmente, de los diputados de la Cámara de Representantes. Todo indica que esos capítulos no se aprobarán. Los republicanos más conservadores quieren un mayor número de guardias. Los demócratas no están dispuestos a darle al presidente un triunfo a unos meses de las elecciones. Del acuerdo integral se pasó a la militarización de la frontera. En vez de "la enchilada completa", nos enviarán a la Guardia Nacional. Es la derrota completa de una iniciativa con la que Vicente Fox ha especulado. Ahora querrá ganar tiempo, antes de que los ciudadanos se den cuenta y le retiren votos que le son indispensables. Por ahora, trata de convencer a la opinión pública de que la Guardia Nacional no estará ahí para frenar a los mexicanos. A él no. A los millones de mexicanos que no encontraron los empleos que él les prometió, sí. Diputado federal (PRD)
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